El término “límite” genera muchas dudas. Resulta una etiqueta diagnóstica poco afortunada. Incluso inadecuada, ya que está referida a personas que son particularmente vulnerables al rechazo y a menudo frágiles en su identidad.
Los conceptos “límite”, “limítrofe” o “borderline” no hacen referencia a ningún tipo de déficit, ya sea en competencias interpersonales o intelectuales. Sin embargo, está asociada en el ideario colectivo a un cociente intelectual inferior a la media. De ahí podría emerger la falsa creencia de que una personalidad borderline implicaría algún tipo de déficit intelectual. Nada más lejos de la realidad.
La utilización del término “límite” no es casual ni carente de controversia. La referencia a un territorio fronterizo probablemente parte de la dificultad para situar e incluso tratar a estas personas. Lo cual ha podido contribuir a la estigmatización de los pacientes, ya que son situados en un lugar filoso y exterior a una norma. Tal vez, aunque de forma menos clara, podamos atribuir a este término a los límites de la psiquiatría del momento de su conceptualización, situándolo en el limbo de aquello que podía ser explicado o descrito en términos clínicos.
Table of Contents
ToggleCaracterísticas del TLP
El trastorno límite de la personalidad (TLP) se caracteriza por la presencia de dificultades de regulación emocional e impulsividad. Esta problemática suele potenciar otras dificultades como son una tendencia a las relaciones interpersonales conflictivas, las conductas autolesivas, el temor a la soledad o el abandono, las alteraciones de identidad y la sensación de vacío. Todos estos factores están interrelacionados y se retroalimentan entre sí (Mosquera, 2010).
El DSM 5 define el TLP como un patrón dominante de inestabilidad de las relaciones interpersonales, de la autoimagen y la afectividad, con un patrón de impulsividad intensa, que tiene inicio en adolescencia o juventud. Para un diagnóstico positivo deben manifestarse con claridad al menos cinco de los siguientes criterios:
- Esfuerzos desesperados para evitar el desamparo real o imaginado.
- Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas que se caracteriza por una alternancia entre los extremos de idealización y de devaluación.
- Alteración de la identidad: inestabilidad intensa y persistente de la autoimagen y del sentido del yo.
- Impulsividad en dos o más áreas que son potencialmente autolesivas (p. ej., gastos, sexo, drogas, conducción temeraria, atracones alimentarios).
- Comportamiento, actitud o amenazas recurrentes de suicidio, o comportamiento de automutilación.
- Inestabilidad afectiva debida a una reactividad notable del estado de ánimo (p. ej., episodios intensos de disforia, irritabilidad o ansiedad que generalmente duran unas horas y, rara vez, más de unos días).
- Sensación crónica de vacío.
- Enfado inapropiado e intenso, o dificultad para controlar la ira (p.ej., exhibición frecuente de genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes).
- Ideas paranoides transitorias relacionadas con el estrés o síntomas disociativos graves.
Origen del diagnóstico trastorno límite personalidad
Aunque el término “borderline” data de mediados del siglo pasado, el trastorno límite de la personalidad no fue reconocido formalmente como un diagnóstico hasta 1980 en el DSM-III. Sería también en este año cuando se oficializa la organización de los trastornos de personalidad en clúster A, clúster B y clúster C.
El término “límite” (o “limítrofe”) fue un cajón de sastre durante décadas. Se empleaba cuando el clínico no encajaba al paciente en una etiqueta diagnóstica concreta. Esta categoría emerge en este contexto y se utilizaba cuando el paciente sufría algo más que una neurosis sin conformar una psicosis. Por tanto, se usó inicialmente para designar un grupo de pacientes que no encajaban en ninguno de los dos polos de “enfermedad” entonces vigentes y que parecían oscilar entre características de funcionamiento normal y características de funcionamiento patológico. Eran pacientes eran funcionales socialmente y con una apariencia normalizada, pero que en momentos o períodos prolongados de estrés presentaban síntomas propios de un trastorno psicótico (Espinosa, 2023).
Los trastornos de personalidad son herederos de la teorización de la «locura moral» del siglo XIX. Sería en la década de 1930 cuando el diagnóstico borderline comenzó a perfilarse con mayor claridad. Era un periodo de cambio social y declive industrial en el que eclosionaría la segunda guerra mundial. Sería en 1938 cuando Adolf Stern publicó su primera descripción formal (Jones, 2023).
El contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial tendría un gran impacto en el desarrollo de los estudios sobre los trastornos de personalidad y su consideración diagnóstica. El Holocausto mostró al mundo la perversión de la eugenesia, alejando a la psiquiatría de sus pretensiones biológicas y organicistas. La irrupción del pensamiento posmoderno apuntalaría una visión epistémica más amplia. En este caldo se cultivaría el psicoanálisis contemporáneo, mostrándose como el paradigma alternativo más relevante. Y este sería el enfoque más influyente en la concepción actual del trastorno límite de personalidad.
La utilización inicial del diagnóstico refería mayormente hombres jóvenes inadaptados. Probablemente por una cuestión de género, estos hombres no encajaban en la personalidad histérica tradicionalmente femenina. Curiosamente, en décadas posteriores se produjo un movimiento pendular hacia un sobrediagnóstico limítrofe en población femenina que se mantiene hasta la actualidad.
Podemos decir que, a pesar de su nombre, el TLP ocupa un lugar central en la práctica clínica actual. Es decir, refiere unos criterios diagnósticos determinados y una prevalencia especialmente elevada en poblaciones clínicas. Probablemente porque en muchas ocasiones viene acompañado por ansiedad, depresión o abuso de sustancias, generando una gran demanda asistencial.
Su peso en el ideario colectivo no ha dejado de crecer y cada vez es más es más conocido por el gran público. También han crecido algunas falsas creencias y el estigma asociado. Muchos pacientes identifican su experiencia con un tránsito en el filo de lo normativo, lo racional o lo saludable. Al igual que se han subvertido otros términos con un estigma asociado, lo límite debe ser progresivamente desligado de sus connotaciones peyorativas.
David Martín Escudero
Espinosa Landaure, P. M. (2023) “Vivir al borde”: narrativas y experiencias de mujeres jóvenes diagnosticadas con trastorno límite de la personalidad. Pontificia Universidad Católica del Perú: Lima.
Jones, D. W. (2023). A history of borderline: disorder at the heart of psychiatry. Journal of Psychosocial Studies, 16(2), 117-134.
Mosquera, D. (2010). Trastorno Límite de la Personalidad. Una aproximación conceptual a los criterios del DSM-IV-TR. Revista Persona, 10 (2), 7-22.
Stern, A. (1938) Borderline group of neuroses, The Psychoanalytic Quarterly, 7, 467–89.







