Siete falsas creencias sobre el TDAH

Falsas creencias TDAH
Collage de Sr. Emilio

Todos hemos oído hablar del trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Muchos de nosotros tenemos un caso cercano: un sobrino, una vecina, un amigo. Es, sin duda, el trastorno psicológico más frecuente entre los más pequeños. Sin embargo, al igual que con otros diagnósticos, existen algunas falsas creencias que conviene deconstruir.

1. Es un invento de las farmacéuticas y de padres con poca paciencia.

El TDAH existe. No se trata de un trastorno reciente. Aparece descrito por primera vez a finales del SXIX con el término ‘niño inestable‘. En los años sesenta obtendría su primera etiqueta diagnóstica, ‘disfunción cerebral mínima‘, y en 1980 adquiere entidad clínica con el término actual.

Negar la existencia del trastorno repercute negativamente en la aceptación del mismo y el acceso al tratamiento. Resulta de vital importancia entender que el retraso en la detección del TDAH en la infancia tiene serias consecuencias para el futuro académico y desarrollo psicosocial del menor.

Sin embargo, es lícito abrir un debate referente al exceso diagnóstico, el uso abusivo de fármacos o la patologización de niños inquietos o con dificultades de aprendizaje en occidente. En 2013, en EEUU, el Centro Federal de Control de Enfermedades publicó que cerca de uno de cada cinco niños en educación secundaria habría sido diagnosticado en algún momento y cerca de uno de cada diez habría recibido tratamiento farmacológico. Por otra parte, son muchos los casos que acuden a consulta tarde, cuando ya acumulan problemas de conducta y fracaso escolar.

2. ¡No para quieto! Este niño tiene TDAH.

El TDAH no sólo afecta a niños o niñas inquietos o revoltosos. En el imaginario colectivo TDAH es sinónimo de niño terremoto. Por ello, los menores con un patrón hiperactivo acostumbran a ser detectados en edades más tempranas que aquellos en los que predomina el déficit de atención.

No todos los casos presentan los mismos síntomas ni la misma severidad. Se diferencian tres formas o presentaciones de TDAH dependiendo del tipo de manifestación que prevalece: (i) presentación clínica inatenta, con una prevalencia aproximada del 20%; (ii) presentación clínica hiperactiva/impulsiva, cuyos casos componen cerca del 5% y (iii) presentación inatenta e hiperactiva/impulsiva combinado, el mayoritario con una prevalencia cercana al 75%.

3. Pero si es una niña, el TDAH es cosa de niños.

El TDAH no es un trastorno exclusivo de niños. Las niñas también lo padecen, aunque en menor medida. La investigación reciente señala una prevalencia aproximada tres veces mayor del diagnóstico en niños que en niñas.

Además, niñas y niños acostumbran a presentar diferentes patrones de comportamiento; mientras que en las niñas es más frecuente el patrón inatento en los niños tiene mayor presencia el componente de hiperactividad-impulsividad.

4. Eso es que sus padres no le han educado.

El TDAH no se debe a dejación o negligencia de los padres. Es muy común que los padres que acuden a consulta se sientan culpables. Es frecuente que atribuyan los síntomas a su estilo educativo, a un exceso o defecto de implicación o de paciencia.

El TDAH es un trastorno neurobiológico y existe un consenso mayoritario en la investigación que señala la importancia de los factores genéticos.  Sin embargo, el contexto educativo del menor es crucial, pudiendo empeorar o mejorar considerablemente la manifestación de los síntomas. No debemos olvidar que padres y profesorado son piezas clave en el tratamiento.

5. Eso se cura con algas, estramonio y legumbres.

El TDAH no se cura con una dieta específica. Es preocupante el incremento en foros de consejos para curar el TDAH con productos dietéticos o homeopáticos. El peso de la nutrición es innegable y es un aspecto al que se le debe prestar atención, especialmente entre los más pequeños.

A pesar del claro componente genético del trastorno, en la etiología del TDAH podrían influir otros factores. Cada vez cobra más peso la hipótesis nutricional, que vincula las deficiencias en la dieta moderna al incremento en la prevalencia del diagnóstico. La dieta y la tolerancia a los alimentos y sus aditivos podrían impactar en la aparición y evolución de los síntomas. Se trata de un debate peliagudo, ya que los resultados no son concluyentes.

6. Los adultos no tienen TDAH.

El TDAH no afecta sólo a niños y niñas. El trastorno tiene su inicio en la infancia y, aunque generalmente se mitiga tras la adolescencia, no desaparece en todos los casos. A pesar de que la mayoría de adultos con TDAH no están diagnosticados, se estima que podría afectar al 3,4% de la población.

El diagnóstico en adultos puede verse dificultado por su comorbilidad. En muchas ocasiones la sintomatología se solapa con trastornos del ánimo, ansiedad o adicciones.  En la última revisión del principal manual diagnóstico, el DSM-5, se contempla por primera vez formalmente el diagnóstico en adultos y adolescentes. Los criterios diagnósticos refieren y ofrecen ejemplos de cómo el trastorno se presenta en adolescentes y adultos. En general, lo más característico es una notable reducción de la sintomatología hiperactiva respecto al déficit de atención. Es decir, un adulto con TDAH tiende a ser más tranquilo y a mantener dificultades de concentración o atención.

7. Eso se trata con pastillas y ya está.

El tratamiento farmacológico sin acompañamiento psicológico no es la solución. El uso o abuso de fármacos siempre ha alimentado cierta polémica en torno al TDAH. No se trata de demonizar el metilfenidato o la atomoxetina ya que son fármacos eficaces y necesarios en muchos casos. Sin embargo, dependiendo de las características individuales, el momento del desarrollo del TDAH y su grado de severidad puede optarse o no al tratamiento farmacológico.

En cualquier caso, un tratamiento psicológico adecuado junto con una participación activa de padres y educadores, es sin duda ineludible para una evolución positiva de los síntomas y la mitigación del impacto del trastorno en el adecuado desarrollo del menor.

David Martín Escudero

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