El trastorno de personalidad por evitación

trastorno de personalidad por evitación
Foto de Juan Cañamero

Home » Trastornos de personalidad » El trastorno de personalidad por evitación

M. lleva una vida bastante tranquila. Es programador y trabaja en remoto. Habla casi a diario con sus padres, especialmente desde que se ha emancipado. Tiene un par de amigos a los que ve poco. No tiene pareja. Ha estado en varias aplicaciones de citas, pero nunca llegó a quedar. Siente pánico ante la posibilidad de ser rechazado. Le gustan los videojuegos, pasa horas encarnando un alter ego que vive aventuras en una realidad alternativa. Le gustaría ser valiente, despreocupado y atractivo como su personaje. Sin embargo, su timidez exacerbada le lleva a evitar todo tipo de contacto con los demás. M. presenta lo que en los manuales diagnósticos se define como trastorno de personalidad por evitación.

La evitación es un leitmotive que guía muchas vidas; huimos del conflicto, eludimos conversaciones incómodas, negamos verdades dolorosas, procrastinamos visitas médicas, tareas domésticas o trámites burocráticos. Procurar el placer y evadir el malestar está en nuestra naturaleza y no refiere patología alguna. También la ansiedad ante los otros, la tendencia a la evitación o la querencia al aislamiento pueden suponer lugares comunes que muchos atravesamos en un momento dado.
Un trastorno de la personalidad emerge de la prominencia, el desequilibrio, la rigidez y la cronificación de una serie de rasgos que deterioran el funcionamiento de la persona que lo padece. El trastorno de personalidad por evitación (TPE) se caracteriza por una tendencia exacerbada a la inhibición social, por la presencia cronificada de ideas de escasa valía e incompetencia y una hipersensibilidad a la evaluación negativa.

Características del Trastorno de Personalidad por Evitación

Para terceros, son personas tímidas, introvertidas o contenidas y tienden a manifestar una autoestima deteriorada por sus sentimientos de inferioridad. Pendientes del que dirán, se acercan solo aquellas personas que les hacen sentir seguros. En muchas ocasiones se confunde con ansiedad social o con un trastorno del espectro autista.

Schopenhauer afirmaba que la propia experiencia psíquica transcurre a través de la memoria y la anticipación. El sufrimiento psíquico también emerge de nuestros recuerdos y expectativas. Podríamos decir que la vulnerabilidad al rechazo sería el motor de la evitación y el temor a la exposición su gasolina.

Las personas con TEP, en su aprensión al rechazo, tienden a interpretar reacciones neutras, o incluso positivas, como negativas. Ante una felicitación o un piropo pueden barruntar que ha sido irónico o condescendiente. En contextos sociales se muestran vigilantes ante cualquier signo de rechazo o mofa, creyendo ver la repulsa en personas que ni siquiera conocen. El rechazo percibido es entendido como la confirmación de su sentimiento de escasa valía.

Se trata de un trastorno egodistónico, no están conformes con su timidez o apocamiento. Anhelan una vida diferente y fantasean con un futuro mejor, en los que tengan un animado grupo de amigos, una pareja ideal o un trabajo perfecto. En contraposición a su vulnerabilidad al rechazo, emerge el deseo de ser aceptados y relacionarse normalmente. En la tensión de ambas motivaciones surge el conflicto y la frustración.

Cabe aclarar que la personalidad evitativa se sitúa en las antípodas del estilo de apego evitativo. Las personas con TPE tienden a considerarse socialmente incompetentes y poco atractivas y viven con ansiedad una escasa actividad social restringida por un gran temor al rechazo o la valoración negativa. Por el contrario, el adulto con un estilo de apego evitativo manifiesta dificultades tanto para identificar como para expresar su afecto. En su distanciamiento emocional acostumbran a mediar múltiples estrategias de evitación, en su mayoría inconscientes. Estas estrategias están encaminadas a preservar una sensación de autonomía afectiva.

Si quieres leer algo más sobre apego evitativo, puedes hacerlo aquí.

Causas del trastorno de personalidad por evitación

Al igual que en otros trastornos de personalidad, las causas no están definidas clínicamente y se sustentan en factores temperamentales y genéticos con otros de referentes a la experiencia temprana. Sin embargo, encontramos que muchas personas diagnosticadas con trastorno de la personalidad por evitación han padecido experiencias traumáticas tempranas de rechazo por parte de sus cuidadores o su grupo de iguales.

El trauma, especialmente el trauma complejo, se enraíza en una amalgama de experiencias que, ajenas a la voluntad del sufriente, no se pudieron eludir. La persona evitativa a menudo se retrotrae a vivencias dolorosas en los que se sintió invalidada, ignorada o humillada. Desde el temor, anticipan en la interacción o exposición social una suerte de catástrofe. Se barrunta cualquier situación novedosa magnificando su carácter amenazante e infravalorando su competencia para capear la situación. De esta forma, la evitación es una forma de defensa de la propia integridad y una auto imposición, la huida. Aunque aquello de lo huye -el contacto con los otros- sea también algo deseado.

Si quieres saber más sobre el trauma complejo puedes hacerlo accediendo a este enlace.

Diagnóstico del trastorno evitativo de la personalidad

Se trata de un trastorno de personalidad incluido en el clúster C. Este agrupa aquellos trastornos de personalidad cuyos rasgos prominentes orbitan alrededor del temor, la rigidez y la ansiedad. Son personas con gran querencia al control y la anticipación (ya sea de una forma organizada o desorganizada) y generalmente con una escasa tolerancia a la incertidumbre. No existe (al menos en términos diagnósticos) una personalidad tipo C, simplemente es una etiqueta o concepto que tiene sentido en el ámbito de la práctica clínica y la investigación.

Si quieres saber más sobre el Cluster C puedes hacerlo accediendo a este enlace.

El DSM-5 caracteriza el TPE como un patrón dominante de inhibición social, sentimientos de incompetencia e hipersensibilidad a la evaluación negativa, que comienza en las primeras etapas de la edad adulta y está presente en diversos contextos, y que se manifiesta por cuatro (o más) de los siguientes hechos:
• Evita las actividades laborales que implican un contacto interpersonal significativo por miedo a la crítica, la desaprobación o el rechazo.
• Se muestra poco dispuesto a establecer relación con los demás, a no ser que esté seguro de ser apreciado.
• Se muestra retraído en las relaciones estrechas porque teme que lo avergüencen o ridiculicen.
• Le preocupa ser criticado o rechazado en situaciones sociales.
• Se muestra inhibido en nuevas situaciones interpersonales debido al sentimiento de falta de adaptación.
• Se ve a sí mismo como socialmente inepto, con poco atractivo personal o inferior a los demás.
• Se muestra extremadamente reacio a asumir riesgos personales o a implicarse en nuevas actividades porque le pueden resultar embarazosas.

Tipos de personalidades evitativas

Theodore Millon (2004), al igual que en otros trastornos de personalidad, establece una serie de subtipos en el espectro de la personalidad evitativa:
Evitativos fóbicos, con características dependientes, son aprensivos, tienden a anticipar y evitar todo aquello que temen.
Evitativos conflictivos, presentan un rasgo negativista, caracterizado por sentimientos ambivalentes hacia si mismos y los demás, son inestables y presentan conflictos y tensión interna.
Evitativos hipersensitivos, con características paranoides, son suspicaces, defensivos, cautelosos, nerviosos y críticos.
Evitativos autodesertores, con características depresivas, con una conciencia fragmentada, reprimen vivencias dolorosas y presentan una autoestima deteriorada con sentimientos de indefensión y escasa valía.

Tratamiento del trastorno de personalidad por evitación

La persona evitativa a menudo acude a terapia aduciendo problemas de ansiedad o depresión, y no tanto por la particularidad de su personalidad. El enfoque del tratamiento del trastorno evitativo debe adecuarse a sus necesidades y demandas. Al igual que en otros desórdenes de la personalidad, no es pertinente hablar en términos de ‘curación’ sino de una mejor adaptación al contexto y a las exigencias cotidianas.

La exploración y análisis de los esquemas de interpretación y anticipación de rechazo deben ser objeto de abordaje terapéutico. El proceso no debe forzar en ningún caso la participación o implicación en espacios o relaciones sociales o afectivos. El psicólogo debe adaptar el ritmo del proceso al paso del paciente.
Las orientaciones con mejores resultados son las cercanas al psicoanálisis contemporáneo. Algunos ejemplos son la psicoterapia focalizada en la transferencia o la basada en la mentalización. Estos enfoques ponen el énfasis en la comprensión, aceptación y validación como puntos de partida. Por el contrario, las terapias de corte cognitivo-conductual no acostumbran a ser eficaces en estos casos, tal vez por un foco excesivo en el cambio conductual.

David Martín Escudero


Millon T., Millon C.M., Grossman S., Meagher S., Ramnath R. (2004). Personality Disorders in Modern Life. John Wiley and Sons.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Posts relacionados

Causas del TLP

¿Qué causa el TLP?

Hace unos años un paciente me espetó en consulta: “¿Por qué, desde que tengo uso de razón, tengo esta tendencia a sufrir y liarla parda?”

Leer más »
trastorno ansiedad social

¿Qué es la ansiedad social?

Muchos de nosotros nos definimos como personas tímidas. En algunas situaciones sociales no estamos completamente cómodos, nos gusta rodearnos de personas conocidas, sentimos vergüenza a menudo y tenemos un cierto sentido del ridículo que regula nuestro histrionismo.

Leer más »