Kohut y la furia narcisista

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El cine ha mostrado retratos fantásticos de perversos y perversas narcisistas. En Gone Girl (David Fincher, 2014) observamos a una gélida Amy interpretada por Rosamund Pike desplegando toda su furia narcisista sobre su marido infiel, Nick, al que da vida Ben Affleck. Viéndose atrapada en una vida mediocre y una relación deteriorada, cuando se acerca su aniversario, Amy desaparece y escenifica su propio asesinato incriminando a Nick. La protagonista emprende una huida meticulosamente planificada que en sus planes iniciales finaliza con su propia muerte. Amy ejemplifica a la perfección al perverso narcisista: carente de empatía, manipulador y extremadamente sensible a la ofensa. Este fantástico thriller explora (e hiperboliza) la furia narcisista; el proceso de destrucción del otro (y del sí mismo) cuando la identidad del narcisista se siente amenazada.  

Probablemente el narcisismo en cotas patológicas constituye el trastorno con peor prensa de todos aquellos tipificados por la psiquiatría. Tememos a las personas con rasgos narcisistas, en ocasiones de manera injusta o desproporcionada; no toda persona narcisista es perversa o malintencionada.

Furia narcisista

Heinz Kohut introdujo el término furia narcisista para explicar el comportamiento hostil que en ocasiones desarrollan estas personas. Cuando un individuo con un rasgo narcisista se siente maltratada, infravalorada o invalidada, o incluso descubierta o confrontada, contrataca sin escrúpulos. La ira narcisista es epítome de aquel la mejor defensa es un buen ataque.  Es una huida hacia delante en la que el narcisista deshumaniza al otro.  Es la agresión ante la anticipación de amenaza. No se da solo ante la ofensa, la furia se manifiesta cuando la necesidad de ser admirado por las propias cualidades (reflejo) no se satisfacen. El desafío a su autoridad o a su valía son percibidos como ataques directos, desencadenando su inquina. 

En la vida real, la ira narcisista se asemeja más a un silente e insidioso acoso y derribo, poblado con algunos exabruptos de hostilidad. Estos son dirigidos a cualquiera, allegado o desconocido, que ose ofender al narcisista. Marie France Hirigoyen, en su célebre ensayo Acoso Moral: el maltrato psicológico en la vida cotidiana (1998), afirma que la perversión no proviene del trastorno psiquiátrico per se, sino de la fría racionalidad y la incapacidad para considerar a los otros como seres humanos. Una minoría de estos perversos narcisistas comete actos delictivos, una amplia mayoría utiliza sus habilidades de adaptación para medrar dejando un reguero de personas heridas. La autora utiliza el término acoso moral para describir este proceso de devastación en el ámbito sexoafectivo, familiar o laboral.

En la práctica psicoterapéutica, son pocos los pacientes cuya demanda se relaciona con su propio narcisismo. Generalmente acuden motivados por un estado anímico decaído, estados ansiosos o dificultades en sus relaciones sexoafectivas o familiares. No son procesos fáciles y son muchos los profesionales que bajan los brazos ante estos casos. Sin embargo, existen aproximaciones terapéuticas pueden conseguir mejorías en la cohesión y estabilidad identitaria, la empatía y las relaciones interpersonales.

La psicoterapia basada en el self

Heinz Kohut es uno de aquellos referentes que renovaron el psicoanálisis en la segunda mitad del siglo pasado.  Junto con Otto Kernberg, pertenece a lo que podríamos denominar la vanguardia psicoanalítica; un grupo de investigadores que trajo aire fresco a la interesante, aunque ya rancia, perspectiva freudiana. 

Kohut desarrolló un enfoque que se denominó psicoterapia basada en el self (“sí mismo”), cuyos mimbres partieron de preceptos freudianos y de otros grandes del psicoanálisis como Melanie Klein o Donald Winnicott. Este grupo de psicoanalistas compartía como premisa la idea de que los vínculos tempranos dan forma a la estructura psíquica adulta.

Los trabajos de Kohut se distancian del psicoanálisis clásico en varios aspectos cruciales. Mientras que Freud pone el foco en los conflictos intrapsíquicos, especialmente los relacionados con la sexualidad y la agresividad reprimidas, Kohut puso el énfasis en el desarrollo del self y en la necesidad de relaciones empáticas, consistentes y harmónicas para una personalidad saludable.

Kohut propuso que muchos trastornos psicológicos, especialmente aquellos hoy tipificados en el Clúster B, y en particular el trastorno narcisista de la personalidad, emergen de déficits en el desarrollo debido a experiencias tempranas con figuras de apego que no respondieron adecuadamente a las necesidades emocionales del niño.

Si quieres leer más sobre el Clúster B puedes hacerlo en este enlace.

Al contrario que en la práctica freudiana, donde el psicoanalista actúa como un cirujano, la empatía del psicoanalista es especialmente relevante. Muy en sintonía con la psicoterapia focalizada en la transferencia de Kernberg, el psicoterapeuta actúa como un apoyo al paciente en la reparación de los déficits estructurales del self.

Así, la psicoterapia psicodinámica freudiana clásica se basa en la interpretación, en hacer consciente lo inconsciente para resolver el conflicto intrapsíquico. Kohut, en cambio, no enfatiza tanto la interpretación sino en la experiencia empática sostenida para posibilitar un self más cohesivo y funcional.

El proceso psicoterapéutico

El psicoanalista, en un esfuerzo por lograr la cicatrización de la herida narcisista del paciente, entabla con él una relación en la que la empatía es el ingrediente primordial. La empatía es para la vida psicológica del individuo lo que el oxígeno para la vida biológica. La restauración del self en terapia implica la creación de un ambiente terapéutico seguro y empático donde el paciente pueda generar competencias que no fueron desarrolladas adecuadamente. 

El terapeuta, a través de la empatía y la interpretación, ayuda al paciente a: 

  • Explorar y comprender sus necesidades, guiando al paciente en la identificación de las experiencias deficitarias pasadas y su conexión con el presente, y cómo estas han afectado su sentido del self. 
  • Integrar las experiencias, trabajando en la asimilación de estas experiencias, permitiendo al paciente desarrollar una mayor cohesión y estabilidad interna. 
  • Desarrollar relaciones más saludables, el paciente explora las dinámicas relacionales y aprende a establecer relaciones más satisfactorias basadas en sus necesidades reales. 

La restauración del self del narcisista es un proceso que busca reparar las fallas de su desarrollo, permitiendo al individuo alcanzar una mayor integridad, autoestima y capacidad para relacionarse de manera saludable. Sí, hay esperanza para para la persona narcisista, hay posibilidad de mejora. No son procesos fáciles. Son muchos los que abandonan al sentirse confrontados o cuestionados. Sin embargo, con voluntad y mano izquierda, el rasgo narcisista puede ser mitigado.   

David Martín Escudero

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