El Trastorno Dismórfico Corporal, el complejo transformado en obsesión

TDC
Imagen de Rainier Ridao

J. cree ser un hombre a una nariz pegado. En realidad, es un joven atlético, responsable y algo tímido. Y sí, tiene una nariz generosa y ligeramente aguileña, que, lejos de afear, otorga carácter a su rostro. Nadie sabe las horas que ha pasado lamentándose, que no tolera ver su perfil en fotografías o reflejos, que siempre se sitúa de frente ante cualquier interlocutor para evitar otorgar al otro una perspectiva que haga destacar esa protuberancia. Nunca ha hablado de los problemas que ha tenido para conocer chicas, de sus miedos e inseguridades. Valora operarse, pero teme que el remedio sea peor que la enfermedad. Lo ha comentado con su novia, ella le ha pedido que antes acuda a un psicólogo. J. padece trastorno dismórfico corporal (TDC).

El trastorno dismórfico corporal, anteriormente dismorfofobia, se caracteriza por una preocupación excesiva por defectos físicos inexistentes, o apenas perceptibles. Estos generan un gran malestar psicológico y un deterioro en el normal funcionamiento de la persona que lo padece.

Etimológicamente, del griego dysmorfia, significa malformación o alteración de la forma. Aparece por primera vez en la literatura psiquiátrica en 1891, cuando el italiano Enrico Morselli acuña el término dismorfofobia para referir la aparición repentina y persistente de una idea de deformidad corporal.

El TDC afecta a personas de ambos sexos, siendo más común entre hombres que mujeres. Ellos son más propensos a obsesionarse con sus genitales, su constitución corporal o calvicie. Mientras que ellas acostumbran a poner el foco en imperfecciones de la piel, nariz, abdomen, pechos, nalgas, caderas o pies. Se estima una prevalencia en la población general superior al 2%. No obstante, las tasas pueden ser mucho mayores de lo que indican los estudios, ya que los pacientes tienden a ocultar sus síntomas por miedo o por vergüenza, además de por poseer una escasa conciencia del problema (Giraldo y Belloch, 2017).

Los primeros signos acostumbran a aparecer en la adolescencia, cuando la imagen corporal suele tener un gran peso en el proceso de conformación de la propia identidad. Se trata de una etapa complicada, en la que aflora fácilmente la sensación de ser inadecuado. La fragilidad se exacerba cuando los cánones de belleza normativa son rígidos y cualquier rasgo distintivo, lejos de aportar carácter y personalidad, puede despertar vergüenza y miedo al rechazo.  

En algunos casos, la alteración en la propia imagen corporal roza el delirio. En los más severos, el paciente se aísla y en su encierro vive su complejo con vergüenza. Lo cual no hace más que alimentar el círculo, más sensación de vacío, más sentimientos de inadecuación y desesperanza que favorecen la obsesión por el supuesto defecto o zona problemática. No olvidemos que el TDC es un trastorno grave y debilitante, lo que se refleja en tasas muy elevadas de ideación e intentos suicidas: alrededor de 45 veces superiores a las encontradas en población general (Phillips, 2007).

Diagnóstico del TDC en el DSM 5

En el DSM-5, el principal manual diagnóstico, el TDC se caracteriza por una preocupación excesiva, fuera de lo normal y persistente, de un defecto físico, ya sea real o imaginado. El manual, establece los siguientes síntomas como criterios diagnósticos:

A. Preocupación por uno o más defectos o imperfecciones percibidas en el aspecto físico no son observables o parecen sin importancia a otras personas.

B. En algún momento durante el curso del trastorno, el sujeto ha realizado comportamientos (ej.: mirarse en el espejo, asearse en exceso, rascarse la piel, querer asegurarse de las cosas) o actos mentales (ej.: comparar su aspecto con el de otros) repetitivos como respuesta a la preocupación por el aspecto.

C. La preocupación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

D. La preocupación por el aspecto no se explica mejor por la inquietud acerca del tejido adiposo o el peso corporal en un sujeto cuyos síntomas cumplen los criterios diagnósticos de un trastorno alimentario.

Causas y tratamiento del trastorno dismórfico corporal

Recientemente los investigadores, Fang y Wilhelm (2015), han propuesto un modelo explicativo general sobre el TDC. A grandes rasgos, el modelo parte de la siguiente premisa: los pacientes reaccionan de manera disfuncional a los pensamientos intrusivos sobre la propia imagen corporal.

La persona percibe y procesa la información de manera sesgada. Se produce un filtraje o atención selectiva al defecto físico, aislándolo de la totalidad y el contexto. De esa forma, se perciben más grandes, severos o llamativos de lo que son en realidad. Las personas con TDC utilizan de manera involuntaria una suerte de lupa de aumento y aislamiento en la percepción del defecto que les angustia.

También aparecen otros sesgos cognitivos de tipo interpretativo, como sobredimensionar el aspecto físico y los cánones de belleza normativa. Estos patrones de pensamiento activan emociones desagradables (ansiedad, asco, abatimiento, vergüenza, etc.) atribuidas al rasgo problemático.

De forma similar al TOC, la respuesta emocional negativa activaría mecanismos compensatorios, como la comprobación, el rascado o la ocultación. También es común la evitación de situaciones sociales y circunstancias que pudieran provocar la exposición del “defecto” a los otros.

Las conductas compensatorias y de evitación contribuyen al mantenimiento de las creencias e interpretaciones en una forma de pescadilla que se muerde la cola que constituye uno de los principales factores que originan el trastorno. Existirían otros factores en la casuística, tales como necesidad de aprobación externa, experiencias tempranas traumáticas, creencias culturales, etc.

Los pacientes acostumbrar a acudir a terapia cuando ya está muy asentado el trastorno. Esto se debe a que tienden a ocultar sus obsesiones y rituales, a veces por temor a ser percibidos como locos o superficiales, otras por la propia aversión ante la posibilidad de que los otros presten atención a su defecto físico.

El trastorno dismórfico corporal no aparece aislado y generalmente encontramos estados anímicos decaídos, ansiedad, aislamiento social, problemas afectivos, etc. El paciente debe ser atendido bajo una perspectiva integral y el proceso debe adecuarse a sus particularidades y circunstancias. La orientación cognitivo conductual, las terapias de corte cognitivo, y sus variantes llamadas de tercera generación (ej. mindfulness y terapia de aceptación y compromiso), constituyen los tratamientos psicoterapéuticos con mayor eficacia.

David Martín Escudero

Referencias:

Giraldo-O’Meara, M. y Belloch, A. (2017). El trastorno dismórfico corporal: Un problema infradiagnosticado. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 22, 69-84.

Fang, A. & Wilhelm, S. (2015). Clinical features, cognitive biases, and treatment of Body Dysmorphic Disorder. Annual Review of Clinical Psychology, 11, 187–212.

Phillips, K.A. (2007). Suicidality in body dysmorphic disorder. Primary Psychiatry, 14, 58-66.

Una respuesta a «El Trastorno Dismórfico Corporal, el complejo transformado en obsesión»

  1. Muy interesante! Los estándares actuales de belleza pueden llegar a ser muy duros en edades tempranas, sobre todo en las chicas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Posts relacionados