Limerencia o la obsesión por el amor

Limerencia

El cine está plagado de clichés romanticones con final feliz. El ideal romántico hollywoodiense pasa por hacernos creer que el amor verdadero es aquel que emerge en las circunstancias más adversas. El o la protagonista se enamora a pesar del conflicto o la falta de reciprocidad. Tras una trama repleta de dificultades, triunfa el amor cuando el objeto de deseo parece tener una epifanía en la que finalmente corresponde a nuestro/a protagonista. La limerencia constituye una forma de obsesión por el amor en la que se alimenta el vínculo afectivo bajo el onanismo del manido y perjudicial “el que la sigue la consigue”.

Muchos y muchas desean enamorarse sobre todas las cosas. En la realidad, no siempre hay final feliz y en algunos casos, puede suponer una fuente de ansiedad y deterioro anímico. Al fin y al cabo, tomamos más lorazepam por las plegarias atendidas que por las que quedan por atender.

Del enamoramiento a la obsesión

Son muchos los conceptos que se han introducido refiriendo diferentes formas de obsesión por el amor. Desde la clásica erotomanía o síndrome de Clearembault, pasando por la dependencia emocional, el más reciente el TOC de amores o la propia limerencia.

En el poco común síndrome de Clérembault, la persona pierde contacto con la realidad en su obsesión por el objeto amado. Se trata de una condición paranoide cuyo delirio relata un romance con una persona generalmente ajena al círculo del paciente. El objeto de deseo acostumbra a ser alguien inalcanzable, por su estatus social, económico o situación amorosa, y con quien generalmente no se ha mantenido una interacción relevante. Pese a ello el paciente mantiene una inquebrantable fe en que es correspondido y observa mensajes ocultos o signos de reciprocidad en los más nimios detalles.

En el pobremente denominado TOC de amores (como me incomoda este término), se describe un patrón obsesivo por los propios sentimientos, ante la duda de si se ama o no se ama al objeto de deseo.

La dependencia emocional, parte de un desequilibrio en la propia dinámica de relación de pareja y se caracteriza por la presencia de un vacío o necesidad afectiva que se intenta cubrir a través del otro. El dependiente acostumbra a mantener relaciones desequilibradas e inestables, en las que asume un rol sumiso favorecido la idealización de la relación o del otro.

El término limerencia es acuñado por Dorothy Tennov en 1979, en su libro Love and Limerence The experience of being in love. La etimología podría referir la conjunción de 2 palabras: limerick (quintilla) y romance. La limerencia es definida por la autora como un estado involuntario e interpersonal que implica un deseo agudo de reciprocidad emocional, con pensamientos, sentimientos y comportamientos obsesivos, y dependencia emocional hacia otra persona. Parece un popurrí de todo lo anterior, o un subtipo de dependencia en el que no es imprescindible mantener una relación de pareja. En este caso, ambos pueden ser amigos, compañeros de trabajo, amantes, vecinos, etc.

¿Cuáles son las características de la limerencia?

Es importante insistir en que la limerencia no puede ser considerada un trastorno psicológico. Pese al debate, la mayoría de los términos pseudo clínicos relativos al amor no componen diagnósticos válidos ni tienen entidad clínica. Afortunadamente, existen una serie de criterios que todo síndrome, trastorno o enfermedad debe cumplir para ser considerado tal. Establecer un vínculo afectivo de una forma disfuncional no implica que se padezca una enfermedad mental. Al fin y al cabo el conflicto, aunque duela, no constituye necesariamente una patología.

Sin embargo, hay algo bastante interesante en la propuesta de la autora, ya que se sustenta en un trabajo de campo exhaustivo y describe un patrón afectivo relativamente común, resultante de unos rasgos individuales y una construcción colectiva del amor romántico.   

Idealización del otro

La idealización del otro acostumbra a formar parte del enamoramiento. Más allá de esta etapa inicial, los miembros de la pareja tienden a establecer imágenes realistas del otro. La limerencia implica la construcción del vínculo afectivo desde la distancia de la idealización, desde la ausencia de retroalimentación o reciprocidad. Situamos el objeto de deseo en la distancia, lo adoramos sin haber recibido una confirmación de reciprocidad. Se establece el vínculo a modo de soliloquio afectivo. Sin embargo, en esta suerte de obsesión subyace un profundo deseo de ocupar un especial para el otro.  La naturaleza del deseo no tiene por qué tener un carácter sexual, puede referir el ímpetu de ser amados por el otro o la preocupación constante por su bienestar.  

Obsesión por el otro

Otro aspecto característico refiere la rumiación constante sobre el objeto de deseo. Ya sea en forma de pensamientos intrusivos o ideación fantasiosa, el otro ocupa el eje de la existencia del limerente. Cualquier situación puede ser detonante de pensamientos sobre él o ella; orientados tanto a la recreación de momentos pasados como a la posibilidad de contacto o afecto futuro.

El enamoramiento propio de la adolescencia o de las primeras etapas de juventud tiene muchas similitudes con la limerencia. Por el contrario, mantener esta forma de enamoramiento exacerbado y continuado en la edad adulta genera insatisfacción y malestar.

Miedo al rechazo

La posibilidad de ser rechazado produce angustia. Por ello es común que el limerente presente muchas resistencias a confrontar al otro, es decir, a hablar abiertamente de sus sentimientos o del desequilibrio en la relación. El temor al rechazo hace que se mantenga en una ambivalencia continuada.

Autoengaño

Al contrario que en el síndrome de Clérambault, no existe pérdida de contacto con la realidad. La persona enamorada deambula entre la consciencia de no reciprocidad y la expectativa de ser en algún momento reconocida como objeto de deseo. El limerente se agarra a un clavo ardiendo para dar continuidad a su relación con el otro, a pesar de su insatisfacción.

El autoengaño es clave. La persona limerente tiende a procesar de manera prioritaria todos aquellos signos que le indican que es alguien especial para el otro, que tal vez algún día sea correspondido/a. Aquellos aspectos que no son coherentes con su deseo son relegados a un lugar secundario en el tren de pensamiento. No se llega a desligar de la realidad, simplemente ésta se percibe de una forma muy sesgada.

¿Qué hacer ante la limerencia?

La limerencia puede ser un estado transitorio; esta forma de afecto puede agotarse ante la aceptación final de la falta de reciprocidad, la consumación de la relación o transferirse hacia otro objeto de deseo. Esta forma de sentir no constituye un proceso rígido. Es posible romper el ciclo y mantener relaciones que nos hagan felices. Para salir del bloqueo afectivo es necesario entender su funcionamiento y naturaleza obsesiva y eliminar toda forma contacto con el otro.

Buscar apoyo psicológico puede ser una opción. Un buen punto de partida para buscar soluciones será la toma de conciencia y entendimiento del problema. El proceso psicoterapéutico debe centrar su atención en la exploración y análisis de las necesidades emocionales, las formas en los que estás son satisfechas y las dinámicas consecuentes. La persona debe tomar conciencia de la de la problemática y su impacto. También deberá asumir responsabilidades, fomentar espacios individuales, otras relaciones sociales o afectivas y revisar sus creencias sobre el amor.

David Martín Escudero

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