Home » Trastornos de personalidad » El TLP y el sentimiento de vacío
Muchos y muchas hemos tenido esa amarga sensación de falta de sentido, de apatía, de vacío. Generalmente se trata de una sensación puntual, que se diluye con contacto social, actividades placenteras o el propio paso de los días. En el TLP, el sentimiento de vacío cobra otra dimensión.
El concepto sentimiento de vacío es un constructo relativamente común en el imaginario colectivo. Para la mayoría, se produce de manera ocasional y refiere conceptos externos al sujeto relacionados con la pérdida, el futuro incierto o el fracaso. Se asocia a un estado anímico decaído, a la sensación de aislamiento o soledad o a la abulia o desinterés por lo cotidiano. También es común asociarlo al duelo, ya sea por la partida de un ser querido, una ruptura sentimental o incluso la pérdida de un empleo. En estos casos, el vacío sería producto de un cambio abrupto y formaría parte del proceso de adaptación a la nueva situación y a las dificultades para proyectarse en el futuro.
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ToggleEl trastorno límite de personalidad
Muchas de las dificultades que confronta la persona con TLP o con un rasgo límite acentuado se relaciona con la regulación emocional, la impulsividad y la fragilidad identitaria, es decir, con la escasa consistencia e integración de su identidad.
En el Trastorno Límite de Personalidad (TLP) la sensación de vacío presenta unas características diferentes, tanto cualitativamente como cuantitativamente. Por una parte, se trata de un sentimiento recurrente, que en algunos casos adquiere un carácter crónico. Además, lejos de referir aspectos externos a la persona, en los pacientes con TLP el sentimiento de vacío se relaciona con la propia identidad.
Russell Meares (2011) defiende que el sentimiento de vacío, la difusión de la identidad y el miedo al abandono se sitúan en el núcleo central del trastorno. Meares introduce el concepto “incoherencia personal dolorosa”, para referir el dolor psicológico y la fragmentación de la experiencia relativos a las dificultades identitarias de las personas con TLP. Este término tan preciso y específico en realidad comparte significado con lo que el paciente muchas veces llama “sentirse vacío”.
El vacío identitario
En las personas con TLP, la identidad se compone de diferentes imágenes con escasa coherencia o cohesión, incluso contradictorias entre sí. La sensación de vacío parte de un autoconcepto variable y sesgado. El paciente con TLP no está cómodo en su propia piel. Como auténticos camaleones, son muchos los intentos de ser el tipo de persona que desean ser. En muchas ocasiones se sienten como actores imbuidos en un personaje. A pesar de que el cambio genera motivación, la insatisfacción o sensación de vacío acaba apareciendo.
El vacío identitario también subyace a la voracidad afectiva, la codependencia o el miedo al abandono. Muchas personas con TLP presentan serias dificultades para tolerar el vacío asociado a la soledad y acostumbran a embarcarse en relaciones de absoluta entrega. Cuando el afecto surge de la necesidad y no desde el deseo, cuando se necesita al otro para sentirse completo, su ausencia o posible abandono provoca pánico.
La persona con TLP tiende a absorber, especialmente en el periodo inicial de la relación, la vida del otro. En los casos más severos, en una suerte de simbiosis identitaria, se adaptan a sus expectativas, transformándose en su pareja ideal. Intereses, aficiones y proyectos pueden ser adoptados como propios para pasar a diluirse en el desarrollo de la relación, cuando la angustia ante el vacío aparece de nuevo.
La respuesta ante el vacío
Los/as pacientes describen este sentimiento con angustia, y lo comparan con un agujero negro, un hueco en el estómago, con un pozo sin fondo; “no hay nada que me llene, no sé qué me gusta, no sé quién soy, todo me parece mentira, falso”. Una gran parte de estos/as pacientes sienten la premura de llenarlo, evitarlo o simplemente de acabar con esa sensación. Pueden hacerlo a través de otras personas, de comportamientos de riesgo, abuso de sustancias, del sexo, o a través de conductas autolesivas.
El vacío también se relaciona con una escasa tolerancia a la rutina y la soledad. Es frecuente que situaciones cotidianas o pequeños conflictos sean afrontados con dificultades. La fragilidad de la identidad también está relacionada con el humor cambiante y los conflictos, ya que en situaciones de estrés esta parece alterarse o fragmentarse.
La mayoría de nosotros desplegamos comportamientos defensivos ante la amenaza. Sin embargo, en el TLP, cuando las cosas no funcionan se despliega armamento pesado. El paciente con TLP, cuando percibe atacado, invalidado o intuye el abandono, o bien cuando entra en conflicto consigo mismo y se siente carente de valor, puede desplegar un funcionamiento hostil o mecanismos de huida. Este funcionamiento puede estar dirigido hacia el otro o hacia si mismo.
Posteriormente, también como proceso defensivo de la propia identidad, la persona puede ignorar o negar lo ocurrido, y reestablecer su ilusión por una vida anteriormente frustrante o su afecto por la persona anteriormente denostada.
Aquí entran en juego las estrategias de autoengaño como respuesta defensiva a la difusión de su identidad. Así, generan una autoimagen distorsionada, en la que mitigan sus dificultades y magnifican sus logros y virtudes. En algunos momentos, se presentan como pasionales, seguras, decididas, sensibles, vitales o espontaneas, en otros se muestran impulsivas, inseguras, inestables o irascibles.
Tratamiento
Un proceso psicoterapéutico debe explorar el sentimiento de vacío y todos los factores relacionados. Es decir, en primer término, el paciente debe identificarlo y elaborar una narrativa útil y adecuada. Esta debe contemplar sus causas, detonantes, consecuencias inmediatas y aquellas de largo plazo. Es importante que se analicen las estrategias poco adaptativas que el paciente despliega ante el vacío. Ya sean comportamientos de riesgo, autolesivos o conflictivos. Estas deben ser sustituidas de forma progresiva por otras útiles y adecuadas para el paciente.
En el tratamiento, es común que el paciente presente serias resistencias para aceptar la problemática. El proceso debe tener en cuenta el peso de la fragmentación de la identidad en la casuística del malestar y dificultades de adaptación. El enfoque psicoterapéutico debe contemplar entre sus objetivos el lograr un mayor autoconocimiento y aceptación de sí mismo, favoreciendo una identidad más rica y cohesiva. La conciencia del problema es clave para alcanzar resultados positivos.
David Martín Escudero
Linehan, M. M. (1993). Manual de tratamiento de los Trastornos de Personalidad Límite. New York: The Guilford Press.
Meares, R., Gerull, F., Stevenson, J., & Korner, A. (2011). Is self disturbance the core of borderline personality disorder? An outcome study of borderline personality factors. The Australian and New Zealand Journal of Psychiatry, 45(3), 214–222.







