¿Qué son las fobias de impulsión?

Fobias de impulsión
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MC emprende el trayecto de vuelta a casa tras una jornada laboral extenuante. Sentado en el andén espera la llegada del metro. Hace una semana escuchó en la radio que una persona se arrojó a las vías. Cuando ya escucha el sonido del tren acercándose aparece la idea de levantarse y acabar con todo. MC se angustia ante la idea, aprieta los dientes y se aferra al asiento hasta incorporarse cuando ya se han abierto las puertas de su vagón. MC ha tenido un pensamiento intrusivo similar a los que ocurren de manera recurrente en una fobia de impulsión.

El impulso o la idea de poner fin a la propia vida, ya sea saltando por un balcón, arrojándonos a la vía del tren o dando un volantazo en una autovía, ha visitado en algún momento de estrés hasta la cabeza más vitalista. Todos tenemos ideas involuntarias que cuanto menos pueden sorprendernos. Estos pensamientos intrusivos, como una pequeña herida que cicatriza espontáneamente, no suelen ser fuente de preocupación y simplemente se diluyen. Sin embargo, en algunas personas se infectan y multiplican generando un intenso malestar. Estos casos podrían conformar lo que denominamos fobia de impulsión.

Fobia de impulsión y los pensamientos intrusivos

La fobia de impulsión se caracteriza por un miedo exacerbado a hacer realidad una idea o un impulso ante el que sentimos miedo o rechazo. Es el resultado del temor a llevar a cabo el contenido de un pensamiento intrusivo.

Una fobia parte de un miedo irracional a un estímulo fóbico. La persona fóbica es consciente de que sus temores son exagerados y poco realistas. Sin embargo, en los casos más severos, la fobia puede llegar a limitar sus actividades y condicionar su día a día. Los estímulos fóbicos más comunes se relacionan con la altura, la oscuridad, las tormentas, algunos insectos o arácnidos, volar, las inyecciones o los espacios cerrados. Sin embargo, también se utiliza el término “fobia” cuando hablamos del miedo a perder el control ante un impulso o pensamiento intrusivo.

En las fobias específicas, el estímulo fóbico suele ser un objeto o situación externo a la persona. Ya sea una rata, un acantilado, el acto de volar o incluso conducir, la persona reacciona con angustia ante su proximidad. En el caso de la fobia de impulsión, el estímulo fóbico tiene un carácter interno, es el miedo ante idea o un impulso amenazante. Es decir, a la pérdida de control ante un pensamiento intrusivo y por tanto generar un daño físico o psicológico a sí mismo o a otra persona.

La fobia de impulsión y la ideación suicida

Es importante distinguir los pensamientos intrusivos de suicidio propios de una fobia de impulsión de la rumiación o ideación suicida. Los pensamientos intrusivos no contemplan una reflexión, planificación, ni un deseo real de dejar este mundo. En la ideación suicida sí existe un malestar previo, un sentimiento de abatimiento y desesperanza que subyacen en la posibilidad de poner fin a la propia vida.
Tener pensamientos intrusivos de suicidio no implica sentir un deseo real de acabar con la propia existencia. Todo lo contrario, se sustentan en el terror ante la propia muerte. Tememos ser poseídos por el impulso y no ser capaz de controlarlo.

No somos dueños de nuestros pensamientos, pero sí de nuestro comportamiento. El pensamiento refiere un proceso involuntario y en la conducta media una toma de decisiones que sí presenta un carácter voluntario. Al fin y al cabo, pensar nada tiene que ver con hacer. Aunque estas ideas pueden ser aterradoras y difíciles de controlar, es importante recordar que tener pensamientos intrusivos no significa que estemos cerca de actuar.

Por tanto, una creencia errónea propia de las personas con una fobia de impulsión, y que también encontramos en la base del trastorno obsesivo compulsivo (TOC), es sobreestimar la probabilidad de que algo se haga realidad por el mero hecho de pensar en ello.

También podemos distinguir un pensamiento intrusivo de una preocupación recurrente en dos aspectos fundamentales.

  • Mientras que en la preocupación existe un tren de pensamiento relativamente complejo y articulado, la idea intrusiva se presenta de manera más inmediata, bruta y simple; algo parecido a una imagen mental. Por otra parte, una preocupación refiere la anticipación de un escenario negativo, puede ser más o menos realista pero no interfiere necesariamente con la identidad del individuo. Las preocupaciones se consideran más egosintónicas, lo que significa que están más alineadas con nuestras creencias.
  • El pensamiento intrusivo se caracteriza por su carácter egodistónico, es decir, está en desacuerdo con la identidad o los valores de la persona que lo padece, y por ello genera una respuesta emocional. Así, si aparece la idea de arrojar el caniche de una anciana por la ventana, nos preguntamos si somos unos psicópatas, si realmente sentimos el deseo de hacer daño a ese animalito.

La mayoría de las fobias de impulsión no acostumbran a conformar en sí un cuadro psiquiátrico, sino que acompañan a otras problemáticas. A menudo están relacionadas con el Trastorno Obsesivo Compulsivo, y menor medida con los Trastornos de Ansiedad Generalizada (TAG) o con el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT). En cambio, la ideación suicida está más presente en los trastornos del estado de ánimo y en los problemas de desregulación emocional. Sin duda, el Trastorno Límite de Personalidad (TLP) es el que más integra la pulsión suicida en su identidad.

El trastorno obsesivo compulsivo puro

Las personas con un rasgo obsesivo son más propensas a generar y mantener ideas intrusas. De igual forma, estos pensamientos pueden conformar una variante del TOC que se denomina trastorno obsesivo-compulsivo con predominio de pensamientos o rumiaciones obsesivos, también llamado Trastorno Obsesivo Puro.

A menudo escuchamos otros términos relacionados como el TOC de pedofilia, TOC de amores o TOC homosexual. A pesar de que van calando en el imaginario colectivo, no son términos con validez clínica.
Tener pensamientos intrusivos no significa padecer un TOC. Algunos autores consideran los pensamientos intrusivos como una variante no clínica del TOC y se diferencia de este en tres aspectos esenciales: la frecuencia de aparición es menor, la valoración que la persona hace no es catastrófica y ante estos no existe una necesidad imperiosa de control o supresión (Morillo et al., 2003). Es decir, en el TOC puro la presencia de pensamientos intrusivos impacta con severidad en el día a día de la persona que los padece.

Otros pensamientos intrusivos

Además de la temática autolesiva, los pensamientos intrusivos relacionados con las fobias de impulsión suelen presentar una temática agresiva, sexual o religiosa. A continuación, se describen los principales tipos:

Pensamientos intrusivos de agresión, siendo especialmente frecuentes aquellos en los tememos hacer daño a un animal, un niño/a, una persona mayor o alguien que se percibe como más vulnerable.

Ideas sexualmente perturbadoras, tales como incesto, pedofilia, sadismo, zoofilia, etc. También son frecuentes pensamientos homoeróticos (mayormente en hombres heterosexuales que atribuyen un gran valor a su heterosexualidad). En este caso, la persona teme hacer o decir algo con carácter sexual temiendo ser terriblemente inadecuado.

De tipo religioso, que afecta a personas devotas cuando les asaltan ideas blasfemas o moralmente reprobables. En este caso el creyente hace o dice algo, especialmente en un contexto religioso, radicalmente en contra de su credo.

¿Qué hacer ante los pensamientos intrusivos de suicidio?

La investigación ha demostrado que los intentos de control son contraproducentes; cuanto más intentemos evitarlos, más presentes estarán. Se trata de la paradoja ansiosa o los procesos de irónicos del control mental (Wegner, 1994; Wegner et al., 1987). El paciente debe aprender a distanciarse de sus pensamientos, y recordar que tan solo son ideas involuntarias, no hechos o actos posibles. Se debe aceptar esta arbitrariedad, y disminuir los intentos de control consciente. En un proceso terapéutico, frente a otras variantes del TOC con compulsiones, en el caso de la fobia de impulsión resulta poco eficaz el uso de la exposición con prevención de respuesta, ya que no hay una respuesta asociada. En este caso, es más eficaz el abordaje cognitivo de las creencias de base que producen el núcleo del trastorno mediante reestructuración cognitiva.

También es importante observar y gestionar los impulsos de evitación de situaciones en las que pueda surgir el pensamiento temido. Al fin y al cabo, la evitación limita nuestro día a día y otorga un carácter más amenazante a los pensamientos intrusivos. Cuando los pensamientos intrusivos son intensos y frecuentes, acudir al psicólogo (si es con una orientación cognitiva de corte posmoderno mucho mejor) puede ser una buena opción.

David Martín Escudero

Morillo, C., Giménez, A., Belloch, A., Lucero, M., Carrió, C y Cabedo, E. (2003). Pensamientos Intrusos En Obsesivos Subclinicos: Contenidos, Valoraciones, y Estrategias De Control. Revista de Psicopatologia y Psicología Clínica. 8 (1). 23-38.
Wegner D.M, (1994) Ironic processes of mental control. Psychological Review 101, 34-52.
Wegner D.M., Schneider D.J., Cárter S.R. y White T.L. (1987). Paradoxical effects of thought suppression. Journal of personality and social psychology 53, 5-13.

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