Síndrome de Koro

síndrome de koro
Foto de Charles de Luvio

Un día te levantas y notas que algo ha cambiado. Tu pene está diferente, se ha retraído. Angustiado, compruebas su estado una y otra vez. Pasan los días y observas como se reduce. Parece hundirse poco a poco hacia tus entrañas. Presa de la angustia y la vergüenza, comienzas a tirar suavemente, deseando contener su huida. Desesperado, crees que si lo estiras puedes hacer que vuelva a su antiguo ser. No quieres mirar, pero no puedes parar. Has oído que si desaparece morirás. No aguantas más y acudes al centro de salud (o a urgencias, si la atención primaria ha sido ya desmantelada). En la sala de espera encuentras otros hombres con rostros atemorizados. Tienen la mirada perdida y parecen apretar los muslos. Te reciben y exploran tus genitales. La médico intenta tranquilizarte. Tu pene está bien. Es Síndrome de Koro.

El síndrome de Koro se desarrolla a partir de la creencia de que el pene entra en un proceso menguante y que llegará a desaparecer dentro del abdomen, invaginándose y provocando una muerte lenta y dolorosa. Aunque de manera mucho menos frecuente, también se han documentado casos en mujeres. Ellas perciben que su vulva o pezones comienzan a contraerse o disminuir su tamaño.

En la isla de Java, Koro significa «cabeza de tortuga». Se trata de un síndrome transcultural y se da principalmente en China y algunos países del sudeste asiático. Los pacientes sufren cuadros ansiosos exacerbados y un patrón de pensamiento obsesivo relativo a sus genitales. Ante la creencia de que su pene está siendo absorbido, lo estiran de forma compulsiva intentando evitar su desaparición.

Síndrome de Koro

Aunque la concepción del miembro ideal ha ido variando con el tiempo, el tamaño del pene ha obsesionado a muchos hombres durante siglos. El Síndrome de Koro fue considerado inicialmente una forma autóctona de trastorno delirante. Si embargo, existen algunos factores que lo alejan del delirio típico.

Mientras que un delirio parte de una experiencia individual, en el caso del Koro, el miedo extremo se sustenta en una creencia compartida; la retracción del pene es un signo de muerte inminente. Al fin y al cabo, los espíritus carecen de genitales. Además, los familiares ayudan en el proceso de sujeción del pene con sedal o piedras para evitar que se invagine (Navarro et al., 2019).

También encontramos un componente moral, los hombres asocian su condición a contactos extramaritales, con profesionales del sexo, masturbación excesiva u otras prácticas sexuales percibidas como inadecuadas (Kar, 2005). Como una enfermedad de transmisión sexual, el síndrome pasa a ser algún tipo de castigo. La culpa y la ansiedad consiguientes son motores que alimentan una percepción corporal errónea.

Existen algunos mecanismos comunes con la hipocondría como es el estado de alerta o escrutinación exacerbada de una parte o función del propio cuerpo. El paciente observa de manera compulsiva su pene anticipando siempre lo peor.

Es importante señalar que el tamaño del pene no permanece inmutable. En estado relajado, ante el frio, los vasos sanguíneos cercanos a la piel se contraen para mantener el calor interno. Esto daría lugar a un pene aparentemente más pequeño. En un ambiente más cálido, si la temperatura, sudoración o ingestión de agua aumentan, el pene también crece. El estrés también puede hacer que disminuya el flujo sanguíneo en zonas periféricas. En un episodio de ansiedad aguda, el pene también puede retraerse. Algunos estudios muestran cómo provocando ansiedad relacionada con el tema en un paciente de Koro y midiendo con pletismografía el tamaño del pene, hay una disminución del flujo vascular y efectivamente, el pene empequeñece (Navarro et al., 2019). Es decir, el temor tiene, en cierto modo, un relato físico que lo acompaña. 

Casos de Koro

El síndrome de Koro fue documentado por primera vez por la medicina occidental en in 1895 (Chowdhury, 1998). Sin embargo, en algunas regiones de Asia se remonta al inicio de los tiempos.

En china se conocen al menos 5 grandes brotes. El mayor se produce en 1985, afectando a varios miles de hombres jóvenes en diferentes provincias del país. Las autoridades chinas se vieron obligadas a lanzar una campaña nacional de salud mental. En 1967 en Singapur se extendió la creencia de que la ingestión de carne de cerdo contaminado producía la retracción y desaparición de los genitales. Los servicios de salud atendieron a cientos de hombres jóvenes que acudían presa del pánico sujetándose el pene para evitar su desaparición (Mun, 1968). Y en España, en 2015, en la región de Murcia, se detectan dos casos de Síndrome de Koro (presumiblemente secundario).

Síndromes transculturales

La RAE define el concepto cultura como el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico o el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. Tradicionalmente, la perspectiva cultural en psicología ha puesto el foco en las diferentes prevalencias que se observan en algunos trastornos mentales según el sexo y contexto sociocultural. Las manifestaciones patológicas no viven al margen del entorno del individuo, su proceso de construcción y expresión emerge de una serie de variables, tanto biológicas como psicosociales.

La última versión del principal manual diagnóstico, el DSM-V, ha reducido la importancia del de los denominados «síndromes ligados a la cultura» (Ventriglio et al. 2016). Estas dolencias han sido concebidas como condiciones exóticas, ajenas y propias de culturas que han sido consideradas menos desarrolladas. Paradójicamente, diferentes dolencias propias de occidente no entrarían bajo este epígrafe, como si su vínculo a la cultura de occidente fuese algo anecdótico. Habría que ver la cara de un agricultor javanés cuando alguien le explicase la adicción a los videojuegos, un trastorno obsesivo compulsivo o el trastorno límite de personalidad. Seguramente pensaría que son dolencias muy pictóricas.  

El contexto cultural no solo otorga el nombre a este tipo de trastornos, también provee una explicación sobre su origen y desarrollo. Por ejemplo, en algunas comunidades remotas, y no tan remotas, consideran la esquizofrenia como un estado de posesión demoniaca o la despersonalización o estados disociados como un producto del contacto con el inframundo.

Por tanto, en psicología, desligar el contexto cultural de la enfermedad mental resulta una tarea estéril. Sin embargo, sí es interesante reconocer la existencia de este tipo de síndromes cuando se dan de forma específica en una determinada cultura, y en ese mismo marco debe disponer de una explicación y un tratamiento entreverado en un sistema de creencias y tradiciones con carácter local. 

Diagnóstico y tratamiento

El contexto cultural se situaría detrás de la distinción diagnóstica tradicional del Koro. El Koro Primario, sería propio de países asiáticos, partiría de factores culturales, tendría un componente de pensamiento mágico y moral, y sería considerado un síndrome transcultural típico. Por otra parte, el Koro Secundario, se daría también en occidente, partiría de variables individuales y se relacionaría con un trastorno delirante de tipo somático o con un trastorno dismórfico corporal.

Cuando existe una base compartida, en el Koro primario, el paciente suele responder a un tratamiento psicológico y farmacológico básico. Este entiende que su pene no va a invaginarse y los síntomas remiten. En el Koro secundario subyace un trastorno psiquiátrico más grave y, generalmente, más resistente al tratamiento.

David Martín Escudero

Chowdhury, A.N. (1998). Hundred Years of Koro the History of a Culture-Bound Syndrome. International Journal of Social Psychiatry 44(3), 181-188.

Mun, C.T. (1968). Epidemic koro in Singapore. British Medical Journal 1, 640-641.

Navarro, L., Calles, R., Couros de la Cruz, J. (2019). Psiquiatría transcultural. Relevancia de la cultura en la salud mental. Norte de Salud Mental 16 (61), 55-61

Kar, N. (2005). Chronic koro-like symptoms – two case reports. BMC Psychiatry 1(5), 34.

Ventriglio, A., Ayonrinde, O. Bhugra, D. (2016), Culture-bound syndromes in 21st century. Psychiatry and Clinical Neurosciences70(1), 3-6. 

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