De Otelo a Madame Bovary: síndromes y personajes literarios

síndromes y personajes literarios
Foto de Alejandro Escamilla

Literatura y psicología han cruzado sus caminos en muchas ocasiones. Ya sea porque no existía un manual diagnóstico o por el ánimo, más contemporáneo, de vender libros de autoayuda, algunos autores se han inspirado en personajes presentes en el imaginario colectivo para nombrar síndromes y trastornos psicológicos. A continuación, algunos ejemplos.

Síndrome de Otelo

El Otelo Shakespeariano bebe los vientos por Desdémona, su esposa. Durante la trama, un subordinado y rival, Yago, efectúa todo tipo de tejemanejes para que Otelo crea que su esposa le es infiel. Finalmente, prisionero de sus celos, Otelo acaba con la vida de Desdémona.

​El síndrome de Otelo es descrito por el psiquiatra inglés John Todd en 1955 para referir un tipo de celotipia severa caracterizada por un delirio persistente cuyo eje es la infidelidad de la pareja. La persona, presa de unos celos patológicos vive convencida de que su pareja le es infiel sin que exista motivo real que lo justifique. El detonante acostumbra a ser un hecho aparentemente banal; un retraso injustificado, una llamada comercial en el teléfono móvil o una mirada ausente. A partir de la sospecha se construye una interpretación en la que subyace un profundo miedo al abandono.  

Síndrome de Peter Pan

James Mathew Barrie escribió Peter Pan y Wendy en 1904 y Dan Kiley utilizó su personaje principal en 1983 para vertebrar su superventas El síndrome de Peter Pan: hombres que nunca crecen. El síndrome de Peter Pan describiría a aquellos hombres que se resisten a crecer. O expresado en términos más precisos, que no sienten, piensan o actúan como el grupo normativo en su franja de edad.

La publicación pobló las librerías de autoayuda de medio mundo, Kiley ganó notoriedad y se convirtió en un personaje televisivo. El autor continuó explotando su gallina de huevos de oro con una segunda publicación dedicada a una contrapartida femenina: ‘El dilema de Wendy’.

El síndrome de Peter Pan no tiene entidad diagnóstica. Por tanto, no compone un trastorno mental y no debería ser objeto de tratamiento psiquiátrico o psicológico cómo tal. Y es que una vez más, se asoma el riesgo de patologizar aquello que no es normativo. El afectado del supuesto síndrome es un adulto irresponsable, inmaduro, impulsivo, dependiente, narcisista y manipulador. A priori, son rasgos que nos podrían recordar a un trastorno de la personalidad del Cluster B, especialmente el límite o el narcisista.

Síndrome de Madame Bovary

Jules de Gaultier introdujo el término Síndrome de Madame Bovary a finales del SXIX inspirándose en la novela Madame Bovary de Gustave Flaubert. Su protagonista, Enma Bovary, es una mujer que se siente presa en un matrimonio de conveniencia en un entorno social parco y gris. El contraste entre sus ensoñaciones y la realidad, sus devaneos extramaritales y las amargas decepciones llevan a la joven protagonista a un desenlace fatal.

También conocido como bovarismo, se trata de un estado de insatisfacción que se cronifica en el ámbito afectivo, social o económico, y en el que subyace un elevando contraste entre unas expectativas grandilocuentes y una realidad mundana.

El Síndrome de Madame Bovary no tiene validez diagnóstica ni entidad clínica. Sí refiere características que aparecen en trastornos de personalidad como el trastorno límite, el trastorno histriónico o el narcisista.

Síndrome de Pollyanna

Eleanor H. Porter publicó Pollyanna en 1913. La novela narra la vida una niña huérfana que es enviada a vivir con su estricta Tía Polly. Pollyanna, positiva y optimista hace de la necesidad virtud y vive atareada en alegrar la vida de todos los personajes quejumbrosos de los que se rodea.

El termino Pollyanna es utilizado por Matlin y Stang en 1978, en referencia al optimismo exacerbado del personaje, para describir un sesgo positivo que se activa cuando rememoramos eventos del pasado. De acuerdo con el principio de Pollyanna, tendemos a recuperar de una forma más precisa y exacta aquellos recuerdos con un carácter positivo que aquellos que implican una experiencia dolorosa o desagradable.

El Síndrome de Pollyanna hace referencia a la excesiva idealización de la experiencia del personaje literario, hasta el punto de procesarlas de manera alternativa al resto. En otras palabras, se podría describir como un rasgo optimista exacerbado y desligado a los acontecimientos de la realidad compartida. El optimismo en este caso actuaría como estrategia de huida, autoengaño o evitación del malestar. Tampoco tendría validez clínica ni debería conformar un diagnóstico valido.

Síndrome de Dorian Gray

En el Retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde,1890) el protagonista, un joven atractivo, admira su retrato recién pintado y expresa el deseo de que sea el cuadro y no él quien envejezca. El deseo es concedido por un demonio. La trama explora el deseo por la vida eterna, el sufrimiento y el narcisismo del protagonista.

Dorian Gray compone otro epónimo más para la descripción de un cuadro sintomático que referiría un síndrome. Esta vez descrito por el psiquiatra alemán B. Brosig en el año 2000. Aludiendo al personaje, los signos característicos serían dismorfobia, rasgos narcisistas y sexualidad parafílica. Aunque este último aspecto no ha sido descrito con precisión.

El psiquiatra incluso ofrece explicaciones sobre su casuística, criterios diagnósticos y estima una prevalencia elevada, cercana a un 3% de la población. Sin embargo, no hay investigación que respalde sus tesis. A pesar de su escasa utilidad clínica, el término es interesante y apropiado para describir la obsesión por la juventud y la imagen corporal en tiempos de Instagram y TikTok.

David Martín Escudero

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