TLP y miedo al abandono

Collage de Sr. Emilio

El amor implica un estado de vulnerabilidad compartida. Cuando amamos, el objeto de deseo adquiere un lugar central en nuestras vidas. Todas y todos hemos visto como nuestros pensamientos, emociones y conductas se han visto condicionados por el otro. Somos seres afectivos, y en mayor o menor medida, necesitamos sentirnos queridos y querer; comprender y ser comprendidos emocionalmente. Vincularse con el otro de una forma saludable compone una tarea ardua en la que no siempre acertamos. Podemos caer en la más básica dependencia emocional, especialmente durante las primeras etapas de una relación, cuando los celos, las inseguridades, la voracidad afectiva o la entrega excesiva pueden ser lugares comunes por los que muchos transitan. Al fin y al cabo, en el momento en el que el otro pasa a formar parte importante de tu vida, aparece el temor a perderlo.

Una persona con Trastorno Límite de Personalidad (TLP), cuando está en una relación afectiva, siente como en algunos momentos su vulnerabilidad se dispara; el temor a perder el objeto de deseo lo inunda todo, amenazando con aniquilarla, con diluir su propia identidad. Sin el otro no se es nada, y el distanciamiento emocional viene acompañado de una sensación de vacío insoportable. En este pozo sin fondo se ponen en marcha diferentes estrategias defensivas, sean o no adaptativas o saludables, como son el abuso de sustancias, el conflicto exacerbado, las llamadas de atención, los intentos o amenazas autolíticas y otros comportamientos impulsivos.

El miedo al abandono (real o imaginario) compone un criterio diagnóstico del trastorno en el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición). La mera ausencia de contacto puede generar angustia, la posibilidad de ruptura y la anticipación de soledad acostumbra a venir acompañada de preocupación, celos, vigilancia o intentos desesperados de control.

TLP y miedo al abandono caminan de la mano. Las relaciones afectivas son conflictivas e inestables. Los estados de demanda y entrega se pueden alternar con otros de autonomía y huida. La entrega excesiva muchas ocasiones será acompañada de un deseo de reciprocidad y la insatisfacción de unas expectativas excesivas puede ser interpretada como la antesala del abandono.

Convivir con una persona con TLP no es fácil. Un desacuerdo, un distanciamiento, o la percepción de falta de atención (nunca es suficiente) puede generar una reacción catastrófica y el hartazgo del otro. Una profecía autocumplida, paradójicamente el terror a la invalidación, el rechazo o el abandono genera en el largo plazo más invalidación, rechazo y más abandono.  Muchos episodios de conductas impulsivas e intentos, amenazas autolíticas o autolesiones están enmarcados en este panorama relacional (Mosquera, 2011).

Vacío, identidad y miedo al abandono

Otto Kernberg relaciona el miedo al abandono con la incapacidad para desarrollar un sentido interno de sí mismos y de los demás organizado y consistente. Fonagy y Bateman (2004), otras de las voces más relevantes en el estudio del TLP, utilizan el término alteración de la “mentalización” como elemento central del trastorno. Esta última es entendida como la competencia para tener consciencia de los propios estados mentales y los de los de otros. En la misma línea, Meares (2011) utiliza el término “incoherencia personal dolorosa” para referir las dificultades identitarias y el consecuente malestar psicológico y fragmentación de la experiencia. El sentimiento de vacío y la difusión de identidad por tanto están entreveradas en la inestabilidad de las relaciones afectivas y el miedo al abandono.

Partiendo de estos aspectos, ya en territorio patrio, Álvaro Frías (2020) introduce el término identidad simbiótica para describir dinámicas de relación que abundan en las personalidades limítrofes. El miedo al abandono se compensaría, bien procurando sentirse imprescindibles y estar permanentemente presente en la vida del otro, reduciendo así la posibilidad de distanciamiento. O bien instrumentalizando la relación, convirtiendo al otro en una suerte de prolongación que satisface sus necesidades afectivas, sexuales, económicas y materiales.

El apego en el TLP

El afecto o la forma de vincularnos al otro estaría determinado por la propia experiencia con el entorno desde etapas muy iniciales. Sin desdeñar aquellos factores temperamentales, con raíces en lo biológico y hereditario, podemos decir que nuestra forma de amar es aprendida. El estilo de apego refiere la forma en que nos relacionamos con el otro y como procuramos conexión emocional e intimidad. Los estilos de apego se desarrollan durante la infancia y se sustentan en las interacciones del niño con sus figuras afectivas.

Son muchos los autores que sitúan las causas del TLP en las dificultades en la formación del apego (Kernberg, 1989; Bateman y Fonagy, 2004; Mosquera y González, 2011; Castelló 2019). En términos generales, hay cuatro tipos principales de estilo de apego: seguro, ansioso-ambivalente, evitativo y desorganizado.

El apego seguro se caracteriza por la consistencia e incondicionalidad del afecto. El niño se siente atendido, querido y aceptado. Este tipo de apego depende en gran medida de la constancia del cuidador en proporcionar cuidados y seguridad. En términos generales, el adulto con un estilo de apego seguro tendería a relacionarse afectivamente de forma saludable.

El estilo de apego ansioso ambivalente, también conocido como apego inseguro, se caracteriza por la inconsistencia en las conductas de cuidado y seguridad. En el apego  ansioso ambivalente, las estrategias del niño se pueblan de llantos y rabietas ante la desatención o la anticipación de separación. La persona adulta con este estilo de apego tiende a sentir una fuerte necesidad de contacto y aprobación. También son dados a las dudas, inseguridades y preocupación en sus relaciones, temiendo el rechazo o el abandono. La preocupación por la disponibilidad y el afecto del otro es constante y puede resultar en conductas hostiles o de control.

El apego evitativo emerge del distanciamiento afectivo. A grandes rasgos, cuando los adultos no proporcionan un ambiente seguro y predecible, el niño puede aprender a evitar la cercanía emocional. Una persona con un estilo de apego evitativo evita la intimidad y la cercana y puede tener dificultad para expresar sus sentimientos y necesidades.

El apego desorganizado parte de un entorno afectivo en el que abundan comportamientos contradictorios e inadecuados. La persona adulta puede presentar una respuesta incongruente o confusa ante la cercanía y el cuidado, y alta carga de frustración e ira que es volcada sobre la propia relación. Este último subtipo, que es especialmente relevante en el TLP, no está incluido en todas las clasificaciones ni es evaluado con todos los instrumentos psicométricos. Este hecho tiene probablemente gran relevancia en la minimización de este factor en el desarrollo del TLP (Mosquera y González, 2011).

La teoría del apego ofrece un marco teórico para la comprensión del desarrollo y mantenimiento de las dificultades relacionales propias de los trastornos de la personalidad. Un estilo de apego desadaptativo, ya sea desorganizado, ambivalente o evitativo, sería por tanto un aspecto crucial en los trastornos de personalidad, especialmente en aquellos del Cluster B.

Sin embargo, el apego o el trauma no son exclusivos ni suficientes para explicar la etiología del TLP. Crecer en un entorno con figuras negligentes no garantiza un trastorno y existen pacientes en los que no identificamos la experiencia traumática, el abuso o la desatención. No debemos olvidar la relevancia de aquellos factores genéticos que determinan rasgos de temperamento como puede ser la impulsividad, el otro gran componente de la personalidad limítrofe.

David Martín Escudero

Referencias

Bateman, A., Fonagy, P. (2004). Psychotherapy for Borderline Personality Disorder: mentalization-based treatment. New York: Oxford University Press.  

Castelló, J. (2019). El miedo al rechazo en la dependencia emocional y el Trastorno Límite de Personalidad. Alianza Editorial.

Frías, A. (2020). Alteraciones de la identidad en personas con Trastorno Límite de la Personalidad: una guía clínica para una psicoterapia colaborativa entre paciente y profesional. Desclée de Brouwer.

Kernberg, O. (1989). Psicoterapia Psicodinámica del Paciente Limítrofe. Buenos Aires, Argentina: Paidós.

Meares, R., Gerull, F., Stevenson, J., Korner, A. (2011). Is self disturbance the core of borderline personality disorder? An outcome study of borderline personality factors. The Australian and New Zealand Journal of Psychiatry, 45(3), 214–222.

Mosquera, D., González, A. (2011). Del apego temprano al Trastorno Límite de la Personalidad. Mente y Cerebro 46, 18-27.

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