Dependencia emocional en la adolescencia

Foto de Eliott Reyna

“Grease” es ese fantástico musical con el que fue torturada toda una generación (sin desmerecer el tormento propiciado por “Sonrisas y Lágrimas”). Sandy, encarnada por una treintañera Olivia Newton John, es una virginal adolescente que tras un fugaz amor de verano debe integrarse en un nuevo instituto. John Travolta es Danny, el chico malo (pero muy sensible) que reina en ese centro. Tras idas y venidas, el final feliz pasa por la renuncia de Sandy a su propia identidad. La anteriormente chica modosita se enfunda una licra negra, carda su pelo, fuma y finalmente “feels chills multiplying” para complacer la expectativa de Danny, del grupo de iguales y de la audiencia. La cruda moraleja implica que el amor requiere renunciar a ser quién eres para complacer al otro. Un caso más en la cultura pop de dependencia emocional en la adolescencia.  

La adolescencia compone una fase que conlleva un proceso de adaptación a las demandas de un nuevo contexto. Adolescencia no es sinónimo de crisis, pero se trata de una etapa a la que hay que prestar especial atención. Muchas de las dificultades surgen a partir del proceso de construcción de la propia identidad y los vínculos afectivos, tanto en el grupo de iguales como en la pareja.

La dependencia emocional en la adolescencia puede cobrar especial relevancia. Por una parte, debido a la vulnerabilidad de esta etapa del desarrollo y por otra, por la propia naturaleza de la dependencia.

Dependencia emocional y los más jóvenes

La dependencia emocional implica un patrón persistente de necesidades afectivas y comportamientos no adaptativos orientados a la satisfacción de dichas necesidades (Castelló, 2000). Vincularse con el otro de una forma saludable no es una tarea fácil e implica competencias que no vienen de fábrica. Los celos, las inseguridades, la entrega excesiva son procesos en los que podemos caer en cualquier etapa vital, pero en la juventud son más comunes. La experiencia de vida otorga aprendizaje y generalmente conlleva una mejoría en las relaciones afectivas.

Observamos que la dependencia emocional es más frecuente e intensa en la juventud, y tiende a matizarse en la edad adulta. La investigación con población española general arroja una prevalencia en población adulta cercana al 11%. Un estudio reciente llevado a cabo en Madrid estima una prevalencia de dependencia emocional en la adolescencia del 23,3% (Valle y Moral, 2018).

Muchos autores señalan un declive en las competencias de regulación emocional en las generaciones más recientes. Podemos hablar de un modelo parental y educativo que podría tender a la sobreprotección y que habría generado, en algunos casos, pequeños déspotas con escasa tolerancia a la frustración y dificultades para su regulación emocional. Cuando estos se aproximan a la vida adulta, trasladan su sentimiento de vacío y sus déficits emocionales al ámbito de la pareja. Moral defiende que la prolongación artificial de la adolescencia propia del modelo social actual ha dado lugar a un descenso de la competencia emocional en las últimas décadas, experimentando los jóvenes actuales cada vez más problemas emocionales, de ansiedad y de depresión (Moral y Ovejero, 2004).

Sin embargo, los jóvenes actuales también han traído una fantástica evolución a las relaciones afectivas. Han aportado una mayor flexibilidad en cuanto a los roles de género, en las diferentes dinámicas relación o una mayor fluidez en la orientación sexual.

Signos de dependencia emocional en la adolescencia

Las personas con una dependencia saludable tienen una identidad fuerte, confían en los otros y tienden a un autoconcepto adecuado sin tener miedo a estar solos ni a que los demás les abandonen (Bornstein, Geiselman, Eisenhart, y Languirand, 2002). Sin embargo, cuando esta necesidad es extrema las relaciones dejan de ser sanas y adquieren un carácter negativo para el desarrollo de la pareja. En los patrones dependientes apreciamos los siguientes signos.

Inestabilidad emocional

El estado anímico del joven dependiente varía en función del estado de su relación de pareja y la atención recibida del otro. Cuando el otro o la relación con cumple con unas expectativas sobredimensionadas aparecen los sentimientos de culpa, de abatimiento y/o vacío. Una fisura en la relación genera un sufrimiento intolerable que solo puede verse superado por la restauración del equilibrio en la relación. En cierto sentido, se otorga al otro la competencia para regular el propio bienestar.

Creencias disfuncionales sobre el amor

El sistema de creencias y valores del adolescente dependiente es un totum revolutum de conceptos románticos propio de tragedias griegas y comedias románticas de los años 90. Al fin y al cabo, el ideario colectivo está infestado de amores trágicos, finales felices, entregas completas, amores super reñidos y muy super queridos, de historias en las que el que la sigue la consigue, de medias naranjas y naranjas completas, etc.  La vida órbita alrededor del amor, lo demás es secundario. La relación de pareja se convierte en el eje de su existencia. Se antepone el amor a otros ámbitos de la vida, resultando en muchas ocasiones en la desatención de estudios, aficiones, familia, amigos, etc.

Búsqueda de aprobación externa.

Los y las jóvenes dependientes tienden a procurar de una forma exacerbada la aprobación externa. Su identidad es validada por el otro, buscando agradar o complacer constantemente a su pareja. En algunos casos, se llegan a dejar de lado sus propias necesidades individuales. El fin es sentirse querido y aceptado, y para ello cualquier medio es válido. Cuando no están en pareja, esta necesidad de traslada a sus iguales o al grupo.

Autoestima frágil

El autoconcepto y la autoestima están mediadas por la percepción del otro. Y en muchas ocasiones se ve deteriorados a medida que aumenta el desgaste en la relación. La autoestima es vulnerable cuando depende del otro, en particular para aquellos que están en una etapa de desarrollo y descubrimiento del amor. La fragilidad se exacerba cuando los referentes románticos están por doquier. Al fin y al cabo, el proceso de construcción identitario es compartido, es especialmente dinámico en la adolescencia y juventud y se edifica sobre el grupo de iguales.

Exclusividad exacerbada

Otro aspecto clave refiere la demanda de exclusividad. La entrega incondicional también implica una demanda de reciprocidad. La persona dependiente siente la necesidad de corroborar que el otro está sólo para ella. En la necesidad de exclusividad, aquellos ajenos a la pareja pueden ser percibidos como rivales. En algunos casos, llegan a aislarse ellas mismas y a sus parejas.

Necesidad de contacto continuado

Existe una necesidad excesiva de contacto con el otro, lo que se traduce en un deseo de acceso constante, ya sea de forma física o través de Whatsapp o redes sociales. Esta voracidad afectiva del dependiente puede resultar agobiante e incómoda para el otro.

Miedo al abandono

En tiempos de Instagram, Tinder o Grindr, la posibilidad de encontrar una pareja mejor se asoma tras cada esquina. Vivimos expuestos a las vivencias ajenas; rivales atractivos y sonrientes distribuyen sus vidas a través de múltiples posados. La persona joven se compara y compara al otro con otros especímenes coetáneos. Aparece la tentación propia o proyectada en el otro y se convive con una posibilidad constante de abandono. Cuando la pareja no satisface unas expectativas exacerbadas de entrega o exclusividad, puede interpretarse como el inicio del abandono, generando gran temor y malestar. Aparecen los comportamientos territoriales, celosos y de control.

“El instinto social de los hombres no se basa en el amor en la sociedad, sino en el miedo a la soledad”

(Arthur Shopenhauer)

Miedo a la soledad

La evitación de la soledad y el miedo convertirse en un paria compone otro de los signos de dependencia emocional entre los jóvenes. La soledad en esta etapa vital acarrea el estigma del fracaso. Para la persona joven, admitir que está sola implica fallar aspectos fundamentales; ya sea el sentido de pertenencia al grupo, el afecto o el sexo. El aislamiento es demonizado, es signo de inadecuación, de fracaso.

Asimetría en las relaciones

Las relaciones que establecen las personas dependientes corren el riesgo de ser subordinadas y asimétricas. Las personas dependientes pueden llegar a asumir el sistema de creencias de su pareja, por encima del propio. En los casos más extremos, su identidad se desdibuja, asimilando intereses, aficiones o valores anteriormente ajenos.  

Los aspectos anteriores subyacen a unas dinámicas relacionales descompensadas y complejas. Éstas no siempre responden a patrones de sumisión, también aparecen esquemas de territorialidad y control. Aunque varían en cada relación, es frecuente que se repitan. El análisis y entendimiento de las dinámicas en las relaciones constituyen pasos necesarios para su cambio progresivo que mitigue o elimine las dinámicas de dependencia.

David Martín Escudero

Bornstein, R. F. Geiselman, K. J., Eisenhart, E. A. & Languirand, M. A. (2002). Construct validity of the Relationship Profile Test: links with attachment, identity, relatedness, and affect. Journal of Personality Assessment9(4), 373– 381.

Castelló, J. (2005). Dependencia emocional. Características y tratamiento. Madrid: Alianza Editorial.

Urbiola, I. y Estévez, A. (2015). Dependencia emocional y esquemas desadaptativos tempranos en el noviazgo de adolescentes y jóvenes. Psicología Conductual, 23 (3), 571-587.

Valle, L., y Moral, M. V. (2018). Dependencia emocional y estilo de apego adulto en las relaciones de noviazgo en jóvenes españoles. Revista Iberoamericana de Psicología y Salud, 9(1), 27-41.

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