¿Qué es la terapia de aceptación y compromiso?

Terapia aceptación y compromiso
Imagen de Joel Overbeck

Definir la terapia de aceptación y compromiso (ACT, en sus siglas en inglés) es complicado, algunos la han descrito como una “terapia de orientación cognitivo-conductual existencial humanista”. La ACT bebe de la tradición cognitiva y del contexto de posmodernidad en el que surge. Su fundamentación epistemológica asume preceptos posmodernos y constructivistas, el enfoque teórico tiene una marcada orientación empírica y academicista, y en la técnica da un giro de tuerca incluyendo elementos de terapias cognitivas típicas, conductuales y humanistas.

La ACT no guía al paciente para que intente de forma deliberada la reducción de los síntomas. Por el contrario, los síntomas se diluyen tras su análisis y aceptación. Es importante no confundir aceptación con resignación, en este caso aceptar implica cesar en la lucha o mitigar de forma paulatina los intentos de control.  

Existe un consenso generalizado en la comunidad académica en que la Terapia de Aceptación y Compromiso es la más completa de las denominadas Terapias de Tercera Generación. La ACT ha demostrado su validez y efectividad para una amplio abanico de condiciones clínicas, especialmente trastornos de ansiedad, obsesivo-compulsivos, afectivos y de personalidad.

En la ACT, la concepción de la psicopatología se relaciona con la rigidez cognitiva. Dicha rigidez se sustenta en la evitación de experiencias negativas, la anticipación excesiva, la falta de conocimiento y de compromiso con los propios valores y la fusión cognitiva. El objetivo principal de la terapia de aceptación y compromiso es mitigar la rigidez psicológica para lo que emplea algunos procedimientos básicos como la aceptación, estar en el presente, el desarrollo y el compromiso con los valores propios,y la de-fusión cognitiva. El desarrollo de estos procesos no se desarrolla a través de un proceso estructurado, sino más bien a modo de guía que se ha de adaptar a cada caso y problemática.

Los componentes de ACT se han presentado con ligeras variaciones en diferentes aproximaciones. A grandes rasgos, la exploración y análisis de la problemática del paciente y la delimitación de los objetivos, se disgregan en seis aspectos centrales.

1. Aceptación

La aceptación implica conocer y aprobar nuestra experiencia emocional, es decir, nuestros pensamientos y sentimientos. Se relaciona con renunciar a los intentos constantes de evitación y de control de toda experiencia negativa. Es decir, a dejar de luchar contra nosotros mismos o la vivencia de “emociones negativas”.  

De esta forma, la aceptación de nuestra experiencia presente contribuye a que lo en muchas ocasiones nos parece un malestar insoportable pase a ser simplemente un momento desagradable, mitigando así el grado de ansiedad.

2. De-fusión cognitiva

La de-fusión cognitiva es una técnica proveniente de las terapias cognitivas típicas, adoptada por la ACT como un pilar básico. Consiste en cambiar la forma en la que nos relacionamos con nuestros pensamientos. En lugar de intentar evitarlos, controlarlos o cambiarlos, deberemos observarlos como son lo que son: lenguaje interiorizado e imágenes, distanciarnos de ellos y observar como la respuesta emocional disminuye paulatinamente. En este proceso, aprendemos a cambiar nuestra relación con pensamientos y emociones consecuentes, tratándolos como lo que son y no como hechos.

3. Experiencia presente

Al igual que en el “mindfulness” y algunas terapias de corte humanista, se enfatiza en la percepción en el momento presente. El presente es el único momento que podemos vivir. Nuestra relación con el aquí y ahora, con una actitud flexible y relacionándonos de manera adaptativa con las vivencias pasadas y las venideras, son aspectos clave en nuestro bienestar.

4. El “Yo observador”

Otro aspecto muy intrincado con los anteriores implica desarrollar el “yo observador” y desprenderse del “yo conceptualizado”. Es decir, se trata de fortalecer una narrativa interna que analice con cierta distancia lo que nos sucede en aquellos momentos conflictivos. De igual forma, se trata de mitigar el apego hacia nuestras propias narraciones. Desde la perspectiva del yo como observador vemos las cosas desde un punto menos crítico, más analítico y enriquecedor.  

5. Claridad de valores

En este caso, y a medio camino entre enfoques humanistas y cognitivo-constructivistas, el trabajo terapéutico se dirige a la exploración de los propios valores y objetivos de desarrollo personal. Se trata de la exploración de los significados y constructos nucleares que conforman la identidad del individuo.

6. Acción comprometida

Con un corte más propio de terapias conductuales, la acción comprometida nos invita a la acción. Los objetivos deberán ser siempre realistas y alcanzables, y estar alineados con nuestros valores, significados o constructos identitarios y no tanto por la presión normativa o las imposiciones sociales.

David Martín Escudero

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