PAS o las Personas Altamente Sensibles

Personas Altamente Sensibles
Foto de Ihor Malytskyi

¿Tienes una vida interior rica y compleja? ¿Te molesta el ruido? ¿Te incomoda el gentío o los lugares abarrotados? ¿Te saturas con facilidad? ¿Te emocionas fácilmente escuchando una canción? ¿Eres sensible a los estados emocionales de otras personas? Si has respondido afirmativamente a las cuestiones anteriores, podrías ser considerado un individuo PAS, es decir, una persona altamente sensible. ¿Tienes una vida interior rica y compleja? ¿Te molesta el ruido? ¿Te incomoda el gentío o los lugares abarrotados? ¿Te saturas con facilidad? ¿Te emocionas fácilmente escuchando una canción? ¿Eres sensible a los estados emocionales de otras personas? Si has respondido afirmativamente a las cuestiones anteriores, podrías ser considerado un individuo PAS, es decir, una persona altamente sensible. Probablemente has leído sobre este término, tal vez hayas visto reels en Instagram, incluso es posible que hayas hecho un test. Se trata de un concepto que va ganando terreno en el imaginario colectivo.

Allá en los inicios de los años 90, Elaine y Arthur Aron, una pareja de investigadores en el ámbito de la psicología, comenzaron a investigar las respuestas individuales ante estímulos sensoriales similares. Introducirían el concepto “sensibilidad en el procesamiento sensorial” (SPS) como un rasgo neuropsicológico que permitiría detectar diferencias sutiles en los estímulos y un procesamiento de la información sensorial profundo.

Ambos autores asociaron la SPS a lo que denominarían personalidad altamente sensible. Es decir, un patrón que impacta en nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar, que se muestra consistente en diferentes situaciones y a lo largo del tiempo. Las personas altamente sensibles presentarían una mayor activación cerebral de las regiones involucradas en la atención y la planificación de acciones, así como regiones vinculadas a la conciencia, la integración de información sensorial y la empatía. Desde una perspectiva evolutiva, la alta sensibilidad en el procesamiento sensorial resultaría adaptativa, ya que ante situaciones de emergencia aumenta la plasticidad y la variedad de respuestas. Ambos autores sostienen que cerca del 20% de la población manifiesta una elevada sensibilidad.

Ya madurada su teoría y probablemente ávida de seguidores, en 1996 la autora publica “El don de la sensibilidad: las personas altamente sensibles.” Años más tarde encontraríamos las secciones de autoayuda pobladas con sus otros éxitos editoriales: “El don de la sensibilidad del amor”, “El don de la sensibilidad en la infancia” o “Manual de trabajo de la persona altamente sensible”.

¿Cómo es una PAS?

Elaine Aron señala cuatro aspectos clave que configuran la personalidad de una PAS. Estos serían (en inglés): deep processing, overstimulation, strong emotions y sensitive to subtleties

1. La persona con alta sensibilidad presenta una tendencia a procesar la información de forma profunda. Es decir, rumian, reflexionan y dan vueltas a cualquier aspecto que les perturbe por nimio que sea. 

2. Son individuos que tienden a sentirse saturados en entornos complejos. La autora defiende que, dada la particularidad de su sistema nervioso central, tienden a colapsarse cuando existe más información de la que pueden procesar.

3. La persona con alta sensibilidad presentaría emociones más agudas. Es decir, la alegría, la tristeza, el enfado, el asco o el miedo son experimentados con una mayor intensidad.

4. Por último, son más sensitivas y empáticas, y por tanto, notarían cambios sutiles en el entorno y en el estado emocional de las personas con las que se relacionan.

Debido a estos cuatro factores, las personas altamente sensibles tendrían la competencia para detectar detalles en su entorno que pasan desapercibidos para el resto de los mortales. Pueden intuir conflictos intrapersonales cuando estos son realmente tenues, mostrando una gran empatía e intuición. Son perfeccionas y poseen una gran habilidad para ensimismarse en sus ensoñaciones y reflexionar sobre lo humano y lo divino.

¿Qué pasa si eres una persona PAS?

Existen personas altas, morenas y de complexión delgada. También existen personas que destacan por su empatía, optimismo, introversión o inteligencia. A priori, no existe ningún motivo por el que podamos rechazar la idea de que existen personas altamente sensibles. Cuando planteamos la sensibilidad como rasgo de personalidad, parece natural asumir que puede presentarse de forma exacerbada en un porcentaje elevado de la población.

En el ámbito de la investigación han surgido muchas voces críticas que señalan la deficiente validez del constructo y la escasa fiabilidad de las investigaciones. La alta sensibilidad correlaciona con una baja apertura a la experiencia, así como con unos altos niveles de neuroticismo e introversión. Es decir, ya existirían otros constructos que describen el rasgo.

Podemos atribuir la popularidad del concepto a su capacidad para reinterpretar rasgos poco atractivos como aspectos deseables socialmente. Existe una connotación positiva en la alta sensibilidad, es decir, explica de una forma egosintónica un rasgo de personalidad exacerbado. Estamos mucho más conformes con la idea de que somos altamente sensibles que con aquella que implica que tenemos dificultades para regular nuestras emociones, o aquella otra que indica que sentimos cierta ansiedad social o que tendemos a rumiar de manera obsesiva sobre conflictos interpersonales.

Se trata de un asunto peliagudo. En consulta encontramos personas que se sienten identificadas con el término PAS y asumen que se trata de una forma permanente de estar en el mundo. Han recibido este “diagnóstico” como si se tratase de un tipo de neurodivergencia. Por tanto, se muestran resistentes a atribuir su problemática a otras cuestiones con validez clínica, como son un rasgo de personalidad límite, distimia, ansiedad o TDAH, y que deben ser encauzadas por un proceso psicoterapéutico específico.

El concepto PAS y la proliferación de cuestionarios autoadministrados en internet podría estar facilitando el efecto Forer, aquel que hace que nos sintamos identificados cuando las descripciones son amplias y repletas de lugares comunes. El hype del PAS pasa por una interpretación simplista de sus preceptos y en la magnificación de sus implicaciones. No es casual que el término carezca de validez clínica; afortunadamente no patologizamos todo aquello que se sale de la norma.

Sin lugar a duda, el trabajo de Elaine Aron, especialmente en sus inicios, merece respeto intelectual. Sus aportaciones han cuestionado la hegemonía del big five y ha posibilitado la apertura de vías de investigación interesantes. El problema podría estar en como cuestiones propias del ámbito de la investigación se transforman en tendencias.

Como ya sucedió con el síndrome de Peter Pan, el concepto limerencia, el síndrome de la cabaña, el síndrome del impostor, el toc de amores, o la propia psicología positiva, observamos una amalgama de conceptos introducidos en un imaginario colectivo ávido de entenderse a sí mismo. En muchísimos casos, se trata de algo positivo y enriquecedor. Sin embargo, en su mutación en moda puede acabar promulgando una visión reduccionista enfocada a la venta de libros de autoayuda y la formación indiscriminada de coaches empáticos, intuitivos y super sensibles.

David Martín Escudero

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