TLP, el amor y la identidad simbiótica

Simbiosis TLP
Liv Ullmann y Bibi Andersson

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En Persona (Ingmar Bergman, 1966), Elisabeth (Liv Ullmann) es una célebre actriz teatral hospitalizada tras haber perdido la voz durante una función. Alma (Bibi Andersson), será la enfermera encargada de cuidarla en su retiro. Una escucha y la otra habla. Entre ambas mujeres se va creando una simbiosis cada vez más intensa e inquietante.

Utilizamos el término identidad simbiótica para referir aquellos procesos de disolución, fragmentación y absorción de rasgos identitarios del otro que acostumbramos a ver en aquellas personas con un rasgo límite o diagnosticadas con TLP.

Algunas de las dificultades que confronta la persona con un trastorno límite de personalidad (TLP) o con un rasgo límite acentuado se relacionan con la fragilidad identitaria. En otras palabras, con la escasa consistencia e integración de su identidad. En consulta, las manifestaciones más comunes se relacionan con el sentimiento de vacío, el continuo cambio de rumbo vital, la duda sobre sí mismo, los estados disociados o, con aquello que hoy exploramos, la identidad simbiótica en las relaciones afectivas.

El amor implica un estado de vulnerabilidad compartida y por tanto, genera una suerte de subordinación. Todas y todos hemos visto como nuestros pensamientos, emociones y conductas se han visto condicionados por el otro. En el momento en el que amamos, el objeto de deseo adquiere poder sobre nosotros. Somos seres afectivos, y en mayor o menor medida, necesitamos amar y sentirnos amados, comprender y ser comprendidos. Vincularse con el otro de una forma saludable no es una tarea fácil e implica competencias en las que no todos destacan. La voracidad afectiva, las inseguridades, la entrega excesiva componen arenas movedizas en las que podemos vernos fácilmente atrapados.

El rasgo límite y las relaciones

Algunas parejas parecen constituir un pack indisoluble. Especialmente en los enamoramientos más apasionados, en un proceso de mimetización, algunos abandonan sus espacios individuales en un proceso de conquista de los del otro. Muchas de las dificultades que presenta una persona con TLP para establecer vínculos afectivos sanos guardan relación con un déficit previo en su proceso de individuación. Siendo este ese trayecto en el que construimos una identidad propia, distinguida del otro. Desde el vacío identitario, la dependencia se exacerba y, en los casos más severos, la propia identidad se desdibuja, asimilando intereses, aficiones, personas o valores anteriormente ajenos.  

Lo límite no implica necesariamente una incapacidad para significarse frente otro en cualquier contexto. La identidad puede permanecer relativamente estable y funcional en ámbitos en los que el apego permanece inactivo. Es en la cercanía afectiva y ante el conflicto, cuando se manifiestan las carencias en la regulación emocional, en la cohesión identitaria y los excesos en la impulsividad. Consecuentemente, la persona con un rasgo límite bien tiende a evitar el amor, o bien a vivirlo con una intensidad excesiva.

Dependencia emocional e identidad simbiótica son conceptos diferentes, aunque en muchas ocasiones se construyen con los mismos mimbres. Mientras que la dependencia emocional refiere la necesidad de presencia, contacto o validación del otro, la simbiosis implica una vuelta de tuerca más, llegando a la fusión de personalidades y una pérdida progresiva de la propia identidad.

La identidad simbiótica en el TLP

En una relación simbiótica, uno de los miembros tiende a asumir el rol dominante, mientras que el otro se somete y adapta a las necesidades y deseos del primero. Esta dinámica puede ser perjudicial para ambos, ya que impide el crecimiento personal y el desarrollo de una identidad individual sólida.

Podemos distinguir dos tipos de relaciones simbióticas.

El nosotros se diluye en el tú

En el primer caso, en una estructura de sumisión, situamos al otro en el centro. El nosotros se diluye en el tú. Es decir, todo orbita alrededor del otro. La identidad se sustenta en el afecto, el cuidado y la atención hacia el objeto de deseo. Como acólitos enfebrecidos por el amor, la personalidad límite es atravesada por rasgos, intereses, valores u objetivos del otro. Este proceso de absorción del otro aporta un sentido de si mismo, una sensación de pertenencia, una forma de estabilizar la propia identidad, aunque sea de manera vacua y dependiente.

Álvaro Frías (2020), una de las voces más autorizadas en territorio patrio sobre el TLP, relaciona este primer tipo con la “hiperempatía” emocional que observamos en muchos pacientes. Esta sería una forma de absorción de los estados del otro, su humor, sus pesares, frustraciones, alegrías y satisfacciones. En realidad, como puntualiza el autor, lo que se absorbe es lo que interpreta el paciente sobre el estado emocional del otro. Esta hiperactivación empática no implica una mejor comunicación, todo lo contrario, genera mil malentendidos y una dependencia extrema para la propia regulación emocional.

Llegué a casa, él estaba apático, en el sofá. Me dijo que no se encontraba demasiado bien. Me invadió una profunda amargura. Sentí que mi vida no tenía sentido, que todo se había acabado. No tenía fuerzas para nada.”  

M.C., 37 años.

El nosotros se diluye en el yo

En el segundo caso, el nosotros se diluye en el yo. La relación compone un viaje egocéntrico, y el otro es una extensión del sí mismo. Cómo ocurre a aquellas personas con rasgo narcisista exacerbado, se instrumentaliza el vínculo, convirtiendo al otro en una suerte de prolongación que satisface necesidades afectivas, sexuales, económicas o materiales.

El vínculo incluso puede llegar a tener un carácter extractivo. No existe necesariamente una intención instrumental y planificada, no subyace un intento de manipulación o explotación del otro. A menudo se trata de una cuestión de supervivencia. La persona con personalidad limítrofe se ve superada por las exigencias de la vida cotidiana. En muchos aspectos, el propio bienestar depende del otro, este ejerce de cuidador, guía o apoyo para simplemente seguir existiendo.

En un mismo vínculo pueden alternarse ambas formas de relación. Puede ser en diferentes etapas o incluso en diferentes momentos en un corto periodo de tiempo. La alternancia puede relacionarse con los estados de idealización y devaluación del otro. Ambas aproximaciones codependientes, se cimientan sobre el miedo al abandono. En el primer caso, la escasa tolerancia a la separación se compensaría procurando sentirse imprescindible y estar permanentemente presente en la vida del otro, reduciendo así la posibilidad de distanciamiento. En el segundo, demandando atención y cuidado de manera continuada, garantizando así su cercanía.

Son dinámicas similares a las que pueden darse durante el enamoramiento. Incluso el término simbiosis es recurrentemente utilizado para definir esa fase de enajenación amorosa en la que los límites entre el yo y el otro se diluyen.  Al fin y al cabo, el amor zen es un lujo al alcance de muy pocos. En el caso del TLP, las cuestiones identitarias, al igual que el trauma, la impulsividad o el déficit en la regulación emocional, están muy entreveradas en las dinámicas de relación.

David Martín Escudero

Referencias:

Frías, A. (2020). Alteraciones de la Identidad en personas con Trastorno Límite de Personalidad. Descleé de Brouwer.

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