Trastorno de ansiedad generalizada

TAG
Foto de Anand Krishman

M tiene una lavadora por cabeza y pasa el día centrifugando preocupaciones. Cualquier alteración en su día a día dispara un sinfín de rumiaciones. Siente que carga con un inventario de problemas, presentes y futuribles. La salud, lo economía, la familia, el amor… M anticipa escenarios y da vueltas a todas sus consecuencias e implicaciones. Prudente y comedido, para estar tranquilo necesita que todo esté bajo control. Ya sea el entorno o su propio comportamiento, sus emociones o sus pensamientos. Hace tiempo que no duerme bien y se siente agotado. M padece un trastorno de ansiedad generalizada (TAG)

Todos y todas hemos sentido ansiedad en algún momento de nuestras vidas. Se trata de una respuesta natural y adaptativa ante la percepción de amenaza. Generalmente existe un detonante, un vestigio de alerta ante un depredador que pone en riesgo nuestro bienestar. La amenaza no tiene que estar presente, podemos idearla, y acostumbra a ser la anticipación de un escenario temido. Lo que se ve amenazado, no tiene por qué ser nuestra seguridad física. Podría ser cualquier aspecto relativo a nuestro bienestar, nuestra seguridad afectiva, económica, o nuestra propia identidad. 

La ansiedad per se no es estado negativo; ya que nos indica que algo no va bien, y cuando se da en su justa medida nos ayuda a centrarnos en la búsqueda y desarrollo de soluciones. Sin embargo, cuando es excesiva, nos lleva directos al malestar y repercute negativamente en nuestras competencias y estado anímico.

En el trastorno de ansiedad generalizada, el miedo, angustia o preocupación aparecen de manera exacerbada. Mientras que en otros trastornos de ansiedad los detonantes y contenidos ansiosos presentan un carácter específico, en el TAG, los detonantes son variados. Los pensamientos ansiógenos se presentan en forma de preocupaciones por la salud, la relación afectiva, los conflictos interpersonales, el trabajo o los estudios, etc. La ansiedad en estos casos puede ser aguda y explícita o puede ser flotante o latente. 

Origen y mantenimiento del TAG

El trastorno de ansiedad generalizada suele iniciarse en la primera juventud, y en muchos casos detectamos una historia previa de miedos infantiles e inhibición social. Las personas con TAG son también propensas a padecer ataques de pánico, fobias, trastornos obsesivos  o depresión.

La preocupación excesiva, también llamada anticipación aprensiva, se sustenta en la tendencia a idear acontecimientos adversos con escasa probabilidad. Para más inri, la persona además magnificará las implicaciones negativas del escenario temido y se percibirá a sí mismo indefenso y sin recursos para hacerlo frente. El resultado es una intensidad desproporcionada en la preocupación, con el consiguiente impacto anímico y ansioso.

El origen del trastorno, al igual que otras dolencias de tipo psicológico, se entrevera en factores genéticos y ambientales. La vulnerabilidad biológica y psicológica determinan una forma de construir el mundo que generan y mantienen los estados de alerta y angustia. Arturo Bados (2015) establece un modelo que señala tres características personales en el desarrollo del trastorno:

(i) Intolerancia a la incertidumbre; la persona con TAG se siente a gusto cunado no hay demasiadas variables ajenas a su control.  Sin embargo, en el día a día son muchos los escenarios que se pueden torcer, y de forma involuntaria, la persona con este rasgo tenderá a procesar de manera preferente lo negativo y tenderá a interpretar la ambigüedad o falta de información como algo amenazante. En muchos casos, la incertidumbre llevará a la anticipación de los peores escenarios y a la magnificación de sus implicaciones.

(ii) Actitud negativa hacia los problemas. Tampoco debemos pensar que los problemas son oportunidades o retos, son problemas y la preocupación es útil porque nos hace contemplar las posibles soluciones. Sin embargo, en este caso, los inconvenientes se procesan con un exceso de pesimismo y abatimiento. Un conflicto genera un mundo de preocupaciones, y el individuo magnifica sus consecuencias e infravalora su competencia para confrontarlos o resolverlos.

(iii) Miedo a las emociones negativas o una escasa tolerancia al malestar, que es percibido como peligroso e incontrolable. Se teme el malestar y cuando este se produce se vigila de manera constante, lo cual retroalimenta el propio sufrimiento. Paradójicamente, a pesar de vivir en un mundo de preocupaciones, lejos de aceptarlas y normalizarlas, éstas se viven con angustia.

Estos tres patrones de pensamiento (intolerancia a la incertidumbre, actitud negativa hacia los problema y miedo a las emociones negativas) en la mayoría de la población clínica no son constantes. De alguna manera se mantienen latentes, como agazapados. Y se activan ante detonantes internos (ej: una sensación extraña en el abdomen) o externos (ej: unos análisis médicos) que disparan un estado de ansiedad, angustia y preocupación.

Diagnóstico del trastorno de ansiedad generalizada en el DSM-5

El TAG se caracteriza por la presencia de una ansiedad y preocupación excesivas (expectación aprensiva) sobre una gran cantidad de acontecimientos o actividades, que se prolongan más de 6 meses. De forma que se presentan los siguientes síntomas:

A. A la persona le resulta difícil controlar este estado de constante preocupación.

B. La ansiedad y preocupación se asocian a tres (o más) de los seis síntomas siguientes (en los niños sólo se requiere uno de ellos), algunos de los cuales han persistido más de 6 meses:

  • Inquietud e impaciencia
  • Fatigabilidad fácil.
  • Dificultad para concentrarse o tener la mente en blanco.
  • Irritabilidad.
  • Tensión muscular.
  • Alteraciones del sueño (dificultad para conciliar o mantener el sueño, o sensación al despertarse de sueño no reparador).

C. La ansiedad, la preocupación o los síntomas físicos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

D. Estas alteraciones no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo: drogas, fármacos) o a una enfermedad médica (por ejemplo: hipertiroidismo) y no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno del estado de ánimo, un trastorno psicótico o un trastorno generalizado del desarrollo.

Tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada

El tratamiento se orienta inicialmente a la exploración de las circunstancias vitales de cada persona y los factores estresores. Posteriormente, los dos focos principales del tratamiento del TAG son las preocupaciones excesivas y los patrones de pensamiento asociados y la regulación de la ansiedad y tensión consecuentes.

Las herramientas provenientes de orientaciones cognitivo-conductual, cognitivas e integradoras, y sus variantes llamadas de tercera generación (ej. mindfulness y terapia de aceptación y compromiso) son las más eficaces en el tratamiento del TAG. El objetivo pasa por cambiar la relación que tiene el paciente con sus pensamientos, disminuyendo la percepción de amenaza que estos suponen inicialmente y mitigando la respuesta emocional a los mismos.  Las técnicas de corte cognitivo y de relajación son particularmente útiles en el proceso psicoterapéutico.

En caso de cuadros severos y cuando existe una gran afectación funcional, el tratamiento debe contemplar la combinación de psicoterapia y tratamiento farmacológico.

David Martín Escudero

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