El TOC homosexual

toc orientación sexual
Ilustración de Paula Gutierrez

La etiqueta TOC homosexual resulta extraña. Imagino una escena con dos pacientes en una sala de espera preguntándose por sus obsesiones. ¿Qué tal tu TOC? El mío muy bien, ahora tiene novia. Pues el mío acaba de salir del armario, es homosexual. No tiene mucho sentido, ¿verdad? Bromas aparte, el Trastorno Obsesivo Compulsivo no está vinculado a la orientación sexual.

El llamado TOC homosexual, también referido como TOC de orientación sexual, no tiene entidad clínica y por tanto no debería componer un diagnóstico. Sucede algo parecido con el llamado TOC relacional o el TOC de pedofilia, a pesar de su presencia en blogs de psicología o en la propia investigación, no están contemplados en el DSM o CIE, los principales manuales diagnósticos. Simplemente porque no han pasado la criba que afortunadamente pone freno a los impulsos de psicólogos/as y psiquiatras de convertir los conflictos del ser humano en patologías. Sin embargo, se trata de una etiqueta con un interés creciente, incluso en la comunidad clínica.

El TOC se caracteriza fundamentalmente por la presencia de ideas obsesivas, que se imponen en la mente del paciente, y que generan una reacción ambivalente, ya que pueden ser rechazadas visceralmente y al mismo tiempo ser admitidas como reales.  Asociados a estas ideas aparecen acciones obsesivas o rituales: lavarse las manos, comprobar interruptores, contar hasta un determinado número, etc. Estas acciones refieren los tipos de TOC más conocidos.

La investigación reciente ha distinguido cuatro grupos entre los trastornos obsesivos con base a sus síntomas: (i) contaminación / limpieza, (ii) simetría / orden, (iii) dudas / comprobación y (iv) pensamientos intrusivos / ritualización cognitiva (Williams et al., 2018). El TOC de orientación sexual estaría en el cuarto grupo, en el marco de los pensamientos intrusivos relativos a la sexualidad.

Prevalencia de pensamientos intrusivos en el TOC

¿Estamos obsesionados con el sexo? Es obvio que en la cultura occidental y contemporánea la sexualidad lleva asociada una amalgama de significados morales, emocionales e incluso religiosos. Se trata de un caldo de cultivo ideal en el que germinan todo tipo de obsesiones.

Las obsesiones de orientación sexual son más frecuentes entre hombres que en mujeres.  No así los pensamientos intrusivos, que no distinguen cuestiones de género. Es decir, la posibilidad de obtener excitación con personas del mismo sexo suele aparecer de manera fugaz tanto entre ellos como ellas. Sin embargo, ellos son más proclives a que este pensamiento intrusivo adquiera un patrón obsesivo. Probablemente porque culturalmente la masculinidad es más rígida en este sentido. 

Los pacientes con TOC no escapan a su contexto. Los estudios de prevalencia con muestras clínicas han arrojado conclusiones muy interesantes. Entre los pacientes que acuden en busca de tratamiento para el trastorno obsesivo compulsivo, aproximadamente el 10.5 por ciento refieren la presencia de obsesiones sexuales como síntoma principal (Williams et al., 2014).

Detonantes del ciclo obsesivo

No siempre se identifica el detonante o el inicio de la obsesión. En muchas ocasiones se identifica como detonante la incapacidad para obtener excitación o llegar al clímax en una o varias relaciones heterosexuales. En el caso de los hombres, el temido gatillazo o la dificultad para tener una erección es interpretada como un fallo en la propia virilidad. Aparece el temor: si no me excito con una mujer, tal vez comiencen a gustarme los hombres.

En otros casos, en el contexto del paciente este señala el caso de un/a familiar, amigo/a o conocido/a quien, habiendo sido siempre heterosexual, da una patada al armario dando a conocer su preferencia por personas del mismo sexo. Emerge esa pregunta: si le ha pasado a él o ella ¿me puede pasar a mí?

También es típico que el inicio coincida con un sueño lésbico u homoerótico, ante el cual el paciente comience a preguntarse por su propia sexual.

Impacto anímico de los pensamientos intrusivos

Los pacientes con TOC con obsesiones sobre su orientación sexual, se angustian más y presentan una comorbilidad con depresión mayor en comparación con las personas con TOC con otras manifestaciones (Williams y Farris, 2011)

La idea de la homosexualidad se va imponiendo sin que el paciente pueda evitarlo y comienza a tejer un relato de angustia y temor. Podríamos preguntarnos: ¿por qué tanto miedo ante la posible excitación con un igual? Al fin y al cabo, es solo sexo. Sin embargo, la preocupación por sentir excitación ante estímulos que no son asumidos como normales implica el miedo a dejar de ser heterosexual. El impacto anímico se sustenta en el temor a la pérdida de un aspecto clave en la propia identidad, la orientación sexual. Al magnificar la importancia de un simple pensamiento intrusivo, aumenta la respuesta emocional negativa ante este, alimentando el ciclo obsesivo y dando pie a un totum revolotum de zozobra y ansiedad. De manera consecuente, se anticipa la disolución del proyecto de vida, las relaciones afectivas, la propia experiencia sexual y la vergüenza de tener que aceptar la propia homosexualidad. Por tanto, el TOC de orientación sexual emerge del conflicto con la propia identidad. Si no hay conflicto, simplemente no se alimenta el ciclo obsesivo.

La duda obsesiva y algunas creencias poco útiles

El TOC no es un trastorno que conlleve necesariamente una personalidad extraña. Sí es cierto que en el TOC son frecuentes una serie de rasgos que favorecen el patrón de pensamiento obsesivo. Son pacientes que acostumbran a tener una escasa tolerancia a la incertidumbre y cierta querencia al control.   Dados estos rasgos, se preocupan ante situaciones inesperadas o ambiguas y entran con facilidad en procesos de duda obsesiva. También es cierto que otorgan una importancia exacerbada a sus propios pensamientos. Si pienso algo, probablemente es cierto. De alguna manera, lidian con sus propios pensamientos como si implicasen hechos o acontecimientos muy probables.

En el caso del TOC de orientación sexual, el paciente tiende a interpretar que, si se cruzan estas imágenes, en realidad desea mantener este tipo de relaciones. Sin embargo, tener pensamientos intrusivos de naturaleza homosexual no significa que exista una tendencia latente. De igual forma que tener un pensamiento intrusivo de agresión, como arrojar el caniche de nuestra abuela por el balcón o empujar a un pasajero en el andén cuando avanza el tren, no implica que queramos realmente eliminar mascotas o viandantes. Simplemente son ideas involuntarias que generan malestar.

La propia homofobia, desde aquella muy leve e involuntariamente interiorizada en los más progres hasta el extremismo de los preceptos “hombre blandengue” del Fari, es el principal motor del conflicto que subyace en la naturaleza egodistónica (es decir, que nos hacen sentir mal) de estos pensamientos.

La querencia al control estaría también detrás de pensamientos del tipo: si estoy en un vestuario con un equipo de futbol o a solas con alguien atractivo de mi propio sexo, puedo comenzar a sentir impulsos y llegar a perder el control. O en otra creencia típica: si los demás cuestionan mi orientación sexual, tal vez significa que vivo en un engaño. En realidad, por mucho que vaya el cántaro a la fuente… nadie acabará siendo gay.

La rigidez cognitiva también subyace en la creencia de que una persona heterosexual no puede sentir atracción ante ninguna situación que no sea puramente heteronormativa. Cualquier sensación ambigua es tildada problemática y podría atentar a la propia heterosexualidad. Sin embargo, la sexualidad no es pétrea. Al fin y al cabo, se puede ser más heterosexual que el Fari y fantasear con relaciones que no son heteronormativas.

Otra creencia típica que sustenta el ciclo obsesivo sería aquella que otorga una fluidez excesiva a la orientación sexual. Es decir, temer que ésta puede cambiar de polo en cualquier momento; si soy un hombre heterosexual y encuentro atractivo o simplemente hermoso el cuerpo de otro hombre, en realidad puedo ser una persona gay reprimida. O si doy cabida a estos pensamientos, de alguna forma mi sexualidad puede invertirse. De igual forma, si estoy en situaciones ambiguas o si veo imágenes sexuales en las que participan personas de mi propio sexo puedo excitarme y perder el control, y comenzar a alimentar atracción hacia personas de mi mismo sexo.

El componente conductual

A partir del temor al cambio en la orientación sexual, surgen una serie de comportamientos que pueden adquirir un patrón compulsivo. Algunos ejemplos son:

  • Estado de vigilancia y comprobación del propio estado de excitación ante pensamientos o situaciones en los que se interpreta un componente homoerótico.
  • Aumento de las prácticas heterosexuales, ya sean relaciones sexuales o masturbarse con porno heterosexual. En muchos casos, incluso se evita el porno en el que aparecen personas del propio sexo aunque estén involucradas en una relación heteronormativa.
  • Evitación de lugares, atuendos o comportamientos que el paciente interpreta como prototípicos de personas LGTB. Es decir, si se vive en Madrid unas cañas en Chueca pueden ser un suplicio. 
  • Evitación de contacto intimo con otras personas del propio sexo, llegando incluso a sentir temor en situaciones anteriormente inocuas, como estar a solas, tomar una caña o hacer deporte con un amigo/a.

Como podemos observar, el componente conductual está orientado a disminuir la aparición, y la ansiedad relacionada, de los propios pensamientos intrusivos de tipo sexual. Sin embargo, estos comportamientos alimentan el ciclo obsesivo. Con o sin TOC, cuando los pensamientos intrusivos o el temor al cambio de orientación sexual provoca gran malestar es importante valorar recibir atención psicológica. En estos casos, la experiencia y especialización del psicoterapeuta es un factor crucial para el éxito del proceso. 

David Martín Escudero

Referencias

Williams, M. T., Farris, S. G. (2011). Sexual orientation obsessions in obsessive–compulsive disorder: Prevalence and correlates. Psychiatry Research, 187(1-2), 156-159.

Williams, M. T., Ching, T. H. W., Tellawi, G., Siev, J., Dowell, J., Schauldt, V., Slimowicz, J. C., Wetterneck, C. T. (2018). Assessing Sexual Orientation Symptoms in Obsessive-Compulsive Disorder: Development and Validation of the Sexual Orientation Obsessions and Reactions Test (SORT). Behavior Therapy, 49(5), 715-729.

Williams, M. T., Crozier, M., Powers, M. (2011). Treatment of Sexual-Orientation Obsessions in Obsessive Compulsive Disorder Using Exposure and Ritual Prevention. Clinical Case Studies, 10(1), 53–66.

Williams, M. T., Slimowicz, J., Tellawi, G., Wetterneck, C. (2014). Sexual orientation symptoms in obsessive compulsive disorder: Assessment and treatment with cognitive behavioral therapy. Directions in Psychiatry, 34(1), 37−50.

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