Terapia online cuando eres expatriado

psicólogo cuando eres expatriado

Muchos hemos migrado en algún momento de nuestras vidas. Hemos tenido la oportunidad de probar los placeres y sinsabores del ser habitante en tierra ajena. Vivir en otro país, ya sea cruzando cordilleras, charcos u océanos, suele ser una experiencia enriquecedora y estimulante. Sin embargo, implica un proceso de adaptación y una serie de dificultades. Integrarse en el nuevo contexto no siempre es un camino de rosas, dependerá tanto de factores internos, como nuestra personalidad y circunstancias individuales, como a factores relativos al entorno y sus demandas. Si las cosas se tuercen y precisas apoyo psicológico cuando estás expatriado, la terapia online puede ser una buena opción.

Debemos ser cautos a la hora de plantear la atención psicológica para expatriados. Vivir en un lugar ajeno al propio resulta excitante y enriquecedor, y no tiene por qué implicar un problema. Debemos ser conscientes de que al utilizar términos como “duelo migratorio” o “síndrome del expatriado” podemos llegar a patologizar la normal respuesta del individuo ante un cambio de contexto. Además, las vivencias varían en cada caso y no debemos sentar unos criterios terapéuticos basados en lugares comunes propios de literatura barata de autoayuda. No acudimos al psicólogo porque somos expatriados, generalmente lo hacemos porque arrastramos una problemática que en el nuevo contexto se hace más explícita.

Existen estudios que muestran que el personal expatriado es más propenso a sufrir depresión o ansiedad en el nuevo destino. En 2011, una investigación llevada a cabo con expatriados norteamericanos, indicaba que los problemas de salud mental aparecían en una proporción 2,5 mayor en los migrantes. Estudiar en el extranjero, a pesar de ser un privilegio, tampoco está exento de riesgos.  En 2015, una investigación estimaba que el diagnóstico, tratamiento y retorno forzado por problemas de salud mental es significativamente mayor entre estudiantes que trabajadores extranjeros.

Cuando emprendemos el viaje, cuando es deseado y no impuesto, nos sentimos optimistas y animosos. La novedad seduce e iniciamos el proyecto con motivación y energía. Hay buenos propósitos, mil y una actividades que llevar a cabo. Sin embargo, en el cambio perdemos ese esqueleto de familiaridad que vertebra nuestra cotidianidad. La experiencia nos obliga a confrontar nuestra propia realidad, nuestros propios miedos. A medida que avanzamos, el anhelo puede transformarse en quimera. Somos más vulnerables y si no encontramos nuestro espacio, ataca ese nihilismo del sinsentido. Algunos perciben el reverso oscuro, las desventajas de vivir expatriado.

En el nuevo contexto, especialmente al inicio, el idioma puede ser un hándicap a la hora de establecer relaciones significativas. A menudo, especialmente si no tenemos un grupo de compatriotas cohesionado, sentimos como parte de nuestra identidad se diluye. En nuestra lengua materna podemos tener un sentido del humor mordaz, ser empáticos o intuitivos. En una segunda lengua, hay aspectos de nuestra personalidad que se ven mermados a medida que titubeamos para encontrar el término adecuado. Hay matices en las relaciones interpersonales que se pierden en la traducción. Cuando además existe una distancia cultural, nuestra competencia para interactuar con el otro o el entorno se ve aún más afectada. 

La distancia puede exacerbar aquellos fantasmas del pasado. Nuestros recursos pueden verse mermados y dificultades que ya creíamos superadas aparecen como invitados no deseados. La red social y afectiva puede ser frágil en el nuevo contexto. Podemos vernos solos, o sentir miedo cuando anticipamos la futura soledad. En ocasiones, podemos vernos inadaptados, y cuando las demandas profesionales son elevadas aparecen los sentimientos de inferioridad consecuentes. Aparece el miedo al desarraigo, a no tener un lugar donde volver. Los expatriados de larga duración observan como los vínculos con los que fueron suyos se diluyen, como se sienten extranjeros en su propia tierra. También puede asomar el miedo al retorno obligado, a una suerte de fracaso que nos obligue a volver en una situación de precariedad económica, social o afectiva.

Muchos sienten culpa por el sentimiento de haber abandonado a los propios, especialmente cuando hay problemas en casa. Nos perdemos la cotidianidad con nuestros padres, hermanos o sobrinos. Sentimos que no formamos parte de sus vidas, de sus alegrías y sus penas. Podemos sentir escalofríos ante la eterna pregunta: ¿cuándo vas a volver?

Los problemas de pareja también son muy comunes. Emprender el viaje es un revulsivo que muchas veces impacta positivamente en la relación. Sin embargo, los conflictos se multiplican ante las demandas de un contexto extraño. Depende de cada caso y sus circunstancias; la vivencia varía mucho dependiendo de si se trata de un proyecto compartido, o si nos vemos arrastrados por el proyecto profesional del otro, o si incorporamos a nuestra pareja en el propio. 

Buscar un psicólogo en destino no siempre es fácil. En algunos contextos simplemente no existe o no se adecúa a tus necesidades. Además, compartir idioma y cultura facilita mucho la conexión y entendimiento necesarios para obtener resultados en cualquier proceso psicoterapéutico. Aunque domines la lengua local, expresar en la lengua materna y compartir un mismo marco cultural facilita la creación de una buena alianza terapéutica.

No existen psicólogos especialistas en expatriados, simplemente porque ser extranjero o migrante no compone un trastorno ni tiene entidad diagnóstica. Sí bien es cierto que es importante que el psicólogo entienda las implicaciones de ser migrante; ya sea porque lo ha vivido en sus propias carnes o porque tiene experiencia clínica relevante.  

La terapia online, seas expatriado o no, es una forma eficaz para el tratamiento psicológico. Es una forma de psicoterapia que ofrece la posibilidad de desarrollar el proceso estés donde estés, al margen de la movilidad geográfica requerida por demandas laborales, académicas o personales.

Para un expatriado, la terapia online ofrece una serie de ventajas, aunque también hay algunos inconvenientes, frente a la terapia presencial. Al fin y al cabo, la videollamada está presente cada vez más en nuestra cotidianidad y cuando se es personal expatriado permite encontrar un psicólogo especializado y de la misma nacionalidad que el usuario.

David Martín Escudero