¿Qué signifca que tu psicólogo sea posmoderno?

Robert Smith

No, no implica que vista de negro, se pinte los ojos o se parezca a Robert Smith (sí, el cantante de The Cure). Tampoco implica que recomiende flores de bach o insista en la atención plena. Tal vez todo lo contrario. Lo primero que debemos entender es qué es el movimiento posmoderno.

Pensamiento Posmoderno

El movimiento posmoderno surge durante la segunda mitad del siglo XX, aunque es difícil definir su origen, la idea que predomina es que el proyecto moderno está caduco en el contexto social, político, cultural y científico. El término posmodernidad se populariza a partir de la publicación de La condición posmoderna de Jean François Lyotard en 1979.  El posmodernismo surge como una crítica feroz al pensamiento moderno y defiende la hibridación, la cultura popular, la descentralización de la autoridad intelectual y científica y la desconfianza ante los grandes metarrelatos. El pensamiento utópico y la idea de progreso pierden peso, fortaleciéndose el ideal de progreso individual. Se reconocen los límites de las ciencias modernas en cuanto a la generación de conocimiento verdadero, acumulativo y de validez universal.

El pensamiento posmoderno emerge como una reacción a los límites de la epistemología positivista propia de la modernidad. El pensamiento moderno defiende que la realidad es única y externa a los seres vivos y puede ser conocida en una forma más o menos próxima a la verdad. Por el contrario, bajo una perspectiva posmoderna y/o constructivista, la realidad es dinámica, compleja y depende del observador, y ningún modelo o teoría puede explicarla de forma plena y definitiva. El pensamiento posmoderno no rechaza el pensamiento científico como tal, rechazaría el cientifismo según el cual los datos obtenidos bajo su método son los únicos autorizados a contribuir a la construcción de nuestra visión del mundo.

Implicaciones para la Psicología

El conocimiento psicológico y sus formas de práctica no son ni han sido ajenos a los debates y discursos del contexto social, cultural y científico. Resulta complicado establecer unas características definitorias sobre el pensamiento posmoderno cuando se aplica a la psicología. Collier resume los fundamentos del paradigma posmoderno en el ámbito de la psicología en tres principios: (i) La realidad es dinámica, un proceso continuo de cambio y no estática e inmutable con principios universales y eternos que deben ser descubiertos mediante un conocimiento científico acumulativo. (ii) El conocimiento es una construcción social, dentro de un marco sociocultural y está configurado por el lenguaje y las características del sistema social general. (iii) El conocimiento tiene consecuencias sociales porque es el producto de participantes activos que cambian la realidad misma al enfrentarse a los problemas de la vida real. (Collier et al. 1991 citado por Julio Seoane 2004).

En el ámbito de la psicología constructivista, podemos observar antecedentes a este primer principio ya en el discurso de George Kelly, que ya en la década de los cincuenta se anticipa a algunos preceptos epistemológicos posmodernistas. “Cuanta mayor objetividad pretenda una teoría en su concepción, más posibilidades hay de que cause problemas una vez cumplido su propósito. Una conclusión apoyada por los hechos, es en su momento y presumiblemente una buena conclusión. Pero, como los propios hechos están sujetos a reconstrucción, una tal teoría pronto se convierte en un dogma, útil únicamente para cegarnos a nuevas percepciones de los hechos” (Kelly 1958 citado por Feixas 2006).

En cuanto a la negación del carácter acumulativo y el concepto de “descubrimiento” típicos en la ciencia tradicional, la concepción modernista de la psicología fomenta una visión de los modelos psicoterapéuticos como si se tratara de descubrimientos objetivos sobre el ser humano, evaluables en cuanto a su contenido de verdad y, en cierto sentido, aislados de su contexto cultural y socio-político. Desde una postura posmoderna, tanto las ciencias duras, como la propia psicología están influenciadas por su contexto social y cultural. Así, cabe mencionar la defensa de Gergen de la naturaleza social del conocimiento cuando afirma: “la verdad parece una cuestión de perspectivas y estos productos de intercambios y consensos sociales, es decir, construidas en los sistemas de comunicación social” (Gergen 1992 citado por Botella 2001).

Resulta muy interesante el término objetividad entre paréntesis, introducido por Humberto Maturana, para referirse al papel de la objetividad en los criterios de validación o refutación de las explicaciones científicas. En línea con la tesis anterior, el conocimiento científico puede aspirar a ser objetivo entre paréntesis ya que implica un proceso de construcción en el que somos parte activa y no la captación de una realidad independiente del observador.

Psicoterapia 

Como sugieren los párrafos previos, más que una expansión de las bases teóricas que sustentan la psicología, el cambio de discurso se refiere a un nivel epistemológico. La adopción de una epistemología de corte posmoderno tiene implicaciones importantes en la psicoterapia, además del enfoque de la evaluación y de la conceptualización clínica, destaca el carácter ecléctico de las técnicas, el enfoque de la relación terapéutica, el papel del psicoterapeuta y la centralidad del cliente en el proceso de cambio.

Los enfoques constructivistas defienden como premisa fundamental que la persona es un agente activo que, individual y colectivamente, construye el significado de su mundo experiencial. Grosso modo, desde este punto de partida, las personas estamos en un proceso continuo de construcción de nuestra realidad. En este proceso, al mismo tiempo que nos adaptamos a nuestro entorno, lo modificamos. Es decir, las personas alteramos el medio para que encaje con nuestras expectativas. Por tanto, el proceso terapéutico presta especial atención a la comprensión profunda de los procesos de creación de la realidad del cliente, para así estar capacitados para influir en el proceso de cambio. Así, la terapia no es directiva, el objetivo es dinamizar el cambio y son las particularidades del cliente las que van a determinar cómo será el proceso terapéutico.

Humberto Maturana y Francisco Varela han influenciado mucho la tradición constructivista en la psicoterapia. Estos autores chilenos introducen el concepto de determinismo estructural según el cual todos los cambios que se producen en los sistemas vivos están determinados por su estructura cualquiera que sea esta. Es decir, cuando un organismo interactúa con su entorno, su estructura (y no la del estímulo exterior) va a determinar su respuesta. De la noción de determinismo estructural se desprende el mito de la interacción instructiva: un observador procedente del exterior no determina lo que el otro va a entender, por el contrario, es la estructura de cada individuo lo que determina lo que comprenderá. Es decir, el observador simplemente puede producir una perturbación a la cual el otro responderá según su propia estructura lo determine. Por lo tanto, si extrapolamos esta idea al campo de la terapia, habría una imposibilidad por parte del psicoterapeuta para controlar el cambio y sería el propio cliente quien determine o convierta en acciones estas perturbaciones.

Al asumir que el cliente no puede ser dirigido de forma lineal, el terapeuta o las técnicas no pueden controlar los resultados terapéuticos. Por tanto, la capacidad para determinar objetivos terapéuticos pasa a un segundo plano y se abre a la puerta a diferentes métodos, siendo admitidos ya no por criterios de validez, eficiencia o fiabilidad, sino más bien un criterio de utilidad. Entonces, las técnicas son positivas en la medida que son útiles bien para gatillar procesos de cambio deseados o para facilitar la exploración de experiencias y significados.

Otro aspecto ligado al eclecticismo del enfoque podría referirse al vínculo con otras corrientes, principalmente las cognitivas típicas. El carácter ecléctico hace referencia a una escasa ruptura en el nivel técnico del enfoque; muchas técnicas y herramientas presentes en la terapia constructivista proceden de otros enfoques. Sin embargo, la utilización de las técnicas varía con respecto a la escuela cognitiva; el psicoterapeuta no trata de modificar creencias erróneas de forma directa y hacia otras deseadas, sino que procura desarrollar nuevos marcos de construcción de significados que puedan ser útiles y acordes a la experiencia del cliente, teniendo por tanto un carácter más exploratorio y experiencial. Además, cabe destacar que muchos autores pertenecientes a la corriente constructivista proceden de enfoques cognitivos (Mahoney, Guidano, Miró, etc…). Las psicoterapias constructivistas mantienen un enfoque ecléctico en cuanto a sus técnicas. No se definen tanto por sus herramientas sino por la forma en las que éstas se adaptan al cliente y a su desarrollo.

Otro aspecto relevante para la psicoterapia viene dado por el concepto de Maturana (2006) de Multiverso en contraposición a Universo. El concepto tradicional de Universo, y/o la creencia de que tenemos acceso a este como verdad única o absoluta, colocan al terapeuta en una posición de privilegio. Por el contrario, en línea con los preceptos posmodernistas de desacralización del saber científico, con respecto al concepto de Multiverso, el psicoterapeuta no se percibe a sí mismo como portador de la verdad única y será más flexible a la hora de considerar la realidad de su cliente. Bajo esta perspectiva, el psicólogo debe ser “humilde”, cuestionando su rol como de conocedor de la verdad y siendo cauto a la hora de asumir de antemano lo que es mejor o peor para el paciente, respetando su forma particular de dar coherencia a su experiencia y vivencias.

Derivado de lo anterior y, del rechazo posmodernista al cientifismo, la relación terapéutica, es menos directiva que en enfoques cognitivos tradicionales. Como señala Mahoney (2003), la esencia de la colaboración es un contrato igualitario y no autoritario en el que el cliente es el principal agente del cambio. El cliente es el mejor conocedor de sus propias vivencias, además de ser el actor principal de lo que sucede en su vida, es quien se ve afectado por las consecuencias positivas y negativas de sus acciones.

Por tanto, a grandes rasgos, que tu psicólogo tenga una orientación posmoderna implica que respete tu forma de construir tu realidad y acceda a la misma como un observador cualificado y no como un árbitro que establezca lo que es o no es válido.

David Martín Escudero

Botella L., Pacheco M. y Herrero O. (2001). Pensamiento Posmoderno Constructivo y Psicoterapia. Revista de Psicoterapia, Vol. X nº37.

Gergen K. (2001). Psychological Science in a Postmodern Context. The American Psychologist, 56, 803-813.

Feixas G. Saúl L. (2006). Bases Epistemológicas Intervención Psicoterapéutica Constructivista. Madrid, UNED.

Mahoney M.J. (2005 – original 2003). Psicoterapia constructiva: Una guía práctica. Barcelona, Paidós.

Maturana H. (2006). Desde la Biología hasta la Psicología. Chile, Editorial Universitaria.

Seoane J. (2011). La Evolución del Concepto del Self a lo largo del siglo XX. Madrid, UNED.

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