Términos psicológicos para unas cañas exigentes (parte I)

términos psicológicos

Pati: ¿Qué tal?
Elvira: Estoy con un poco de labilidad emocional.
Pati: ¿Os habéis vuelto a pelear?
Elvira: Sí, al amanecer… en la azotea de un palacete en Santorini.
Pati: ¡Anda ya! Lo tuyo es pura pseudología fantástica.
Elvira: No, no, si es más bovarismo. Que me cuesta aceptar la realidad. Es que me arrastró a ver un partido, que rollo… no puedo con el manierismo futbolero.
Pati: A ver si eres más asertiva con el oligofrénico de tu novio. De verdad que tenéis peleas muy borderline. Lo tuyo es mucho, casi dependencia emocional.
Elvira: Mi ex. Lo dejé. Nada hija…, ahora resiliencia, que lo que no mata te hace más fuerte.

¿No has entendido ni papa? No te sientas mal. Elvira y Pati son personajes un tanto pedantes. Sin embargo, cada vez es más frecuente escuchar algunos términos procedentes de la psicología más tradicional en conversaciones cotidianas. A continuación, una primera entrega de un manual para entender coloquios en cañas de alta exigencia intelectual.

Asertividad

Se trata de un concepto que comenzó a utilizarse en la década de los sesenta y que cada vez está más presente en la cultura popular. La asertividad refiere una cualidad, estrategia o estilo de comunicación que se caracteriza por una expresión coherente, clara y equilibrada de nuestras ideas y sentimientos. Es muy útil para defender nuestro punto de vista, sin herir o perjudicar al otro, limitando el impacto de estados de rabia, ira, vergüenza o culpa.

Borderline

Este término señala lo que constituye una barrera entre lo normal y lo patológico. Cuando se relaciona con la capacidad intelectual, marca la diferencia entre una competencia intelectual común y una limitada. No es así en cuando hablamos del trastorno de personalidad límite o borderline, que tiene entidad clínica propia y que se caracteriza por una percepción sobre el entorno y sobre sí mismo en la que se detectan dificultades y desequilibrios en diversas áreas: la conducta interpersonal, el estado de ánimo y el autoconcepto.

Bovarismo

Casi en desuso en la práctica clínica actual, parece cobrar fuerza en el imaginario colectivo para referir un estado de insatisfacción crónica. Dicho estado emerge de la falta de equilibrio entre unas aspiraciones desproporcionadas y la realidad, que suele frustrarlas. El término comienza a ser utilizado en la última década del SXIX inspirado en la protagonista de la novela Madame Bovary de Gustave Flaubert. En su origen encontramos una connotación un tanto moral y sexista. Al fin y al cabo, refiere los deseos e ilusiones de una mujer atrapada en un matrimonio sin amor y en una sociedad muy restrictiva. El contraste de sus ensoñaciones con la realidad, los devaneos extramaritales y las amargas decepciones dirigen a la protagonista a un desenlace fatal.

Dependencia emocional

Se utiliza para describir una forma de sentir y actuar de una persona con relación al amor y la relación de pareja. Lo más característico de la dependencia emocional es a la presencia de un vacío o necesidad afectiva que se intenta cubrir a través del otro. El dependiente acostumbra a mantener relaciones desequilibradas e inestables, en las que asume un rol sumiso que favorece la idealización y magnificación de su pareja. En este sentido, el mundo del amor es el asunto capital, lo más importante es la pareja y plantearse su desaparición provoca un miedo intenso.

A día de hoy, la dependencia emocional no constituye una patología con entidad clínica propia y no está reflejada en los principales manuales diagnósticos. No debe ser confundida con el trastorno de personalidad por dependencia, en el que la persona afectada presenta un déficit de autonomía que afecta a diferentes ámbitos de su vida.

Labilidad emocional

Refiere inestabilidad afectiva, es decir, altibajos en las emociones y una falta de adecuación en la expresión de las mismas a la situación que las genera. Por ejemplo, reír de manera histérica o llorar de forma desconsolada ante algo tan neutro como un anuncio de El Corte Inglés. Aunque muchas veces es citado como un síntoma, no siempre es producto una patología o trastorno mental.

Manierismo

Nada tiene que ver con el marianismo de Rajoy. En el ámbito de la historia del arte, señala el periodo y estilo artístico propio del siglo XVI que se caracteriza por una exageración de movimientos, escorzos o texturas en sus representaciones. En psicología se trata de un trastorno de la psicomotricidad, caracterizado por un exceso y una exageración de los movimientos (del lenguaje, de los gestos, de la mímica, etc.), que aparecen como faltos de espontaneidad, teatrales y artificiosos, como afectados e inauténticos.

Oligofrenia

Es un término arcaico (del griego poca mente), antiguamente utilizado para señalar un déficit intelectual grave como consecuencia de la interrupción del desarrollo de la inteligencia durante el embarazo o primera infancia. Resulta aún más anacrónica la clasificación que incluía dependiendo del grado de afectación funcional: idiota (CI inferior a 30 e incapaces de comunicarse), imbécil (CI inferior a 60 e incompetentes para la lecto-escritura), morón (CI inferior a 90 y con dificultades para el pensamiento abstracto) y idiot-savant (autosuficientes pero con escaso criterio).

Pseudología fantástica

Muchos hemos conocido a personas que relatan auténticas aventuras o acontecimientos extraordinarios que poca relación tienen con la realidad. Estas personas pueden padecer lo que los psicólogos refieren como pseudología fantástica o mitomanía. La mitomanía en este caso no tiene nada que ver con tener todas las camisetas y merchandising de The Smiths. El término fue acuñado a finales del siglo XIX para describir una compulsión a imaginar una vida, unos acontecimientos y una historia fantaseada que el sujeto comunica y llega a creerse.

Resiliencia

En el ámbito de la psicología, la resiliencia se refiere a aquella cualidad de las personas para resistir y rehacerse ante situaciones traumáticas o de pérdida. Es decir, se trata de aquella habilidad para enfrentarnos a las adversidades, superarlas y salir fortalecidos, o incluso transformados. Una alta autoestima, una buena competencia y apoyo social, el optimismo vital y la percepción de autonomía son las dimensiones o rasgos que mayor peso tienen en una personalidad resiliente.

David Martín Escudero

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