Home » Relación de pareja » Estilo de apego ansioso ambivalente
Últimamente se habla mucho del estilo de apego. Es decir, de cómo los primeros años de vida impactan en las diferentes maneras de aproximarnos a las relaciones afectivas en la edad adulta. En este post intentaremos explicar las principales características del apego ansioso ambivalente.
En los últimos años, este concepto ha ganado relevancia tanto en el ámbito clínico como en el imaginario colectivo. En gran parte se debe a su capacidad explicativa respecto a las dinámicas relacionales complejas. No obstante, su uso generalizado también ha dado lugar a simplificaciones que conviene matizar.
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Toggle¿Qué es el apego ansioso ambivalente?
El apego ansioso ambivalente es uno de los estilos de apego más frecuentes y explica por qué muchas personas viven sus relaciones desde la inseguridad, el miedo al abandono y la necesidad constante de validación.
Se trata de un estilo de apego inseguro caracterizado por una intensa necesidad de proximidad afectiva combinada con una marcada inseguridad y vigilancia. Este patrón no responde a una falta de capacidad afectiva, sino a una forma específica de organización emocional en la que el otro adquiere un papel central como regulador del malestar interno.
En Rebecca (Alfred Hitchcock, 1940), una joven inocente interpretada por Joan Fontaine se enamora perdidamente de un carismático aristócrata. Deja todo para iniciar una nueva vida junto a un nuevo amor en una enorme y solitaria mansión, en la que es bienvenida por una siniestra ama de llaves. Rebeca, inicialmente frágil y vulnerable, oscila entre la felicidad en la entrega y el temor ante la ausencia o distanciamiento de su pareja. Como en la película, el amor es para muchos el principal motivo de gozo y dolor, llegando a componer una obsesión que puebla muchas conversaciones. Como en Rebecca, en el vínculo inseguro, el enamorado permanece recluido recorriendo diferentes los vericuetos del temor al abandono.
La teoría del apego: origen y contexto
Fue el psiquiatra y psicoanalista John Bowlby (1907-1990) quien trajo al mundo la teoría del apego, entendido este como el vínculo afectivo y conductual que desarrolla el niño con sus padres o cuidadores en la primera infancia, y que va a determinar su desarrollo psicológico.
Posteriormente, Mary Ainsworth amplió este modelo mediante estudios observacionales que permitieron identificar distintos estilos de apego en función del comportamiento infantil.
Sin desdeñar aquellos factores temperamentales, con raíces en lo biológico y hereditario, podemos decir que nuestra forma de querer es aprendida.
Tipos de estilo de apego
Son cuatro los principales estilos de apego. Estos se desarrollan durante los primeros años de vida y se sustentan en las interacciones del niño con sus cuidadores.
- Apego seguro, asociado a una base de confianza y estabilidad emocional.
- Apego evitativo, caracterizado por la inhibición de la expresión emocional y la autosuficiencia.
- Apego ansioso ambivalente, definido por la inseguridad y la dependencia afectiva.
- Apego desorganizado, que integra respuestas contradictorias y dificultades significativas en la regulación emocional.
Comprender estas categorías ayuda a contextualizar el apego ansioso dentro de un marco más amplio.
Los estilos de apego en la infancia
La segunda gran pionera de la teoría del apego, Mary Ainsworth, desarrolló los muchas veces mentados procedimientos de laboratorio para observar los estilos de apego en la primera infancia. En estos, los bebes eran brevemente separados de sus cuidadores/as, en una habitación no familiar. Los investigadores observaban sus comportamientos, explicando estos a partir de los diferentes estilos de apego.
Apego seguro
Los bebés con apego seguro buscaban contacto visual con su persona cuidadora, mientras exploraban la habitación desconocida. Mostraban placer rotundo cuando regresaba después de haberse ausentado, tendiendo sus bracitos y arrebujándose en su cuerpo. Estos niños se distinguían de los otros por la frecuencia con que buscaban compartir sus emociones con su madre y por la facilidad con que ésta los consolaba y tranquilizaba ante el malestar.
Apego evitativo
Los bebés incluidos en la categoría de apego evitativo se mostraban independientes. Exploraban el entorno nuevo sin buscar la mirada de su figura de apego. Ante su ausencia no mostraban una respuesta emocional significativa.
Apego ansioso ambivalente
En la tercera categoría encontramos a aquellos con estilo de apego inseguro o ansioso-ambivalente. Los menores se resistían a explorar la habitación, y se aferraban a los brazos de sus cuidadores. Ante la ausencia de estos, mostraban malestar y lloraban desconsoladamente. A su regreso, se aferraban a sus brazos, pero tardaban en tranquilizarse, incluso arqueaban el cuerpo resistiéndose al consuelo de sus progenitores.
En el estilo de apego ansioso ambivalente, la figura cuidadora, de forma involuntaria, muestra una actitud poco predecible a los ojos del niño/a. Así, en algunos momentos ofrece seguridad, equilibrio, atención y cariño, para en otras mostrar rechazo o indiferencia. No olvidemos que las personas cuidadoras también viven sus conflictos sus conflictos y sus dificultades de regulación emocional. Esta actitud impredecible genera tensión emocional en el menor, que al no asimilar unos patrones consistentes se ve afectado por un entorno afectivo incoherente e imprevisible.
Apego desorganizado
Añadido más tarde por Mary Main, es importante mencionar el apego desorganizado. En este caso, los niños se muestran asustados, confusos, apáticos. Procuran y rechazan al progenitor, no saben manejar la angustia ante la separación cuando la figura de apego no está presente. Y cuando regresa, la ansiedad puede perdurar hasta derivar en hiperexcitación. La respuesta del niño sería el reflejo de un déficit de coherencia para enfrentar las situaciones de estrés o conflicto.
Estilo de apego ansioso ambivalente en la edad adulta
La persona adulta con un estilo de apego ansioso ambivalente tiende a sentir una fuerte necesidad de contacto y aprobación. También son dados a las dudas, inseguridades y preocupación en sus relaciones. El amor ansioso se conduce con marchas cortas, aptas para trayectos breves, complicadas para el largo recorrido.
Las principales características del apego ansioso ambivalente incluyen:
- Miedo al abandono: temor persistente a ser rechazado o dejado.
- Necesidad de validación: búsqueda constante de confirmación afectiva.
- Hipervigilancia emocional: atención excesiva a los cambios en la pareja.
- Dificultad para regular emociones: reacciones intensas ante conflictos.
- Dependencia emocional: tendencia a priorizar la relación sobre el bienestar propio.
La vulnerabilidad al rechazo o el miedo al abandono, arraigados en la base del apego ansioso, pueden llevar a orbitar alrededor del otro, a una entrega excesiva. Así, desean el contacto continuado, sufren en el distanciamiento y vigilan al otro y la propia relación.
Cómo afecta el apego ansioso a las relaciones
El apego ansioso en la pareja suele generar relaciones marcadas por la tensión emocional y la ambivalencia. Por un lado, existe una gran necesidad de cercanía; por otro, el miedo constante al abandono provoca inseguridad y conflicto.
Esto puede traducirse en:
- Demandas afectivas intensas.
- Dificultades de comunicación.
- Ciclos de conflicto y reconciliación.
- Desgaste emocional en ambos miembros.
Por muy discreto que se sea, la demanda recae con fuerza sobre los hombros de la pareja, quien siente que tiene que lidiar con su propio malestar y el del otro. La demanda constante y la tensión emocional asociada acostumbra a derivar en un deterioro de la relación. Cuando la ansiedad y el miedo atraviesan el vínculo, el conflicto se convierte en el pan de cada día.
Los conflictos emergen de las diferentes necesidades y las dificultades de comunicación, es decir, derivados de la inseguridad afectiva. El miedo al rechazo o la anticipación del abandono lleva a malentendidos frecuentes, a generar expectativas de entrega poco realistas y a volcar las propias inseguridades sobre el otro.
El bienestar es frágil y parte de la seguridad del contacto y de la recepción de atención o cariño. Se conforma un difícil equilibrio que se desbarata ante el primer gesto de búsqueda de autonomía de la pareja, activándose de nuevo el ciclo de conflicto y ansiedad. Son relaciones de dependencia o codependencia que oscilan entre la afrenta y la reconciliación, entre la sumisión y la crítica exacerbada, entre el reproche y el arrepentimiento.
La relación, que debería ser un espacio de seguridad, se convierte en un escenario de incertidumbre.
¿Es un trastorno psicológico?
El estilo de apego ansioso no compone trastorno psicológico por si mismo. La teoría del apego ofrece un marco teórico para la comprensión del desarrollo y mantenimiento de las dificultades relacionales del individuo. Un estilo de apego ansioso sería por tanto un aspecto crucial en aquellas personas vulnerables al rechazo o al abandono, es decir que padecen los mismos miedos de manera recurrente en sus relaciones.
Se ha relacionado el estilo de apego ansioso ambivalente con aquellos trastornos del cluster B, especialmente con el trastorno límite de personalidad. Existe una conexión lógica, ya que el déficit en la regulación emocional, el miedo al abandono o el trauma vertebran la personalidad limítrofe.
Sin embargo, un estilo de apego ansioso no implica necesariamente padecer un trastorno, simplemente describe una forma de vincularnos con el otro. Crecer en un entorno con figuras negligentes no garantiza el fracaso en las relaciones sexoafectivas en la vida adulta. No está escrito en piedra, la inseguridad puede mitigarse y modularse.
Estilo de apego y el amor hoy en día
Entender las dificultades en las relaciones afectivas exclusivamente desde el estilo de apego adquirido en la infancia ofrecería una visión limitada. No debemos obviar la experiencia en la adolescencia, juventud o incluso en la vida adulta. También es crucial los constructos y creencias que encontramos en cada individuo.
A menudo encontramos en el enamoramiento un totum revolutum de conceptos románticos propios de tragedias victorianas y comedias románticas, que ya causaron furor en los años 90 y vuelven en remakes, precuelas y recuelas en la década actual. Al fin y al cabo, el ideario colectivo está infestado de amores complicados, finales felices, entregas completas, amores super reñidos y muy super queridos, de historias en las que el que la sigue la consigue, de medias naranjas y naranjas completas, etc.
No debemos olvidar que la teoría del apego emerge en un contexto social y cultural en el que imperan relaciones monógamas rígidas con mujeres omnipresentes y hombres ausentes en la crianza. Era sobre la madre, la principal figura de apego, sobre la que recae toda la responsabilidad en el vínculo afectivo que condicionaría el desarrollo emocional y afectivo del menor. Y es en la relación heterosexual monógama donde se estudia su impacto. Afortunadamente, el contexto de la crianza y las relaciones afectivas van evolucionando hacia derroteros más diversos.
Algunos modelos relacionales actuales en los que se vive el afecto de una forma no tan rígida o jerárquica podrían ser juzgados como el resultado de estilos de apego disfuncionales; ya sea el evitativo cuando no se tiene objeto de deseo, o el desorganizado cuando son varios. De alguna manera se corre el riesgo de patologizar aquello que, aun siendo útil, saludable y gratificante en lo sexoafectivo, no parte de lo normativo.
Seguridad afectiva
La seguridad afectiva se relaciona con un estilo de apego seguro, este se caracteriza por la consistencia e incondicionalidad del afecto. En la infancia, el niño se siente atendido, querido y aceptado. En términos generales, el adulto con un estilo de apego seguro tendería a relacionarse afectivamente de forma confiada y estable. Por el contrario, las carencias tempranas contribuyen a la inseguridad afectiva en la edad adulta.
Tanto los teóricos del apego, como los propios profesionales que trabajamos con personas que han sufrido maltrato, negligencia o abandono en la infancia, observamos las dificultades y limitaciones en el desarrollo de las competencias necesarias para establecer relaciones afectivas maduras y sanas. Paradójicamente, son muchos los casos en los que la relación de pareja, lejos de ser una fuente de placer, gratificación, seguridad y protección, se convierte en el contexto en el que se genera todo tipo de sufrimiento y malestar psicológico.
El tratamiento del estilo de apego ansioso ambivalente
El apego ansioso ambivalente en la vida adulta compone un asunto complejo que exige un análisis profundo y una intervención cuidadosa. Acudir al psicólogo puede ser una forma adecuada para facilitar un proceso de cambio. Eso sí, siempre que este sea deseado porque nuestra forma de querer es fuente de malestar y frustración.
Algunas claves importantes son:
- Identificar las propias inseguridades.
- Trabajar la regulación emocional.
- Cuestionar creencias sobre el amor y el abandono.
- Fomentar relaciones más seguras y equilibradas.
El apego ansioso ambivalente no es una condena, sino una forma aprendida de vincularse. Comprender su origen y sus manifestaciones permite introducir cambios y construir relaciones más estables y satisfactorias.
David Martín Escudero
Ainsworth, M.D.S., Bell, S.M., Stayton, D.J. (1971). Attachment and exploratory behaviour of one-year-olds . In The Origins of Human Social Relations, ed. H.R. Schaffer. New York: Academic Press, 17-57.
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