Cuatro fases en la relación de pareja

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El amor comienza. Pasan unos meses, estás bien con tu pareja, muy bien. Pero no sientes la necesidad de estar siempre a su lado, echas de menos hacer algún plan en solitario, has tenido un par de discusiones absurdas y sientes algo de presión. Comienzas a sentir un poco de miedo, ¿es posible que se esté acabando? Es posible pero poco probable, puede ser sólo un cambio de etapa en la relación.

En la actualidad y en nuestra sociedad, gran parte de las relaciones afectivas de pareja parten de un estado de enamoramiento. No ha sido así en otras épocas o en otras culturas, donde las relaciones de pareja comienzan y se rigen siguiendo otro tipo de convenciones, normas y rituales. Muchos autores coinciden en que el enamoramiento es un estado de atracción y pasión que suele durar entre seis meses y dos años. En muchas ocasiones el enamoramiento nos lleva a distorsionar la realidad, proyectando una imagen idealizada sobre nuestra pareja. Algunas personas en este periodo pueden llegar a obsesionarse, queriendo estar cerca constantemente del otro, incluso a costa de su propio bienestar personal.

Generalmente, una vez se desvanecen los efectos del enamoramiento, comienza otro tipo de dinámica relacional en la que entran en juego otro tipo de factores. En este nuevo escenario, la mayor parte de los problemas en las relaciones de pareja derivan de dificultades para satisfacer las necesidades psicológicas básicas para alguno o ambos miembros. Sin duda, las divergencias en relación con las necesidades de intimidad y de autonomía entre los componentes de la pareja son causa (y efecto) de muchos de los conflictos. Es decir, todos necesitamos sentirnos autónomos e independientes en algún grado, y todos necesitamos también, de algún modo, sentirnos conectados y vinculados con el otro. La armonización de estas necesidades y la resolución de los conflictos que puedan surgir al respecto son aspectos clave para el desarrollo una relación sana y satisfactoria.

Dos autores norteamericanos, Bader y Parson, en la década de los 90 proponen un modelo describe la evolución relacional de acuerdo a cuatro fases: 

La primera fase, denominada (i) simbiosis, se corresponde con el inicio de la relación, la idealización del otro, el estado de enamoramiento y necesidad de compartir espacios.

El inicio de la siguiente fase, denominada (ii) diferenciación, vendría marcado por un creciente peso de la necesidades individuales de cada miembro de la pareja.

En la siguiente fase, (iii) expansión personal, la tendencia anterior a la búsqueda de espacio individual se concretaría en una mayor atención a la independencia, autonomía, individuación, aspectos muchas veces reflejados tanto en el plano personal como en el profesional.

La última fase defendida por los autores sería la (iv) aproximación, en la romperíamos la tendencia de individuación anterior para volver a buscar espacios comunes y de intimidad con el otro.

Los conflictos, o incluso la ruptura, surgen a partir de las tensiones que se crean el tránsito de una fase a otra y se intensificarían cuando se produce una asimetría significativa entre las demandas y/o necesidades de conexión e individuación de ambos miembros. Es decir, cuando un miembro transita a una fase posterior mientras el otro permanece en la anterior.
Por ejemplo, en el tránsito de la primera a la segunda fase, los conflictos aparecen cuando no se produce la creación de un vínculo seguro que permita las necesidades de individuación. Es entonces cuando aparecen en escena las relaciones de dependencia, el miedo al abandono, los celos o el rencor, cuando incluso situamos a nuestra pareja en el epicentro de nuestro malestar. A menudo estas dinámicas de dependencia obstaculizan la propia atención a sus necesidades individuales. También se puede producir una dinámica en la que prime la ambivalencia entre el deseo por la independencia y el miedo al abandono.
Ya entrando en la fase de expansión personal, dado que las necesidades individuales no tienen por qué ser simétricas, en muchas ocasiones la necesidad de espacio es más demandada por uno de los miembros de la pareja. La falta de equilibrio en las necesidades de cada miembro se puede relacionar con aspectos no superados de la fase previa. En este momento, si los conflictos no son superados, puede producirse una ruptura.

Ahora bien, hemos de tener en cuenta que la pareja como sistema se halla en un continuo desarrollo que a su vez se vincula con la evolución personal de cada uno de sus miembros. Así, se generan nuevas necesidades y nuevos retos, a los que será necesario encontrar diferentes formas de acomodación y adaptación.

Es importante entender que las fases defendidas por los autores no representan un modelo rígido y lineal por el que necesariamente transiten todas las parejas. Más bien implica un modelo explicativo de la evolución de una dinámica relacional muy común con base a los procesos de conexión – individuación. Es decir, los conflictos deben explicarse desde la propia especificad de los miembros de la pareja y su propia dinámica relacional, y no debemos pecar de reduccionistas pretendiendo establecer un desarrollo relacional universal o una clasificación taxonómica a partir de momentos, estadios o fases.

Recomendaciones: 

Una novela: “Libertad”, de Jonathan Franzen. Aclamada por la crítica de medio mundo, ofrece una compleja exploración de la intimidad, las necesidades psicológicas y las relaciones afectivas de los miembros de una familia bien norteamericana.

Una película: “Una pistola en cada mano” de Cesc Gay. A pesar de contener muchos clichés sobre el comportamiento típicamente masculino y sus carencias emocionales, el equipo de esta película ofrece excelentes diálogos y muestra con ironía y precisión algunos conflictos relacionales de sus protagonistas.

Una serie: “Six feet under” (a dos metros bajo tierra), de Alan Ball para HBO. Aunque existen varias tramas y subtramas, es muy interesante como surgen, se nutren, se afianzan o se rompen las relaciones de pareja de los cuatro miembros de la familia Fisher.

Una canción: “Chega de saudade” de Vinicius de Moraes y Carlos Jobim. Una oda a la dependencia emocional llevada al extremo (“Chega de saudade, a realidade é que sem ela não há paz, não há beleza. É só tristeza e a melancolia que não sai de mim, não sai de mim, não sai”).

David Martín Escudero

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