Home » Psicología » Winnicott y la construcción del falso self
“¿Qué ve el bebé cuando mira el rostro de la madre? A sí mismo. La madre lo mira y lo que ella parece se relaciona con lo que ve en él. (…) Muchos bebés no reciben de vuelta lo que dan. Miran y no se ven a sí mismos. Hay mamás que se dejan mirar dentro de ellas y mamás que no (Sainz, 2018; Winnicott, 1971). Esta sería la tesis que Winnicott sostiene sobre el papel que tiene el espejo de la madre (y la familia) en el desarrollo del niño. Si al mirar a mamá el bebé no encuentra nada, bien porque ésta no puede resonar o no expresa emocionalmente, el bebé o se inhibe o hipertrofiará su mente.
“El que así es tratado crecerá con desconcierto en lo que respecta a los espejos y de lo que estos pueden ofrecer. Si el rostro de la madre no responde, un espejo será algo que se mira, no donde se va uno a encontrar”. (Winnicott, 1971). Cuando la mamá o el entorno no se adapta a las necesidades del bebé, cuando la criatura no se siente sostenida, se ve obligada a reaccionar: Según Winnicott, construye un falso self, un protector. El verdadero self, lo más auténtico, lo más espontáneo, queda escondido. Lo más frágil, lo más vulnerable, lo más conectado con el amor, con el afecto, no ha resonado con nadie y ha pasado a la invisibilidad. Como dice Elías Canetti en Masa y Poder, “Yo soy exactamente lo que ves -dice la máscara- y todo lo que temes detrás”. La construcción de la máscara permite a la persona rellenar todo ese hueco que el no-reflejo del espejo dejó. En un aspecto más cotidiano, le permite adaptarse a su entorno, dejando todo lo que teme o rechaza el interlocutor (originariamente la madre), detrás.
La cita de Elías Canetti remite al mito pop de El hombre invisible, de la novela de H.G. Wells. En ella, Griffin, el Hombre Invisible, pierde su identidad física y, con ella, su capacidad de interactuar auténticamente con el mundo. Su invisibilidad puede verse como una metáfora del Falso Self: una máscara que lo oculta completamente, pero que también lo aisla y lo desconecta de los demás. Griffin ya no puede mostrarse como es, porque literalmente ha dejado de ser visto.
Podríamos inventarnos la precuela de la historia, donde vemos que Griffin no ha tenido un entorno suficientemente bueno, un ambiente invalidante y no acogedor, y construye para ello su máscara de invisibilidad. Entonces, ¿era ya invisible antes de ser El hombre invisible? ¿Quiere el hombre invisible ser visto por fin? Como se pregunta el antropólogo Manuel Delgado en El animal público: ¿Por qué él, que por fin ha logrado una fórmula que le permite no ser visto, envuelve su rostro con vendas y usa gafas ahumadas y guantes? Parece una paradoja interesante, pues se trata de un proceso de invisibilización que deja marcas para ser visto. No recuerdo con precisión la frase, pero me viene a la cabeza esa idea de que es duro perderse pero lo verdaderamente dramático es no ser nunca encontrado.
En el relato, a medida que Griffin se sumerge en su invisibilidad, su self más genuino (su identidad más auténtica) se desvanece. Se convierte en una figura deshumanizada, dominada por la ira, la frustración y el deseo de poder. Esto refleja cómo el Falso Self, cuando domina por completo, puede sofocar al verdadero self, llevando a la persona a un estado de alienación y desconexión emocional. Griffin usa su invisibilidad como una herramienta para protegerse de un mundo que lo rechaza y lo persigue. Construye una barrera que lo protege, pero que también lo aisla y lo corrompe. Al final de la novela, Griffin pierde por completo el control de su identidad, tanto física como psicológicamente. Su Falso Self (la invisibilidad) lo consume, llevándolo a la violencia y, finalmente, a la muerte.
Como pasa en todo mito, el desenlace se coloca en un extremo, así como en las tragedias. En consulta, aunque muchos casos de suicidio comprenden historias de personas que vivieron enmascaradas, no es lo más habitual. Quizás lo más habitual sean las historias cotidianas de sufrimiento enmascarado, de personas a priori funcionales pero que conviven con cierta futilidad. No en el extremo del personaje de H. G. Wells pero sí atravesando pequeñas muertes cotidianas. Pienso que, en mayor o menor medida, todas atravesamos pequeñas muertes de naturalidad cotidiana.
Beatriz Redondo López-Samaniego
Delgado, M. (1999) El animal público. Anagrama. Colección Argumentos.
Sainz, F (2018) Winnicott en la perspectiva relacional e intersubjetiva actual, acompañados por las poesías de Joan Manuel Serrat. Revista Clínica e Investigación Relacional, 12 (3).
Winnicott, D. (1971) Realidad y juego. Ed. Gedisa.







