Ana, Mía y los trastornos de la conducta alimentaria en la red

Ana y Mía

1. Amarás a Ana y a Mía sobre todas las cosas.
2. No comerás lo que no sepas cuántas calorías tiene.
3. No comerás sin sentirte culpable.
4. Honrarás a los laxantes y a las pastillas.
5. Santificarás los días de ayuno.
6. No consentirás que la comida te domine
7. Contarás las calorías y vivirás según ellas.
8. La báscula prevalecerá sobre tu vida.
9. Nunca estarás lo suficientemente delgada.
10. Ser delgada es lo único que importa.

Estos son los mandamientos que comparte una bloguera a través de su página pro Ana. ‘Ana’ es el nombre que recibe la anorexia en este tipo de páginas, y ‘Mia’ es el utilizado para referirse a la bulimia. Los grupos pro Ana y pro Mia, existen desde la década de los 90, pero se han visto potenciados a partir del uso de internet y twitter. El objetivo de estas páginas es en muchos casos alentar a las chicas (y también chicos, aunque en menor medida) a perder cada vez más peso en lo que refieren como ‘alcanzar su sueño’ o ‘acercarse a la perfección’.

Estas páginas y foros se justifican en la libertad de expresión y defienden lo que ellas entienden que es un ‘estilo de vida’. Las chicas se autodenominan ‘princesas’, y los chicos ‘príncipes’. Un ideal de belleza frágil y sutil marca toda su iconografía. Las páginas están repletas de imágenes de mariposas o libélulas que simbolizan lo etéreo y fotografías o ilustraciones de mujeres extremadamente delgadas con vestidos vaporosos, con coronas y/o diademas.

Las usuarias han desarrollado formas de identificación como el lazo blanco, presente en las propias páginas web, en sus carpetas, en sus mochilas o bolsos, etc. es un símbolo reivindicativo de su ‘estilo de vida’. También se han popularizado el uso de pulseras de colores: las jóvenes Ana frecuentemente llevan una pulsera o cordón rojo en la muñeca izquierda, y las Mia una pulsera de color morado. De esta forma pueden reconocerse unas a otras en cualquier sitio.

En las páginas pro Ana y pro Mia el uso del lenguaje también constituye un aspecto importante. Se utiliza un vocabulario propio en el que encontramos numerosos términos creados o adaptados del inglés: como los propios términos Ana y Mía, princesas, mostruolandia (las mujeres con sobrepeso), wannabe (‘want to be’, referido a aquellas que pretenden ser anoréxicas o bulímicas pero no lo son), plebeya (persona dejó de ser Ana o Mía y se niega a retomarlo), thinspiration (referente a imágenes que inspiran para estar más delgadas), thigh gap (codiciado espacio entre los muslos), etc. Además de potenciar el sentido de pertenencia a un grupo, el uso del lenguaje trata de dulcificar las conductas asociadas al trastorno de la conducta alimentaria. Por ejemplo, encontramos afirmaciones del tipo ‘hoy he sido Mia tres veces’, para referir que tras una ingesta exagerada se ha vomitado tres veces.

Entre las secciones más visitadas de sus páginas están las carreras, las dietas y los tips. En las carreras, las adolescentes inician de forma conjunta un periodo de entre siete y quince días en el que cada participante fija un peso meta. Se establece un sistema de puntuación que valora positivamente la restricción calórica, limitación del sueño, ingesta de agua, ejercicio físico, etc. Las participantes informan de forma diaria sobre las puntuaciones obtenidas y se animan unas a otras a continuar para llegar a su objetivo. En estas y otras secciones encontramos una gran cantidad de dietas estrictas, con ingestas claramente insuficientes y que consecuentemente ponen en peligro su salud. También encontramos tips, que son todo tipo de trucos para aplacar el apetito, auto inducir el vómito, quemar calorías, disimular o incluso engañar a padres y psicoterapeutas.

‘Si tienes mucho apetito, bebe agua helada y fuma un cigarrillo… se pasará inmediatamente’.

‘No te pongas ropa de abrigo, tu cuerpo quemará calorías para mantener la temperatura corporal’.

‘Vomita siempre en el baño con la puerta cerrada, amortiguará el sonido y el olor y además sirve para borrar huellas’.

La verdadera gravedad de estos espacios radica en que facilitan que el trastorno de la conducta alimentaria pase a ser percibido una cuestión identitaria. La negación de la enfermedad y los esfuerzos por tildarla de ‘estilo de vida’ pueden agravar la sintomatología y dificultar seriamente la mejoría de sus usuarias. Estos espacios favorecen el sentido de pertenencia a un grupo de iguales. Adolescentes y pre-adolescentes son especialmente vulnerables, ya que acuden a estas páginas en busca de apoyo y comprensión. Y lo obtienen. A medida que se sienten más cercanía a su grupo de iguales aumenta la distancia a los mensajes que reciben de los adultos. No debemos olvidar que las responsables de las páginas web y las participantes en los foros son víctimas del mismo trastorno y su voluntad es acoger y afiliar a otras princesas.

Países como Francia y Alemania han puesto en vigor iniciativas legislativas en contra de la apología de los trastornos de la alimentación. En España, en este momento se ha movilizado en la plataforma change.org una petición dirigida al Ministro de Justicia que acumula más de 182.000 firmas. Se trata de un asunto complejo. No es mi intención cuestionar la importancia de la libertad de expresión o los beneficios de internet en el acceso a información o en las relaciones interpersonales. Sin embargo, la libertad de expresión no puede justificar la promoción de una enfermedad tan dañina entre los más jóvenes.

David Martín Escudero

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