Despersonalización y ansiedad

Despersonalización y ansiedad son conceptos que caminan de la mano. Tendemos a creer que percibimos la realidad siempre de manera inalterada. Sin embargo, construimos el mundo en función de nuestro estado psicológico. La falacia de objetividad compone uno de los grandes temas de la epistemología. Lleguemos o no a preceptos posmodernos, hoy en día somos conscientes de que nuestras cabezas procesan la información que obtenemos del entorno de forma completamente subjetiva. Nuestra conciencia no es inane o inerte, es dinámica y fluida. Al fin y al cabo mutamos continuamente. Ya el abuelo Maslow definía el yo como un conjunto cambiante de percepciones, y la realidad varía en función de la cabeza que la construye.

Podemos definir la despersonalización como una experiencia subjetiva cuya principal característica es una alteración de la percepción de sí mismo, de la propia identidad, los procesos cognitivos y afectivos, y la imagen corporal. Se trata de una sensación temporal en la que la persona se siente ajena a su propia experiencia, convirtiéndose en algo parecido a un observador externo de sus propios procesos mentales y acciones. Generalmente, esta alteración de la percepción se produce de forma momentánea y remite de forma espontánea.

Diagnóstico del trastorno de despersonalización / desrealización

Cerca del 50% de la población vive al menos una experiencia transitoria de despersonalización o desrealización a lo largo de su vida. Sin embargo, menos del 2% podría cumplir criterios diagnósticos en cualquier episodio correspondiente a un trastorno de despersonalización / desrealización.

Es importante aclarar que tanto las experiencias de despersonalización como de desrealización pueden manifestarse como un síntoma asociado a otros trastornos mentales o físicos, como el trastorno obsesivo compulsivo, la depresión, el trastorno de estrés postraumático, trastorno de pánico o los trastornos convulsivos. Cuando la despersonalización se manifiesta de forma independiente, o mantiene una forma persistente o recurrente, podemos pensar en diagnosticar un trastorno disociativo de despersonalización / desrealización.

El diagnóstico del trastorno de despersonalización / desrealización de acuerdo al Manual Estadístico de Trastornos Mentales en su quinta edición (DSM-5) se sustenta en los siguientes criterios clínicos:

  • Los pacientes tienen episodios recurrentes o persistentes de despersonalización, desrealización, o ambos.
  • Los pacientes saben que sus experiencias «irreales» no son reales (es decir, tienen un sentido de la realidad conservado).
  • Los síntomas provocan fuerte malestar o deterioran de manera significativa el funcionamiento social u ocupacional.
  • Además, los síntomas no pueden explicarse por otro trastorno (p. ej., convulsiones, abuso de sustancias actual, trastorno de pánico, trastorno depresivo mayor, otro trastorno disociativo).

Síntomas de despersonalización

El propio paciente tiene dificultad para identificar el síntoma. La experiencia es descrita con perplejidad y el “como sí” es constante: “como si estuviese en una urna de cristal”, “como si mi vida perteneciese a otra persona”, “como si mis sentimientos fuesen impostados”, “como si fuese el personaje de una película”, “como si mis manos no fuesen mías”, etc.

Podemos agrupar los principales signos en tres categorías: alteración de la experiencia corporal, en los procesos afectivos y en los procesos cognitivos:

Alteración de la experiencia corporal. “Estaba en la cocina, observaba mis manos como picaban los puerros con destreza y parecían extrañas, fuertes y rugosas”

Los pacientes con despersonalización señalan cambios en la propiocepción o experiencia corporal. El principal síntoma es la sensación de extrañeza con el propio cuerpo. Las manos, las piernas o el rostro son observados con extrañeza, como si perteneciesen a otra persona. No existe una desconexión completa de la realidad, el paciente sabe que es su cuerpo, pero no puede evitar observarlo con cautela. También es común que la propia gestualidad o la voz se perciban con cierto asombro.

También es común la percepción de “descorporización”, producto del estado de alerta sobre la propia percepción se vive como ajena la propia experiencia. El paciente no llega referir que esté fuera de su propio cuerpo.

El propio comportamiento y su carácter voluntario también puede ser percibido de forma particular. Es común que los pacientes se sientan autómatas o robots y sientan una desconexión entre sus decisiones y sus acciones.  De igual forma pueden verse alterada la percepción de las funciones motoras. Así, se pueden sentir especialmente ligeros o inestables. Sin embargo, estas sensaciones no se acompañan de cambios observables en el equilibrio, la coordinación o los reflejos posturales.

Embotamiento afectivo. “Estaba llorando pero realmente no sentía tristeza”

El embotamiento o atenuación afectiva refiere la experiencia de desconexión de las propias emociones. De alguna manera, la persona se siente como extraña o ajena la propia experiencia emocional, como si fuese un personaje de una novela o una película.

Una amplia mayoría de los pacientes explica que su experiencia emocional se ve atenuada o alterada. El afecto, la tristeza, la alegría, el miedo, el placer o el bienestar se perciben de manera anómala, se ponen en duda.

A diferencia del aplanamiento afectivo propio de otros trastornos, como en la depresión mayor, la esquizofrenia o el trastorno bipolar, en la despersonalización la expresión de la emoción se da normalmente. Es decir, la persona llora o ríe, pero es la vivencia subjetiva lo que se ve alterada. Así, la persona siente que imposta la emoción, que esta no es real.

Experiencias anómalas del recordar. “Mientras tomaba el café observaba a mi pareja. Estaba envejecida e irreconocible. Parecía que fue ayer cuando nos conocimos.”

El paso del tiempo se percibe con extrañeza. Algunos eventos recientes pueden parecer lejanos, mientras que otros antiguos aparecen como si hubiesen ocurrido antes de ayer. Sin embargo, la propia memoria biográfica no llega a verse alterada. No se omiten o alteran eventos vitales, simplemente se sitúan en una línea temporal extraña y en ocasiones se sienten como ajenos. Como si no se hubiese estado realmente allí, como si compusiesen la vida de otro. 

Al igual que en el caso de las anomalías en la experiencia corporal y emocional, la extrañeza asociada a la memoria autobiográfica no se sustenta en déficits cognitivos claros.

Causas de la despersonalización

Al igual que la ansiedad, los modelos neurobiológicos tradicionales sitúan el origen de la despersonalización en una respuesta vestigial del sistema nervioso, que evolucionó con el fin de preservar conductas adaptativas durante situaciones caracterizadas por miedo y angustia, capaces de tener un efecto desorganizador en la conducta.

Es decir, la desconexión que implica la despersonalización inicialmente tendría un carácter adaptativo. La ansiedad conforma originalmente una forma de activación ante la percepción de amenaza, para así huir o luchar con mayor intensidad ante un depredador. De manera paralela, nos “desconectaríamos” de nuestras emociones ante la percepción de amenaza severa.  A diferencia de la respuesta ansiosa, la despersonalización sería ecológicamente iniciada en situaciones de amenaza a la vida y en las cuales el individuo no percibe capacidad de impacto sobre el devenir de la situación.

Ya en la práctica clínica, algunos de los factores comunes que encontramos en los pacientes serían:

Una experiencia traumática, ya sea sufrir o presenciar un accidente, una situación de abuso o violencia grave.

Depresión o ansiedad, especialmente en el caso de un episodio depresivo mayor o en trastornos de ansiedad con presencia de ataques de pánico.

Consumo de sustancias psicotrópicas, el consumo exacerbado (ya sea continuado o puntual) puede preceder el inicio de episodios de despersonalización o desrealización.

Algunos rasgos de personalidad, como la tendencia a la evitación o la querencia al control.  que hacen que quieras evitar o negar situaciones difíciles, o que te resulte complicado adaptarte a ellas.

La ansiedad compone un factor clave. Ante los episodios de despersonalización, el paciente se rebela y plantea esfuerzos estériles por controlar sus procesos mentales. Este proceso de intentar percibir con normalidad, de intentar controlar la propia experiencia contribuye a desnaturalizar la misma. Aceptar los síntomas de despersonalización y desactivar el estado de alerta es fundamental. Paradójicamente, recuperar la sensación de normalidad pasa necesariamente por la renuncia al control.

David Martín Escudero