¿Qué es el estilo de apego evitativo?

Estilo de apego evitativo
Collage de Aurora Duque

El amor ocupa un lugar central en muchas conversaciones. Últimamente se habla mucho del estilo de apego. Es decir, de cómo los primeros años de vida impactan en las diferentes maneras de aproximarnos a las relaciones afectivas en la edad adulta. El estilo de apego refiere la forma en que nos relacionamos afectivamente y como procuramos conexión emocional e intimidad. En este texto, nos centramos en aquellas personas con una tendencia al distanciamiento emocional, aquellas con un estilo de apego evitativo.

La teoría del apego ofrece un marco para entender la forma de vincularnos al otro, y defiende que ésta estaría condicionada por la interacción con el entorno desde las primeras etapas de vida. Sin desdeñar aquellos factores temperamentales, con raíces en lo biológico y hereditario, podemos decir que nuestra forma de querer es aprendida. Son cuatro los principales estilos de apego: seguro, ansioso-ambivalente, evitativo y desorganizado. Estos se desarrollan durante los primeros años de vida y se sustentan en las interacciones del niño con sus figuras afectivas.

La seguridad afectiva se relaciona con un estilo de apego seguro, este se caracteriza por la consistencia e incondicionalidad del afecto. En la infancia, el niño se siente atendido, querido y aceptado. En términos generales, el adulto con un estilo de apego seguro tendería a relacionarse afectivamente de forma confiada y estable. Por el contrario, las carencias tempranas contribuyen a la inseguridad afectiva en la edad adulta.

Apego evitativo en la infancia

En el apego evitativo, encontramos unos progenitores que, por diversos motivos y generalmente de forma involuntaria, tienden a limitar su respuesta emocional a las necesidades del niño. Son padres que ignoran el llanto o la vulnerabilidad, y fomentan de forma prematura la independencia y autonomía de sus hijos. Es decir, se atiende de forma parcial o insuficiente a las demandas emocionales del niño. No estamos refiriendo una negligencia absoluta, sí pueden prestar una atención exhaustiva a otras necesidades básicas como son la alimentación, la higiene o el cuidado.

A grandes rasgos, estos niños interiorizan que el mostrar dolor o ansiedad conduce al rechazo, al castigo o simplemente a la indiferencia. Son niños y niñas que aprenden a regular sus emociones desde la autonomía o el distanciamiento emocional, y estos serán replicados en la edad adulta. 

Estilo de apego evitativo en la edad adulta

El adulto con un estilo de apego evitativo manifiesta dificultades tanto para identificar como para expresar su afecto. En su distanciamiento emocional acostumbran a mediar múltiples estrategias de evitación, en su mayoría inconscientes. Estas estrategias están encaminadas a preservar una sensación de autonomía afectiva.

Como adultos, se mueven bien en la superficie, en la evitación de la vulnerabilidad o la intensidad afectiva. Esta aparente calma puede ser percibida como falta de entrega. Sin embargo, la evitación del conflicto se relaciona con la evitación del malestar y resulta en actitudes de ambivalencia.

La persona evitativa se dice a sí misma, o al otro, que no está interesada o preparada para un compromiso, y sin embargo, continua vinculada o generando expectativas de relación en el otro. El rechazo al compromiso no es patrimonio del apego evitativo, al fin y al cabo, no toda relación debe implicar convivencia o boda.

El autoengaño forma parte del proceso evitativo. La persona arma un relato en el que se explica que tal vez no está en el momento vital adecuado, porque está temporalmente en un trabajo o en una ciudad, o porque quiere disfrutar de su autonomía afectiva. O bien elabora una suerte de listado de condiciones necesarias y previas en el otro, en la relación o en su contexto vital para establecer un compromiso. Así, piensa que la persona ideal debe tener un abdomen de hierro, o estabilidad económica, o formación de posgrado. O la relación debe fluir sin ningún tipo de obstáculo y con una compatibilidad de rasgos e intereses absoluta. O bien que debe tener la hipoteca pagada o un contrato fijo.   

Se pospone el vínculo a partir de una serie de criterios muy racionales, pero que chocan frontalmente con lo que se está haciendo, que es, al fin y al cabo, iniciar relaciones afectivas limitando la propia entrega, pretendiendo tocar el agua sin mojarse.

En otros casos se idealizan personas no accesibles o que no están interesadas, incluso otras personas con un estilo de apego también evitativo. O cuando ya se está en una relación, se flirtea con otros u otras, porque en esos momentos aparecen destellos de libertad y autonomía.  

En el día a día, se puede limitar la expresión de afecto, aunque entre en contradicción con los propios actos. Y ante la experiencia de entrega o intimidad, se emprende la huida. Así, se busca espacio cuando se ha pasado una noche de mucha ternura o cuando se ha mostrado vulnerabilidad frente al otro. En algunos casos, incluso se negocia un número máximo de encuentros por semana o mes. Se limitan los planes de futuro; y se muestra ambivalencia ante lo que sucederá en los próximos años, en las próximas vacaciones o incluso el fin de semana.

Se tiende a reservar una parcela de privacidad en pequeñas y grandes cosas, generando una sensación de rechazo o inseguridad en el otro. Se pretende escindir en departamentos estancos lo individual de lo compartido. El impulso para preservar la propia autonomía afectiva lleva a preservar tanto aspectos nimios de la vida cotidiana o como otros eventos vitales de gran importancia.

Se dosifica la proximidad física y la intimidad, porque esta genera una sensación de pérdida de individualidad. Así se establecen territorios propios rígidos, en los que el otro no es bienvenido, desde la propia cama hasta intereses, aficiones o el propio tejido social o familiar.  

En algunas relaciones, ante la propia vulnerabilidad y la demanda afectiva del otro, pueden darse ciclos de ruptura y reconciliación.  La separación temporal puede ser una forma de mantenimiento de una distancia emocional. Ante el conflicto, se huye, se establece una retirada en la que temporalmente se siente más seguro. Paradójicamente, la evitación de la propia vulnerabilidad ante el otro conllevaría una carga de dolor mucho mayor. En este punto, se emprende el retorno y la reconciliación. El resultado es agotador y genera una gran sensación de inseguridad en ambos miembros de la pareja.

¿Qué hacer ante el estilo de apego evitativo?

Establecer un vínculo afectivo en tiempos y formas que no sean las imperantes en la mayoría no implica padecer un problema psicológico. Al fin y al cabo, la evitación del afecto y el conflicto que conlleva, aunque duela, no constituye necesariamente una patología. Afortunadamente, poblamos un contexto en el que coexisten más formas de relación que aquella monolítica monogamia normativa. Y en este nicho afectivo se manifiestan de forma más explícita las diferentes formas de vincularnos con el otro. Aquel hasta que la muerte nos separe se ha diluido, y conceptos tales como responsabilidad afectiva, miedo al abandono o apego evitativo cobran relevancia en el imaginario colectivo.

Que un adulto no quiera implicarse en una relación de pareja no implica que presente un estilo de apego evitativo. Tal vez, simplemente no quiera seguir los pasos que marca la normatividad más tradicional. Tal vez no esté interesado en una relación de exclusividad sexual, o no quiera convivir, o pasar domingos de peli y manta de forma sistemática, tal vez no quiera tener una familia política presente en su cotidianidad. O quizás simplemente el otro no sea la persona elegida para ello.

El estilo de apego implica un patrón consistente en la forma de vincularnos con el otro y que conforma una tendencia presente en las diferentes relaciones establecidas a lo largo de la vida del individuo. No está escrito en piedra, se puede modular. Acudir al psicólogo puede ser una forma adecuada para facilitar un proceso de cambio. Eso sí, siempre que este sea deseado porque nuestra forma de querer genere malestar y frustración.

David Martín Escudero

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