Mujeres, series y trastornos mentales

Imagen de Pablo García Saldana

Afortunadamente cada vez es menos novedoso que la industria televisiva contemple en sus series personajes femeninos complejos y con aristas. Sin embargo, últimamente llama la atención el creciente número de series con protagonista que, además de mujer, presentan trastornos mentales.

El resultado es sumamente desigual. En algunos casos los trastornos mentales son reflejados de forma realista y en otros se toman demasiadas licencias en favor de la trama o el atractivo del personaje. En las series, los problemas psicológicos tienden a ser tratados como rasgos de personalidad o atributos del personaje, y la sintomatología remite o se exacerba al servicio de la línea argumental. En pocas ocasiones se contemplan aspectos capitales como son el esfuerzo por la recuperación, la necesidad de atención psicológica, el impacto de la enfermedad en la vida afectiva, social o laboral o sobre las personas cercanas. Sin embargo, su mera presencia es sumamente positiva para un proceso necesario que visibilice y normalice de la enfermedad mental en la sociedad.

(*Atención: spoilers)

Depresión, Rose (Debra Lawrance) en Please like me.

Esta comedia australiana con tintes autobiográficos, Josh Thomas, su creador y protagonista, introduce varios personajes con enfermedades mentales. Rose, su madre en la ficción padece depresión y comente un intento de suicidio. En el centro psiquiátrico donde es internada conocerá a Arnold (Keegan Joyce) y Hannah (Hannah Gadsby). Ambos regalan momentazos, como el episodio de pánico de Arnold y la relación de Hannah con los fármacos.

El talento de este joven australiano se hace patente en la difícil tarea de hacer compatible humor y un tratamiento realista y respetuoso de la enfermedad mental. Además de ser muy divertida, el acierto de esta serie radica en mostrar con naturalidad y honestidad el esfuerzo de los pacientes, la importancia del soporte social y afectivo, el papel de la atención psicológica, la recurrencia de los síntomas y el impacto en los diferentes ámbitos vitales. Sin duda se trata una serie fantástica.

Trastorno bipolar, Carrie Mathison (Claire Danes) en Homeland.

El trastorno bipolar se caracteriza por la presencia de episodios con niveles anormales de energía y estados cognitivos y anímicos alterados. Dependiendo del subtipo y el desarrollo de la enfermedad, la persona afectada oscila entre la euforia típica del episodio maníaco y la tristeza profunda de la depresión.

Claire Danes interpreta a una agente de la CIA especialista en terrorismo islámico diagnosticada con trastorno bipolar. Carrie lleva en secreto su enfermedad en la propia CIA. El estigma del trastorno mental echaría por tierra su carrera profesional. La relación ambivalente de la protagonista con los fármacos sirve a la trama; los fármacos aportan estabilidad, sin embargo restan brillantez a su capacidad deductiva.

Un acierto de esta serie es mostrar como una persona con una enfermedad mental grave puede llevar una vida normal, salvo durante los episodios sintomáticos. Otro aspecto muy interesante es como la serie muestra el uso del electro-shock en una de sus hospitalizaciones. A pesar de que en el imaginario colectivo resulte anacrónica, se trata de una técnica vigente y con muchos defensores en la práctica psiquiátrica.

Trastorno obsesivo compulsivo (TOC), Hannah Horvath (Lena Dunham) en Girls.

El TOC es un trastorno de ansiedad caracterizado por la presencia de pensamientos intrusivos, recurrentes y persistentes que producen inquietud o temor, y una serie de conductas repetitivas denominadas compulsiones dirigidas a reducir la ansiedad asociada.

Hannah es tan convincente que resulta complicado separar el binomio actriz-personaje. A lo largo de cada episodio, Lena Dunham parece interpretarse a sí misma. El TOC de Lena es de tipo repetitivo y su número es el ocho. El pensamiento obsesivo no aparece reflejado en estos capítulos. Los rituales sí son tratados de una forma interesante. En un momento dado, un golpe fortuito con un desconocido detona el ritual, Hannah reproduce el empujón ocho veces, y a continuación lo niega.

La enfermedad de Hannah pasa desapercibida durante toda una primera temporada y aparece, sin más, en los últimos episodios de la segunda temporada. Posteriormente vuelve a desaparecer. Más que TOC parece el Guadiana.

Duelo complicado, Alison Bailey (Ruth Wilson) en The Affair.

Actualmente, en el DSM-V (la biblia de psicólogos y psiquiatras) no se recoge el duelo complicado como una entidad diagnóstica. Sin embargo, existe un amplio consenso sobre la existencia de un cuadro clínico relevante en muchos de los dolientes que presentan serias dificultades en su proceso de adaptación a la pérdida. El duelo complicado es a menudo difícil de distinguir de la depresión o el trastorno por estrés postraumático, comúnmente asociadas al duelo y con cuya sintomatología se solapa.

En The Affair, la protagonista ha perdido un hijo. El duelo no resuelto afecta a su vida afectiva, relacional y laboral. Inicialmente no entendemos qué sucede, poco a poco vamos siendo testigo de un sufrimiento implícito que invade el personaje y su forma de actuar. A Alison no le importa demasiado qué suceda con ella.
Es interesante como la serie introduce las autolesiones que se provoca la protagonista. Alison se hace cortes en la cara interior del muslo. Se trata de una estrategia para lidiar con el dolor emocional; en cierto sentido, un dolor físico intenso y agudo ahoga momentáneamente el sufrimiento por la pérdida del ser amado. Las cicatrices resultantes podrían constituir un recordatorio íntimo y privado de la pérdida.

Dependencia de sustancias, Jackie Peyton (Edie Falco) en Nurse Jackie.

Edie Falco encarna a una carismática enfermera adicta a los fármacos que ella misma suministra. Jackie está dispuesta a todo con tal de conseguir su dosis y alcanzar un poco de paz. La dependencia de sustancias origina una tensión narrativa que está presente en la mayoría de los episodios.

La serie relata de forma muy adecuada el proceso de deterioro de relaciones afectivas, sociales y laborales provocado de manera directa o indirecta por la adicción. Destaca el buen retrato del funcionamiento del autoengaño y la negación en el mantenimiento de la adicción. También es interesante como retrata el proceso de desintoxicación y recaída en las últimas temporadas.

Jackie mantiene una relación ambivalente con sus pastillas. Como ella con el espectador, produce amor y odio a partes iguales.

Síndrome de Clérambault, Morello (Yael Stone) en Orange is the New Black.

Morello es una de las mujeres más entrañables (con permiso de ‘Crazy Eyes’) de esta cárcel estadounidense. El personaje es presentado en la primera temporada como una chica dulce, romántica, que planea incesantemente su boda con Christopher, su apuesto prometido. Curiosamente, éste nunca aparece en las visitas penitenciarias. En la segunda temporada, nos cuentan los motivos por los que está en prisión: Morello apenas conoce a su supuesto prometido, y éste y su verdadera novia han sido víctimas de su acoso intenso y continuado.

Morello sufre lo que se ha denominado Síndrome de Clérambault, a veces también referido como Erotomanía. Este síndrome está contemplado en el DSM-V dentro de los trastornos delirantes. El delirio, romántico y obsesivo, gira en torno al enamoramiento del paciente y su objeto de deseo, aunque estos apenas hayan coincidido en la vida real.
A pesar de ser una serie fantástica, falla a la hora de tratar el tema de la enfermedad mental. Morello sufre un trastorno mental grave, sin embargo, no parece tener problemas de adaptación en su día a día.

Trastorno espectro autista – síndrome de Asperger, Sonya Cross (Diane Kruger) en The Bridge.

El síndrome de Asperger se caracteriza por un estilo de procesamiento cognitivo particular que conlleva una serie de dificultades en la interacción social y una tendencia a centrar actividades e intereses en áreas restringidas.

En el remake americano de la serie danesa, la trama policiaca tiene como pilar fundamental el contraste entre la personalidad y procedencia cultural de la pareja de detectives protagonista. El mejicano Marco Ruíz (Demián Bichir) es cercano, emocional y flexible. Por el contrario, la estadounidense Sonya Cross es fría, distante, rígida y tiene dificultades para empatizar y entender la ironía. Los rasgos de personalidad que típicamente se asocian al Síndrome de Asperger de la protagonista antagonizan con el carácter emotivo de su contraparte masculina.
Sonya es sistemática y tenaz en su investigación, no deja lugar a la improvisación y toma la ley en sentido literal. A pesar de reflejar con éxito el esfuerzo de Sonya para superar las limitaciones de su condición y adaptar su comportamiento a las demandas relacionales de su entorno laboral, los clichés son tan recurrentes que llegan a hacer poco creíble el personaje.

Trastorno de identidad disociativo, Tara Gregson (Toni Collette) en United States of Tara.

El trastorno de identidad disociativo refiere la existencia de dos o más identidades o personalidades, cada una con su propio patrón de comportamiento, que conviven con intervalos amnésicos recurrentes. No hay apenas datos sobre la prevalencia de este trastorno y existe cierta controversia sobre su entidad diagnóstica.

La carismática Diablo Cody está detrás de la creación de esta serie. Pocas series tratan con menos tino los trastornos mentales. Más que retratar una enfermedad con un mínimo de realidad, el trastorno está enfocado al servicio del hilo argumental y al lucimiento de la capacidad actoral de Tony Collette. Las múltiples personalidades de la protagonista pueden llegar a ser irritantes, las transiciones son grotescas y la explicación de su casuística es absurdamente simplista. Sin embargo, la trama funciona y te mantiene interesado por saber qué va a pasar a continuación.

David Martín Escudero

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