El TLP y la sexualidad

TLP sexualidad
Ava Gadner

Muchos creen, incluso algunos profesionales, que las personas con trastorno límite de la personalidad (TLP) son siempre más sexuales que el resto de los mortales. A pesar de que existen algunas particularidades en su forma de intimar, TLP no equivale a hipersexualidad, sexualidad desbocada o promiscuidad. No son bombas sexuales y su forma de relacionarse varía en cada caso y momento vital. 

Es importante observar que la “promiscuidad” es un constructo con un fuerte carácter moral y subjetivo. Mantener uno u ocho compañeros/as sexuales es una opción puramente individual y no un indicador de madurez o salubridad. Son tiempos en los que la monogamia sexual continúa siendo la norma, pero ya no compone un mandamiento universal. Afortunadamente, la formas en las que nos relacionamos sexualmente no se rigen por criterios únicos. El vínculo en el que se cimientan nuestras relaciones puede sustentarse tanto en lo afectivo, como en lo romántico o lo sexual. Y estas tres formas no tienen por qué caer en un único objeto de deseo. Por tanto, a la hora de analizar las prácticas sexuales de personas con un diagnóstico, es importante ser especialmente cauto para no transmitir la idea errónea de que el sexo puede constituir algo patológico si no se da en la cantidad o forma preponderante en el grupo normativo, en el de los “sanos”.

El TLP se sustenta en dos rasgos que se manifiestan de manera exacerbada, la impulsividad y el déficit de regulación emocional. Ambos rasgos impactan en la capacidad de intimar y mantener relaciones afectivas. Los estudios con población clínica coinciden en que las personas diagnosticadas muestran mayor número de parejas sexuales, mayor tendencia a las relaciones esporádicas y menor estabilidad relacional. Existen una serie de aspectos que podrían arrojar luz en la casuística de estas tendencias.

Inicio temprano

Diversos estudios señalan que los pacientes con TLP son significativamente más propensos a un inicio temprano en sus relaciones sexuales. Comienzan más jóvenes y son más activos durante la adolescencia y la juventud que la población general.

En realidad, el sexo y las relaciones afectivas son objeto de preocupación para cualquier adolescente. En el caso de las personas con TLP, su aproximación suele ser más caótica e intensa. Sin embargo, no hay un itinerario común y en el adolescente borderline puede oscilar entre la indiferencia y evitación y la entrega impulsiva.

Estilo de apego inseguro

La teoría del apego ofrece un marco teórico para la comprensión del desarrollo y mantenimiento de las dificultades relacionales propias de los trastornos de la personalidad. Son muchos los teóricos que establecen en su casuística la vivencia del trauma o abuso, un entorno disfuncional o un estilo de crianza inconsistente o negligente. El estilo de apego inseguro sea desorganizado, ambivalente o evitativo, sería por tanto nuclear en este trastorno.

Es importante tener en cuenta que este tipo de vivencias tempranas no abocan necesariamente a la persona a un trastorno psicológico. Sin embargo, un estilo de apego inseguro podría derivar en la utilización del sexo como un regulador emocional, como una forma de compensar el sentimiento de vacío o de reducir el miedo al abandono.

Identidad frágil

Son varios los estudios que afirman que las personas con TLP presentan más dudas y distorsiones en su sexualidad, y se involucran en mayor medida en relaciones no consistentes con su orientación sexual; es decir con personas de su mismo sexo cuando son heterosexuales y a la inversa.

La fluidez o flexibilidad en la orientación sexual per se no deben ser percibidos como aspectos problemáticos. Todo lo contrario, vivir la sexualidad de una forma menos encorsetada que el resto no compone algo negativo. El problema se situaría en el malestar que podría generar vivir la propia sexualidad forma fragmentada, con escasa consistencia o coherencia. Podríamos explicar esta mayor fluidez a partir de fragilidad de la propia identidad.

La inestabilidad del yo también subyacería en manifestaciones tales como el vacío afectivo, el miedo constante al abandono, la intensidad de la entrega o la dependencia. La persona boderline, bien evita el amor y el sexo, o bien lo vive con voracidad. La estabilidad del afecto brilla por su ausencia, con constantes cambios, alternado entre la dependencia excesiva y la fuga afectiva.

Impulsividad

Las personas con TLP, al igual que en otras parcelas vitales, tienden a aproximarse al sexo con impulsividad y, en ocasiones, sin sopesar sus posibles consecuencias. Las prácticas sexuales sin protección son más comunes, especialmente cuando se asocian al consumo de alcohol u otras sustancias. 

La impulsividad, se traduciría en un menor filtro para dar para dar rienda suelta a sus deseos y fantasías. El lo afectivo, presas de su ideación romántica, son capaces de entregar toda su atención y afecto de manera inmediata. La estabilidad del mismo es otro cantar.

Escasa tolerancia a la rutina

El sexo es para muchos una forma de obtener placer, una forma de descanso, consuelo o huida de cualquier problemática. Una persona con TLP puede ir un paso más allá. La persona con TLP acostumbra serias dificultades para tolerar las pequeñas frustraciones del día a día. El sexo podría cumplir una suerte de “acting out”, un momento de conexión con uno mismo y el otro, una forma de llenar un vacío, de obtención de afecto o atención.

Podríamos decir que muchas personas con TLP poseen una suerte de espíritu aventurero que les lleva a embarcarse, o a huir, en relaciones caóticas y pasionales. Los compañeros/as sexuales de las personas diagnosticadas a menudo perciben el sexo como algo intenso y especial, especialmente al inicio.

En consulta observamos a menudo que los y las pacientes llegan a sentirse incapaces para mantener relaciones estables y/o satisfactorias. Sin embargo, el TLP y la sexualidad no conjugan un obstáculo insalvable. Sí es cierto que las relaciones afectivas o interpersonales acostumbran a ser intensas, turbulentas e inestables. La sexualidad y la intimidad constituyen aspectos clave en cualquier proceso terapéutico. Con apoyo psicológico adecuado es posible mejorar la regulación emocional, la gestión de impulsos, la estabilidad de la propia identidad y disminuir su interferencia en las relaciones sexuales y afectivas

David Martín Escudero

2 respuestas a «El TLP y la sexualidad»

  1. Que una de las características de una persona con TLP es un miedo al abandono y una dificultad cuando siente que se aproxima o que se realiza una separación de las personas de referencia en su vida, entonces puede ser esta sexualidad desordenada de alguna forma una manera de atrapar con su intensidad a la persona que tienen a su lado para no sentirse abandonados?

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