Escisión y psicoanálisis

Descubre qué es la escisión en el psicoanálisis.
Foto de Juan Cañamero

La escisión es el epítome del divide y vencerás, o más bien del escinde y sobrevive. Se trata de un mecanismo de defensa psíquico frente a situaciones complejas o incluso traumáticas, donde la mente asimila la experiencia en términos absolutos:  “todo bueno” o “todo malo”.

La escisión es un mecanismo de defensa primitivo (y muy común) que implica procesar la experiencia en extremos opuestos. Esta división afecta a la identidad, las relaciones interpersonales y por tanto, al bienestar psicológico. Su análisis y cobra relevancia en trastornos de personalidad del clúster b, en especial el trastorno límite de personalidad y el trastorno narcisista de personalidad.  

Puedes leer más sobre el clúster b en este enlace. 

Melanie Klein y la escisión

Melanie Klein (1882–1960) fue una psicoanalista austriaca que desarrolló gran parte de su carrera en Londres. Su trabajo se sitúa dentro de la tradición iniciada por Sigmund Freud, pero introdujo una perspectiva innovadora sobre la vida psíquica temprana.

Pocas figuras del psicoanálisis han influido tanto en la comprensión del desarrollo emocional temprano como Klein. Sus investigaciones sobre la psicología infantil introdujeron conceptos fundamentales para entender cómo comenzamos a organizar su experiencia emocional desde los primeros meses de vida.

Entre sus principales aportaciones destacan:

  • el análisis del mundo interno infantil,
  • el estudio de las relaciones tempranas con las figuras de cuidado y,
  • la descripción de mecanismos de defensa primitivos como la escisión, la proyección y la idealización.

Klein es ampliamente reconocida por ser pionera en el uso del juego como medio de análisis en la psicoterapia con niños. Consideraba el juego como equivalente a la libre asociación utilizada en el psicoanálisis de adultos, ofreciendo una ventana al inconsciente del niño. A través de la interpretación del juego y las interacciones de niñas y niños, Klein identificada y analizaba el desarrollo afectivo del menor y sus conflictos, miedos y deseos.

La escisión en la infancia

La escisión es un mecanismo de defensa mediante el cual la psique acota la realidad en categorías opuestas y absolutas: aquello completamente bueno y aquello completamente malo. Sería la antítesis de una comprensión de la experiencia integrada en su complejidad, con aquellos matices negativos, positivos o simplemente neutros.  

El mecanismo de escisión desde la perspectiva del psicoanálisis se activa ante el conflicto entre emociones contradictorias que parten de un mismo objeto (persona). Es un proceso que simplifica y facilita la experiencia.

Es decir, para el infante es difícil integrar que su figura cuidadora pueda ofrecer amor y cuidado, y de igual forma, pueda frustrarlo o rechazarlo. La escisión de ambas experiencias compone una forma adaptativa para reducir la confusión. De esta forma, la respuesta emocional se adecúa en términos absolutos. 

La escisión cumple una función importante en el desarrollo temprano. Este mecanismo permite al infante:

  • proteger su identidad psíquica en formación,
  • manejar emociones intensas como la frustración o el miedo y,
  • conservar una representación idealizada que favorece el vínculo con aquello que le proporciona bienestar.

En otras palabras, la escisión ayuda a la mente infantil a organizar experiencias emocionales que todavía no puede procesar de forma integrada.

La escisión en la vida adulta

Aunque la escisión forma parte del desarrollo normal en la infancia, también puede activarse en la vida adulta, especialmente en situaciones de estrés emocional o en ciertas estructuras de personalidad. Entre estas, la escisión cobra especial relevancia en la personalidad límite y la personalidad narcisista.

Cuando este mecanismo predomina, aparecen dificultades en las relaciones, especialmente aquellas con un componente afectivo elevado.

Algunas manifestaciones comunes incluyen:

  • ciclos de idealización y devaluación, en los que el otro es situado en un pedestal para ser denostado posteriormente ante el conflicto o la frustración,
  • percibir a los demás como totalmente confiables o completamente amenazantes, o
  • percibirse a sí mismo como absolutamente adecuado o absolutamente inadecuado.

En la relación psicoterapéutica, la escisión a menudo compone un mecanismo predominante en los procesos de transferencia. Así, algunos pacientes (especialmente aquellos con un rasgo límite o narcisista) pueden percibir al terapeuta como una suerte de salvador, extremadamente sabio, comprensivo y protector en algunos momentos del proceso. En otros, ante la confrontación o el establecimiento de un límite, puede pasar a ser percibido como un charlatán ignorante, apático e insensible.

Puedes saber más sobre la psicoterapia focalizada en la transferencia en este enlace.

Ejemplos de escisión en la vida adulta

Los mecanismos de escisión están presentes de diferentes formas en el día a día de muchos y muchas. Generalmente se producen ante la activación afectiva, en estados marcados por la afectividad. Desde la perspectiva psicoanalítica, este cambio brusco puede reflejar un proceso de escisión entre el objeto idealizado y el objeto devaluado.

Estos podrían ser algunos ejemplos:

  • MR no puede sentir más amor hacia su pareja tras un fin de semana juntos. Es perfecto, es increíble, es el hombre de su vida. Días más tarde, frustrada en su cotidianidad y tras un rato sintiéndose ignorada, lo observa masticando un pedazo de chorizo. Siente que es mezquino, ruin, deleznable. Solo desea que desaparezca.
  • CM percibe su profesión como un cúmulo éxitos y satisfacción. Cree que su vocación docente da sentido a su vida (y a la de otros). Sus alumnos son diamantes en bruto y él es el más adecuado para pulirlos y hacer aflorar todo su potencial. Sin embargo, en algunas situaciones sociales cree que es un cero a la izquierda. Se dice a sí mismo que es un ser pusilánime y vulnerable, y se aleja de cualquier cercanía física o afectiva. Cree que es incompetente, inadecuado y que no merece ser querido o cuidado.
  • L.G. cree que su tierra es especial. Adora a sus gentes y sus tradiciones, y siente una alegría inconmensurable cuando pasean a su virgen o gana su equipo de futbol. Sin embargo, a menudo aprecia que vive en un país de rojos infestos y progres afeminados. Fantasea con un líder que de un golpe en la mesa y expulse a socialistas y sus acólitos para siempre. Son ratas.

Estos ejemplos ilustran cómo la escisión puede afectar la forma en que percibimos a los demás o a nosotros mismos. Esta tendencia a escindir la experiencia en categorías absolutas nos lleva a una visión polarizada del otro o del sí mismo, dificultando una comprensión elaborada de la realidad, dificultado las relaciones interpersonales.

La escisión en lo colectivo

La división y la confrontación dominan los tiempos actuales. Observamos masas identificadas por un signo político, un credo, un equipo o una identidad colectiva que demonizan a sus contrarios, denostando sus acólitos y propuestas. A menudo se habla de polarización y maniqueísmo. En psicología conceptos tales como escisión y pensamiento dicotómico pueden ayudarnos a comprender esta forma de construir la realidad.    

Al fin y al cabo, los mecanismos de escisión no solo aparecen en el ámbito individual. También pueden observarse en el pensamiento colectivo. Así, ante la amenaza de una identidad colectiva o nacional, se da una respuesta antitética extrema. Otros ejemplos podrían ser:

  • la polarización ideológica o política extrema,
  • los conflictos bélicos con polarizados por identidades nacionales antitéticas, o
  • la idealización o demonización de líderes o figuras públicas.

Estos procesos simplifican la realidad social en términos absolutos, reduciendo la complejidad de las situaciones para así ser asimiladas en términos simples y reducidos: los buenos y los malos.

David Martín Escudero

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